Chicos neurodiversos vivieron en el Cenart una experiencia artística libre de barreras
Chicos neurodiversos vivieron en el Cenart una experiencia artística libre de barreras
▲ El niño y los sortilegios, ópera corta de Maurice Ravel, cumple 100 años este 2025.Foto Víctor Camacho
Eirinet Gómez
Periódico La Jornada
Lunes 5 de mayo de 2025, p. 3
En una apuesta por la inclusión y el acceso a la cultura, este fin de semana se presentó en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) una función relajada de la ópera El niño y los sortilegios, adaptada para personas neurodiversas. La iniciativa permitió a nuevos públicos disfrutar de una experiencia artística libre de barreras sensoriales y sociales.
El niño y los sortilegios es una ópera corta del compositor Maurice Ravel, con libreto de la escritora francesa Sidonie-Gabrielle Colette, que este 2025 cumple 100 años de creación. La historia gira en torno a un niño que, frustrado por tener que hacer la tarea, se desborda y destruye todo a su alrededor. Pero en un giro mágico, los objetos y criaturas cobran vida para enseñarle una lección sobre empatía, respeto y reparación.
Esta es la primera vez que se presenta una ópera dentro de las funciones relajadas del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), montajes artísticos en un entorno de comprensión y empatía para personas neurodivergentes. Antes se había llevado a cabo en danza y otras disciplinas escénicas.
Cassandra Zoé Velasco, coordinadora artística del Estudio de Ópera en Bellas Artes, explicó que eligieron esta pieza, porque habla de los cambios, el crecimiento, el amor, el encuentro, el control de sus emociones. Es un proyecto muy redondo para los niños
.
Por las necesidades sensoriales del público, los 22 intérpretes en escena recibieron una charla de sensibilización.
Para crear una atmósfera accesible, durante la función se mantuvieron las luces del público encendidas de forma tenue, evitando molestias visuales por la multimedia proyectada en el escenario. En lugar de aplausos tradicionales se optó por uno silente −agitando las palmas en el aire−, y se redujo el aforo para permitir libertad de movimiento, indispensable para la autorregulación sensorial de los niños presentes.
En estas funciones, la audiencia comprende que los pequeños necesitan moverse o expresarse; existe empatía con esta comunidad, que es tan valiosa
, subrayó Velasco.
En escena, el elenco ejecutó desplazamientos suaves, con saltos y giros contenidos. El vestuario se mantuvo en colores neutros, mientras algunos elementos simbólicos se introdujeron en tonos vivos, que guiaban la atención narrativa. En el fondo del escenario, se proyectaron imágenes familiares para los niños: emojis y referencias a videojuegos.
Ignacio González Cano, director de escena, señaló que pensar la función relajada no fue tan distinto a su enfoque habitual. A veces subestimamos a los niños y creemos que sólo pueden responder a efectos impactantes. Me gustó pensar este espectáculo en términos contemplativos, ya que la ópera propone esto sin necesidad de recursos invasivos, lo cual funciona para niños neurodivergentes o neurotípicos. No tuve que hacer una modificación específica
.
Sobre el uso de proyecciones, explicó: Con la ópera, nuestro compromiso como creativos es entenderla y leerla desde la actualidad. Quisimos presentar, qué es lo que un niño puede llegar a pensar hoy día, cómo reacciona a ciertos estímulos, a la culpa y la tristeza
.
Desde sus butacas, el público infantil reaccionó de formas diversas. Algunos siguieron la obra sentados con atención, otros de pie o recargados en el respaldo del asiento de enfrente.
Itzel Calderón Torres, mamá de Julieta y Aura, comentó: “Estoy maravillada. A veces se vuelve muy difícil asistir a ciertos espectáculos. Más allá de cómo te mire la gente, es complicado ceñirse a las reglas. Mi hija grita mucho, aplaude o se inquieta con funciones como ésta.
Regresaré a próximas presentaciones, porque para mí es difícil integrar a mi hija neurotípica con las actividades de mi otra hija, que es neurodivergente. Que yo pueda integrar a las dos, como familia, nos ayuda mucho.
María Elena Jiménez, abuela de Matías, agregó: A todos nos retroalimenta como familia, como niños. Hay interacción social, entre ellos se comunican de manera especial. Hay emociones impresionantes que, aunque no se hablen, se transmiten. Actividades como ésta me nutren
.
Consideró que el público en general debería darse la oportunidad de acompañar a una familia en estos espacios como parte de un aprendizaje colectivo. Desconocemos muchas situaciones, no somos empáticos. No trascendemos. Y esto nos retroalimenta como seres humanos
, concluyó Jiménez.
El niño y los sortilegios está cantada en francés y cuenta con supertitulaje en español, por lo que está dirigida a mayores de 8 años. Además de esta función, tendrá otras dos, para escuelas de primaria y secundaria, el 7 y 9 de mayo a las 12 horas en el Teatro de las Artes.
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