Por: Deutsche Welle
Detrás de la creciente preocupación por los riesgos de la inteligencia artificial (IA) se encuentra una corriente filosófica y filantrópica poco conocida por el público general, pero profundamente arraigada en la industria tecnológica: el altruismo efectivo (EA, por sus siglas en inglés). Esta vertiente busca determinar, mediante la evidencia, la razón y el análisis cuantitativo, dónde pueden tener mayor impacto el dinero y el tiempo destinados a hacer el bien.
Aunque abarca áreas como la lucha contra la pobreza extrema y el bienestar animal, su enfoque en la prevención de catástrofes globales —especialmente los riesgos existenciales que podría plantear una IA superinteligente— la ha colocado en el centro de un tenso debate político y tecnológico entre figuras de Silicon Valley y la administración estadounidense.
Orígenes: del dilema moral de Peter Singer a las finanzas de impacto
Las raíces intelectuales del altruismo efectivo se remontan a 1972, cuando el filósofo australiano Peter Singer planteó que, si una persona está dispuesta a arruinar su ropa para salvar a un niño que se ahoga en un estanque, también debería estar dispuesta a sacrificar comodidades financieras para salvar vidas en países lejanos.
Esta premisa caló entre donantes de alto poder adquisitivo y dio lugar a un movimiento estructurado a finales de los años 2000:
- GiveWell (2007): Creada por Holden Karnofsky y Elie Hassenfeld, introdujo el análisis riguroso de datos para medir el impacto real de las organizaciones benéficas.
- Giving What We Can (2009): Iniciativa impulsada por los filósofos de Oxford William MacAskill y Toby Ord, invitando a donar al menos el 10 % de los ingresos personales.
El salto a la tecnología y la irrupción del largoplacismo
El enfoque cuantitativo del movimiento atrajo rápidamente a ejecutivos e ingenieros de Silicon Valley y Wall Street. Con el tiempo, filósofos del movimiento desarrollaron el concepto de largoplacismo, el cual sostiene que la protección de las generaciones futuras debe priorizarse en las decisiones del presente, situando los riesgos existenciales de la IA como una amenaza primordial.
Figuras clave de la industria han estado vinculadas al altruismo efectivo:
- Dustin Moskovitz (cofundador de Facebook) y Jaan Tallinn (desarrollador de Skype), financiadores clave del movimiento.
- Sam Bankman-Fried, exmagnate de las criptomonedas condenado por fraude en 2024, quien promovió activamente el altruismo efectivo y fue un inversor inicial en Anthropic.
- Elon Musk y Sam Altman, influenciados por estas ideas en el nacimiento de OpenAI en 2015.
El choque político con Washington
La postura preventiva del altruismo efectivo ha encontrado una fuerte resistencia en sectores políticos. Críticos dentro de la administración de Donald Trump consideran que las advertencias sobre un «apocalipsis de la IA» son catastrofistas y amenazan con frenar el liderazgo tecnológico de Estados Unidos frente a rivales estratégicos como China.
Mientras ejecutivos como Dario Amodei (Anthropic) y Sam Altman (OpenAI) abogan ante el Consejo de Seguridad de la ONU por salvaguardias e hipervigilancia internacional, desde Washington se ha llegado a calificar el movimiento como marginal o sectario, promoviendo consignas como «Americanismo, no altruismo eficaz».
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