Por: Secretaría General Iberoamericana (SEGIB)
Cada dos minutos, una mujer muere en el mundo debido a complicaciones relacionadas con el embarazo, el parto o el puerperio. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el 90% de estas muertes son evitables. Lejos de ser un enigma exclusivamente médico, la mortalidad materna es el reflejo de profundas desigualdades estructurales en los sistemas de salud, donde las mujeres e infantes indígenas enfrentan riesgos desproporcionadamente mayores.
Un papel crucial frente a la desigualdad
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, se rinde homenaje a las parteras indígenas por su labor indispensable para salvaguardar vidas y garantizar el bienestar comunitario. Ellas son custodias y transmisoras de la medicina ancestral, concibiendo el cuidado materno-infantil desde una perspectiva integral donde el plano físico, cultural, espiritual y territorial forman una unidad inseparable.
Sin la intervención de las parteras, las tasas de mortalidad materno-neonatal en comunidades originarias serían significativamente más altas. Su trabajo no solo preserva vidas, sino que expresa el derecho fundamental de los pueblos indígenas a la autodeterminación y a la continuidad de sus tradiciones.
Protección contra la violencia obstétrica y defensa de derechos
Las parteras representan en muchos casos la única opción para recibir una atención obstétrica digna y en su propia lengua. Al brindar un acompañamiento respetuoso y culturalmente pertinente, protegen a las mujeres de diversas formas de violencia obstétrica que persisten en los centros de salud convencionales, tales como:
- Trato discriminatorio e infantilizante.
- Desestimación del dolor.
- Episiotomías y cesáreas sin justificación médica.
- Administración de medicamentos sin consentimiento informado y esterilización forzada.
Asimismo, son aliadas clave en la defensa de los derechos sexuales y reproductivos. Un ejemplo de este avance es la reciente aprobación en Colombia de una ley histórica para erradicar la mutilación genital femenina, logro fruto del diálogo intercultural que reconoce formalmente el papel de las parteras en la erradicación de esta práctica.
Desafíos y el camino hacia el reconocimiento estatal
A pesar de su valor incalculable, en gran parte del mundo la partería indígena padece la falta de respaldo oficial, sufriendo estigmatización y, en casos extremos, persecución. No obstante, existen avances prometedores. En México, se ha habilitado a las parteras tradicionales para expedir certificados de nacimiento, una medida que valida su labor y asegura el derecho de la niñez a la identidad.
La conmemoración de esta fecha remarca la deuda pendiente que los Estados mantienen con estas mujeres: es urgente reconocer plenamente su oficio, proteger sus derechos, garantizar su autonomía y construir puentes sólidos entre la medicina indígena y los sistemas nacionales de salud.
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