
Una anomalía invisible crece bajo Sudamérica y preocupa a la NASA: ¿Qué está ocurriendo en el Atlántico Sur?
En lo alto de la atmósfera, muy por encima de nuestras cabezas, se desarrolla un fenómeno que desconcierta a la comunidad científica. No se trata de un evento visible, ni de una amenaza inmediata para la vida humana, pero sus implicaciones podrían alcanzar desde el espacio hasta nuestros sistemas de navegación.
Esta rareza magnética, conocida como Anomalía del Atlántico Sur (AAS), ha captado la atención de la NASA y otras agencias globales por su crecimiento inusual y sus efectos impredecibles.
Qué es la Anomalía del Atlántico Sur y por qué solo existe en la Tierra
La Anomalía del Atlántico Sur es una región ubicada sobre Sudamérica y el Atlántico sur donde el campo magnético terrestre es significativamente más débil que en otras partes del planeta. Este “bache” en la magnetósfera fue detectado por primera vez en 1985 y ha sido monitoreado de forma constante desde entonces. Según la NASA, ningún otro planeta del sistema solar presenta un fenómeno similar.
En esta zona, los niveles de radiación solar y cósmica son más altos, lo que representa un desafío para la tecnología espacial. Satélites en órbita baja —incluida la Estación Espacial Internacional— deben atravesar esta región durante sus giros alrededor del planeta, y pueden verse afectados por fallos electrónicos provocados por partículas solares de alta energía.
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Satélites en peligro y fallas en GPS: Los riesgos reales de la anomalía
Aunque la AAS no supone una amenaza directa para los seres humanos en la superficie, sí representa un riesgo creciente para satélites, sistemas de navegación y telecomunicaciones. Universidades como la UNaM (Universidad Nacional de Misiones) han alertado sobre la posibilidad de desvíos en rutas de aviones, errores en GPS y pérdidas de señal en zonas críticas.
Uno de los problemas más preocupantes es que los sistemas electrónicos de los satélites pueden cortocircuitarse al recibir impactos de protones solares. Este tipo de exposición puede dañar equipos, afectar misiones y reducir la vida útil de instrumentos clave para la observación de la Tierra o la predicción del clima.
La AAS se está expandiendo… y dividiendo

Lo más inquietante es que esta anomalía no es estática. Según el World Magnetic Model 2023, la intensidad del campo magnético en la zona siguió disminuyendo, y el área de baja protección se ha ido extendiendo. Además, estudios recientes han revelado un comportamiento inesperado: en 2020 se detectó que la anomalía se estaba dividiendo en dos centros distintos, una especie de doble núcleo de baja intensidad magnética que plantea nuevas incógnitas.
Investigadores como Ashley Greeley (NASA) y equipos de CubeSats han confirmado que la morfología del campo magnético está cambiando, mientras un estudio de 2024 vincula incluso esta anomalía con variaciones en las auroras polares, un fenómeno que antes no se asociaba a la región.
Un fenómeno bajo vigilancia constante
La NASA ha reforzado su seguimiento mediante misiones dedicadas y observación satelital constante. Para el geofísico Terry Sabaka, del Centro de Vuelo Espacial Goddard, “aunque el SAA se mueve lentamente, los cambios en su estructura hacen necesario vigilarlo permanentemente”.
La AAS nos recuerda que el campo magnético terrestre, aunque invisible, es esencial para protegernos del bombardeo constante de partículas solares y cósmicas. Su debilitamiento plantea un reto científico urgente: entender sus causas, anticipar sus efectos y adaptarnos a los cambios que, lentamente, están ocurriendo justo encima de nosotros.