Por: El Heraldo de México / José Carreño Figueras
Las evidentes complicaciones entre Estados Unidos y Canadá en la renegociación del acuerdo comercial de Norteamérica han proyectado sombras de duda sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Aunque las conversaciones entre México y la administración estadounidense continúan, la dinámica reciente ha transformado el proceso trilateral en dos negociaciones bilaterales paralelas bajo un mismo marco formal.
Un socio comercial impredecible
Esta fragmentación del proceso pone sobre aviso a las autoridades mexicanas respecto a la impredecibilidad del gobierno encabezado por Donald Trump, quien ha utilizado históricamente el acceso al gigantesco mercado de su país como palanca para imponer condiciones y obtener ventajas unilaterales.
Fuentes especializadas señalan que el diálogo entre Washington y Ottawa se encontraba cerca de concluir cuando se presentaron nuevas exigencias estadounidenses en materia de contenido metalúrgico para la industria automotriz, planteadas por el secretario de Comercio, Howard Lutnick, las cuales resultaron inaceptables para la contraparte canadiense.
Divisiones internas en la administración estadounidense
Tras estos desacuerdos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, sugirió de forma sibilina que el equipo negociador de Estados Unidos carece de cohesión interna. Reportes del sector confirman tensiones entre el secretario Lutnick y Jamieson Greer, representante comercial de EE. UU. (USTR), una dinámica conflictiva que no solo dificulta el diálogo, sino que mantiene cualquier compromiso sujeto a revisiones de último minuto.
- Postura de Canadá: Acusa a EE. UU. de firmar acuerdos provisionales poco sólidos y le apuesta a que la integración económica de la región sobrevivirá a largo plazo debido a las realidades geopolíticas.
- Postura de México: Mantiene una estrategia enfocada en capear la tormenta diplomática para preservar el acceso al mercado norteamericano.
Ante este escenario, los países firmantes se debaten entre ceder a las presiones de Washington o resistir a la espera de que prevalezcan los imperativos económicos estructurales de la región.
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