Por: Banco Mundial
La inteligencia artificial (IA) se perfila como una herramienta fundamental para transformar la estructura económica y social de los países en desarrollo. Según lo señalado por el Banco Mundial, la adopción e integración estratégica de la tecnología de IA presenta una oportunidad histórica para impulsar la productividad, optimizar servicios públicos y reducir la brecha de desigualdad global.
Un catalizador para el desarrollo
El organismo multilateral destaca que, si se gestiona de manera equitativa, la inteligencia artificial puede actuar como un catalizador para acelerar el progreso en regiones emergentes, permitiéndoles dar un salto cualitativo hacia una economía basada en el conocimiento.
Entre los ámbitos prioritarios de aplicación se encuentran:
- Agricultura de precisión: Monitoreo de cultivos e innovación en la gestión de recursos para garantizar la seguridad alimentaria ante el cambio climático.
- Salud y educación: Uso de herramientas predictivas y personalización de servicios en comunidades rurales o con acceso limitado a infraestructura básica.
- Inclusión financiera: Digitalización y facilitación del crédito para micro, pequeñas y medianas empresas.
Desafíos para aprovechar la promesa tecnológica
Sin embargo, el Banco Mundial reitera que para concretar esta promesa es indispensable superar desafíos cruciales, tales como la falta de infraestructura digital básica, la baja conectividad a internet en zonas vulnerables y la urgente necesidad de capacitar a la población en habilidades digitales.
A través de la formulación de políticas públicas inclusivas y la inversión en capital humano, los países en desarrollo podrán maximizar los beneficios de la inteligencia artificial y avanzar decididamente hacia un crecimiento sostenible y equitativo.
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