Chile está volviendo
Un viejo dicho dice que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. En Chile, esa frase dejó de ser un lugar común para transformarse en una experiencia real y dolorosa. Desde 2019, el país ha pagado caro los costos del octubrismo, seguido de una borrachera refundacional que prometía dignidad. Pero el proceso terminó dejando incertidumbre, debilitamiento institucional y una profunda erosión de la convivencia social.
En esos días tristes, se relativizó la violencia, el orden se caricaturizó como autoritarismo y el respeto por las reglas pasó a verse como una herencia incómoda del pasado. Como consecuencia, perdimos el espacio público, la amistad cívica y, sobre todo, la certeza de solo se puede construir progreso desde la confianza.
Sin embargo, algo empieza a cambiar. Son señales pequeñas, pero profundas. La fiesta de Año Nuevo en la Torre Entel repleta de familias; los ciudadanos vuelven a saludar a Carabineros sin miedo ni desconfianza; retorna la estatura presidencial profundamente dañada en los últimos años. Habitar el cargo exigía hechos más que palabras. El país comienza a reconocerse otra vez.
Decir esto no implica negar los problemas ni caer en la autocomplacencia. Los desafíos siguen siendo enormes. Entre otros, la pobreza de muchos adultos mayores, jóvenes universitarios que ven frustradas sus expectativas, familias atrapadas en el sobreendeudamiento y una clase media frágil que vive con temor a retroceder. Nada de eso ha desaparecido.
Pero hay una diferencia clave: empieza a instalarse la conciencia de que estos problemas no se resuelven destruyendo lo que funciona ni intentando refundar Chile cada cuatro años. Se resuelven con orden, con instituciones fuertes, con crecimiento y con un sentido de responsabilidad que ponga el futuro por delante del eslogan fácil.
Chile está de vuelta no porque todo esté bien, sino porque cada vez más personas entienden que el camino del progreso no pasa por el caos ni la rabia, sino por el trabajo, el respeto y la convicción de que este país —con todos sus defectos— vale la pena cuidar.
Feliz 2026.