Moquegua depende de la minería: ocho de cada diez soles del PBI vienen del cobre
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POR: DR. PhD. JAVIER FLORES AROCUTIPA
Según el documento del INEI, publicado en enero de 2026, el análisis de la composición porcentual del Producto Bruto Interno (PBI) de la región Moquegua correspondiente al año 2024, a precios constantes de 2007, evidencia con claridad una estructura económica fuertemente concentrada en la actividad minera. Esta configuración confirma una dependencia sectorial elevada que condiciona el crecimiento y la sostenibilidad económica regional.
MINERÍA Y MANUFACTURA: EL 80,5 % DEL PBI REGIONAL
De acuerdo con los datos oficiales, la extracción de minerales representa el 47,5 % del PBI regional, mientras que la manufactura vinculada a la refinería minera aporta un 33,0 % adicional. En conjunto, ambas actividades estrictamente asociadas al complejo minero concentran el 80,5 % del total del PBI de Moquegua, superando ampliamente a todos los demás sectores productivos.
Este nivel de concentración es estadísticamente significativo y revela que más de cuatro quintas partes del valor agregado regional dependen directa o indirectamente de la minería metálica.
SECTORES NO MINEROS CON PESO MARGINAL
En contraste, la suma de todos los sectores no mineros alcanza apenas el 19,5 % del PBI regional. Actividades tradicionalmente asociadas a la diversificación económica muestran participaciones reducidas: agricultura (0,7 %), pesca (0,4 %), comercio (1,7 %), transporte (1,3 %) y alojamiento y restaurantes (0,7 %).
Incluso sectores con mayor efecto multiplicador sobre el empleo y la demanda interna, como la construcción (4,2 %) y otros servicios (4,7 %), mantienen un peso limitado dentro de la estructura productiva regional.
VULNERABILIDAD MACROECONÓMICA Y EMPLEO
Esta configuración productiva implica una alta vulnerabilidad macroeconómica frente a choques externos, como la volatilidad de los precios internacionales de los minerales, cambios en la demanda global o interrupciones operativas del sector extractivo. Asimismo, limita la generación de empleo diversificado, dado que la minería es intensiva en capital y relativamente menos intensiva en mano de obra.
La dependencia minera reduce la resiliencia económica regional ante ciclos adversos y amplifica los efectos de desaceleraciones externas sobre el ingreso y la actividad local.
La evidencia empírica confirma que la economía de Moquegua presenta una dependencia estructural de la minería, con un grado de concentración que supera el 80 % del PBI regional. Si bien este patrón ha permitido elevados niveles de ingreso, plantea desafíos estratégicos de mediano y largo plazo.
AGRICULTURA PIERDE PARTICIPACIÓN
Los datos oficiales muestran que la participación de la minería en la estructura económica regional pasó de 74,06 % en 2020 a 80,58 % en 2024, lo que implica un incremento de 6,5 puntos porcentuales en apenas cinco años. Esta tendencia confirma una profundización acelerada de la dependencia minera y consolida a Moquegua como una de las regiones más concentradas del país en términos productivos.
En sentido contrario, la agricultura —sector históricamente clave para la seguridad alimentaria, el empleo rural y la diversificación productiva— redujo su participación de 1,28 % a 0,70 % en el mismo período. En términos relativos, esta caída representa una contracción cercana al 45 % de su peso económico, configurando un proceso de desplazamiento estructural del sector agrario dentro del PBI regional.
Este comportamiento no solo limita el crecimiento del sector primario no extractivo, sino que también restringe el desarrollo de la agroindustria, tanto de consumo interno como de exportación, que depende directamente de una base agrícola sólida y competitiva.
Desde una perspectiva de desarrollo económico, este patrón es consistente con la denominada “maldición de los recursos naturales”, en la que regiones intensivas en extracción tienden a descuidar sectores con mayor capacidad de generar empleo, valor agregado local y encadenamientos productivos.
Si bien la minería eleva el PBI regional y la recaudación fiscal, presenta una baja elasticidad empleo-producto y una débil articulación con la economía local, en contraste con la agricultura y la agroindustria, que tienen mayor impacto distributivo y territorial. 