Petróleo al límite: ¿pico de producción antes de 2030? – DW – 02/01/2026
El «pico del petróleo» (Peak Oil) llegó a infundir miedo a responsables políticos, empresas y consumidores, como un momento inminente en el que el mundo extraería las últimas gotas de oro negro del subsuelo, como una pajilla apurando el fondo de un batido.
La idea fue popularizada en los años 50 por el geólogo M. King Hubbert, quien advirtió que la producción de petróleo en Estados Unidos seguiría una curva en forma de campana y alcanzaría inevitablemente un máximo a medida que los yacimientos maduraran y entraran en declive.
En los últimos años, el cambio climático ha dado la vuelta al relato. En lugar de temer la escasez, el debate se centra ahora en cuándo alcanzará su pico la demanda, a medida que avanza la transición hacia los vehículos eléctricos y otras energías limpias.
Al mismo tiempo, la resistencia política -desde retrasos en la prohibición de motores de combustión hasta recortes de subsidios a los autos eléctricos- siembra dudas sobre la rapidez real de esa transición lejos de los combustibles fósiles.
Expertos divididos sobre cuándo caerá la demanda
Han surgido dos posturas opuestas sobre el momento en que la demanda mundial de petróleo comenzará a descender.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE), con sede en París y que representa a los principales países consumidores, prevé que la demanda se estabilice en torno a los 102 millones de barriles diarios (bd) hacia 2030.
En su World Energy Outlook 2025, publicado el mes pasado, la AIE parte del supuesto de que los gobiernos cumplirán objetivos ambiciosos en energía y clima.
La OPEP sostiene la visión contraria. En su último informe de largo plazo, el grupo de productores pronostica que la demanda seguirá creciendo durante décadas y no ve un pico antes de 2050, con un consumo cercano a los 123 millones de barriles diarios a mediados de siglo.
Ambas organizaciones, sin embargo, comparten una preocupación de fondo: el suministro es cada vez más difícil de sostener. La OPEP considera que un crecimiento robusto de la demanda justificará inversiones constantes para garantizar reservas suficientes durante décadas. La AIE, en cambio, ofrece un panorama más prudente.
El escenario de «seguir como hasta ahora» vuelve
Bajo presión de la administración Trump, la AIE reintrodujo su Escenario de Políticas Actuales, abandonado en 2020, que se basa en leyes vigentes y tendencias observables muy por debajo de las ambiciones climáticas.
Este escenario sugiere que el crecimiento de la oferta se desacelerará después de 2028, a medida que decaigan fuentes no OPEP como Estados Unidos, Brasil, Guyana y Canadá. Ello dejaría el suministro cada vez más dependiente de países de la OPEP en Oriente Medio, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irak.
Si los compromisos climáticos no se implementan, la demanda podría subir hasta 113 millones de bd en 2050, advirtió la AIE.
Para Franziska Holz, subdirectora del área de energía, transporte y medio ambiente del DIW Berlin, recuperar este escenario conservador es «positivo», porque demuestra que el mundo «no va por buen camino con los objetivos climáticos» ni está sustituyendo con la suficiente rapidez los combustibles fósiles en la matriz energética.
Holz ironizó con que «probablemente los estadounidenses no pretendían eso» al presionar para que se retomara el escenario más cauteloso.
Los nuevos descubrimientos de petróleo, en mínimos históricos
En lo relativo al Peak Oil, ambas organizaciones señalan el mismo riesgo estructural: el suministro de petróleo no se mantiene por sí solo. Los campos maduros declinan rápidamente y, sin inversiones constantes, la producción de los yacimientos existentes caerá alrededor de un 8% anual, advirtió la AIE el mes pasado.
Se requiere una enorme cantidad de nueva producción solo para mantener estable la oferta mundial. Sin embargo, la mayor parte del gasto se destina a compensar el declive de campos envejecidos, no a incorporar volúmenes significativos nuevos.
Con los descubrimientos en mínimos históricos y una dependencia creciente de los pozos de esquisto y de pozos en aguas profundas —que se agotan con rapidez—, el sector petrolero corre cada vez más rápido solo para mantenerse en el mismo sitio.
El físico Antonio Turiel, investigador del Peak Oil en el CSIC, sostiene que el auge del fracking en Estados Unidos —motor del crecimiento fuera de la OPEP— se acerca ya a su agotamiento. Los mejores puntos de perforación en la cuenca del Pérmico, en Texas y Nuevo México, ya han sido explotados y las tasas de declive se aceleran.
«Después de 15 años intensos, estamos llegando al final del camino del fracking», dijo Turiel a DW. «Podemos mantener el espejismo uno o dos años más, pero después la caída será increíblemente rápida».
¿Un pico de producción inminente?
Turiel cree que el mundo se acerca a un Peak Oil mucho más temprano de lo que la mayoría de las agencias está dispuesta a reconocer. Señala que el 80 % de los yacimientos petroleros «ya ha superado su máximo de producción».
Además del esquisto, añade, el mundo ha dependido en exceso de grandes campos supergigantes envejecidos para mantener la estabilidad, y su fase de declive más acelerado está a punto de comenzar.
«Lo más probable es que empecemos a ver fuertes caídas anuales —en torno al 5 %— incluso antes de 2030», afirmó. «Después, cabe esperar una reducción del volumen total extraído cada año de alrededor del 50 % en 20 años».
Turiel subraya que entre 2020 y 2025 se descubrieron en promedio 3.000 millones de barriles de petróleo, doce veces menos que el consumo global.
Mientras la OPEP no prevé un Peak Oil y el peor escenario de la AIE no lo sitúa antes de 2050, el calendario de Turiel es contundente: «Muy probablemente en 2027; en cualquier caso, antes de 2030. Incluso antes si se desencadenan problemas geopolíticos indeseables».
(gg, ju)