Por: El Mundo
La geopolítica contemporánea se ha transformado en un escenario constante de provocaciones y tácticas híbridas. De manera similar a lo que ocurre en el flanco este de Europa con las fronteras bálticas o polacas, Marruecos ha vuelto a poner a prueba la firmeza institucional de España mediante episodios de tensión en la frontera de Ceuta. Rabat busca medir no solo el primer instinto del Gobierno liderado por Pedro Sánchez, sino también el grado de unidad política interna en el país y el nivel de respaldo diplomático de sus aliados internacionales.
Reacciones internacionales y críticas desde Washington
Frente al desafío fronterizo, las respuestas internacionales han dejado al descubierto graves fisuras diplomáticas. Mientras instituciones europeas sugieren restricciones en el espacio Schengen y reabren el debate migratorio, las principales críticas a la gestión de Madrid han llegado directamente de Estados Unidos y otros actores globales.
Representantes del ámbito político estadounidense, como Donald Trump y el Departamento de Estado dirigido por Marco Rubio, situaron lo sucedido en Ceuta dentro del debate electoral sobre seguridad migratoria. Pese a calificar los acontecimientos como una violación de la soberanía española, la administración norteamericana evitó señalar directamente a Marruecos —a quien calificó como socio clave de estabilidad en la región— y atribuyó la responsabilidad del incidente a las políticas migratorias del Ejecutivo de Sánchez.
El vacío de la OTAN respecto a las ciudades autónomas
La escalada diplomática reabre una incógnita histórica sobre la cobertura militar colectiva en los territorios españoles del norte de África. El Artículo 6 del Tratado del Atlántico Norte, redactado antes del ingreso de España en la Alianza, no menciona explícitamente a Ceuta ni a Melilla en su marco de defensa colectiva (Artículo 5).
Aunque durante cumbres recientes de la OTAN se ha alegado de forma abstracta la protección de la integridad territorial de todos los miembros, la respuesta formal ante una amenaza híbrida o agresión militar dependería en última instancia de una decisión política de los aliados, un terreno incierto en medio del actual distanciamiento estratégico de España con Washington.
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