Por: RTVE Noticias
A un cuarto de siglo de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la 'guerra contra el terrorismo' ha dejado de ser el eje central de la política internacional. Aunque el yihadismo aún persiste, el mapa geopolítico global ha virado hacia la competencia directa entre grandes potencias, encabezadas por Estados Unidos, China y Rusia, en un escenario crecientemente multipolar.
El cambio de paradigma en la hegemonía estadounidense
En septiembre de 2001, Estados Unidos ostentaba una primacía militar y económica indiscutible tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, los atentados expusieron una vulnerabilidad inédita en la superpotencia, desencadenando una respuesta militar y de inteligencia que redefiniría su política exterior durante más de dos décadas.
Las costosas e infructuosas intervenciones en Afganistán e Irak terminaron desacreditando el concepto de nation-building (reconstrucción nacional). La retirada de las tropas estadounidenses y el retorno de los talibanes al poder en Kabul evidenciaron los límites de la fuerza militar y aceleraron el cambio de prioridades en Washington.
La reconfiguración de Oriente Medio y la erosión del orden internacional
Oriente Medio es la región donde el 11S dejó la huella más profunda. La invasión de Irak en 2003, realizada sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, alteró el equilibrio regional al eliminar el contrapeso a Irán, alimentó la violencia sectaria y propició el nacimiento del autodenominado Estado Islámico (Daesh).
Analistas internacionales coinciden en que la respuesta estadounidense a los atentados socavó el orden internacional basado en normas que la propia potencia había promovido tras la Segunda Guerra Mundial, afectando la autoridad moral y la confianza en el modelo de intervención occidental.
La 'distracción estratégica' que aceleró el ascenso de China y el regreso de Rusia
Mientras Washington concentraba recursos políticos, financieros y militares en la lucha antiterrorista, China aprovechó una ventana de oportunidad estratégica para consolidar su desarrollo económico e industrial. La atención prioritaria hacia Oriente Medio retrasó casi una década el giro estratégico de Estados Unidos hacia la cuenca del Pacífico.
De forma paralela, Rusia reconstruyó su capacidad militar y proyectó nuevamente su influencia en el mapa geopolítico, como quedó demostrado con su intervención en la guerra de Siria en 2015.
El legado permanente: Control, vigilancia y multipolaridad
Aunque el escenario internacional actual está dominado por rivalidades estatales y tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial, las herramientas creadas a raíz del 11S permanecen. La vigilancia masiva de datos, los controles fronterizos reforzados, el uso de drones y la cooperación en inteligencia forman parte estructural de los Estados contemporáneos.
El 11 de septiembre no creó por sí solo las grandes tendencias del siglo XXI, pero transformó de manera irreversible la trayectoria de Occidente y aceleró la transición hacia un mundo multipolar.
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