Por: Manuel Sánchez González
Las "guías futuras" de política monetaria han operado como un compromiso parcial que limita el uso de información oportuna y rigidiza la toma de decisiones en el Banco de México (Banxico). A pesar de estas implicaciones, el instituto emisor ha recurrido constantemente a este instrumento a lo largo de su ciclo de relajamiento, predeterminando el rumbo de sus acciones de manera anticipada.
Anuncio de recortes y señalización del mercado
En la reunión de política monetaria del pasado mes de septiembre, la Junta de Gobierno (JG) del Banxico anticipó una próxima reducción en la tasa de interés de referencia a través de dos mecanismos clave:
- Modificación de la guía futura: En el comunicado oficial se sustituyó la postura de mantener la tasa en su nivel actual por una pedida de flexibilidad supeditada a la "continuación del proceso desinflacionario", señalando además que no se actuará de forma mecánica ante las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).
- Consenso en la minuta: Los tres miembros de la Junta que históricamente han mantenido posturas alineadas expresaron la apertura para evaluar disminuciones en la tasa, fijando una señal clara hacia un próximo recorte.
Distanciamiento de la meta y postergación de resultados
Esta orientación confirma la baja prioridad práctica que ha tenido el objetivo inflacionario del 3.0%. A septiembre de 2026, la inflación acumulaba 76 meses consecutivos por encima de dicha meta, promediando un 5.2%. A pesar de este panorama y de su impacto directo en el poder adquisitivo de las familias, la Junta de Gobierno no ha mostrado urgencia por acelerar la convergencia.
Las proyecciones de inflación de la institución se han convertido en ejercicios con escaso impacto en las decisiones de política monetaria. El actual ciclo de bajadas de tasas ha avanzado a la par de cuatro posposiciones consecutivas en la fecha esperada de convergencia hacia la meta, desplazándose del segundo trimestre de 2025 al cuarto trimestre de 2027.
Riesgos y necesidad de reevaluar la estrategia
La intención de recortar la tasa contrasta con la persistencia de la inflación subyacente, la cual se ubicó en 3.8% en la primera quincena de octubre, manteniéndose en niveles similares a los de dos años atrás. Asimismo, la reciente desaceleración del índice general responde principalmente a factores temporales y al control de tarifas energéticas, una condición potencialmente insostenible en el ámbito fiscal.
Para preservar y fortalecer su credibilidad, Banxico requiere detener el ciclo automático de recortes, replantear su estrategia y ofrecer resultados concretos que garanticen el cumplimiento definitivo de la meta de inflación.
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