Hace 40 años falleció Juan Rulfo, escritor fundamental con espíritu de fotógrafo
Hace 40 años falleció Juan Rulfo, escritor fundamental con espíritu de fotógrafo
▲ El escritor jalisciense Juan Rulfo, en una imagen tomada del libro Noticias sobre Juan Rulfo, de Alberto Vital.
Merry Macmasters
Periódico La Jornada
Martes 6 de enero de 2026, p. 2
Una faceta menos conocida de Juan Rulfo (1917-1986), escritor fundamental, entre otros, del siglo XX, cuyo aniversario luctuoso 40 se conmemora mañana, es la de fotógrafo. En 1980 cuando se realizó una exposición individual de su obra en el Museo del Palacio de Bellas Artes, concebida como homenaje nacional, muchos se sorprendieron.
El autor del libro de cuentos El llano en llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955), “clásicos” indudables del siglo XX, no era un fotógrafo improvisado; profundizó en el tema. De acuerdo con su hijo, el pintor Pablo Rulfo, su padre incluso pretendió ser fotógrafo en algún momento: “Empezó a tomar fotos antes de escribir. Las tomó desde finales de los años 30, y en los 40 participó en un concurso organizado por el periódico El Universal. En los años 60, imágenes suyas se expusieron de forma individual en Guadalajara, en una galería del estado ubicada en el parque Agua Azul”.
Para Pablo, las fotos de su padre tenían muchas razones de ser: “por un lado, viajó mucho. Al terminar la escuela en Guadalajara recorrió el país durante un año. Después, al trabajar de agente de ventas en la Goodrich-Euzkadi, viajó y capturó muchas imágenes. Al parecer era una mezcla entre la inquietud de captarlas y la que le daba la fotografía en sí.
“En su biblioteca resguardaba gran número de libros y anuarios sobre esa disciplina. Tenía un gran conocimiento técnico e histórico de ella.”
Si no se dedicó de lleno a ese oficio fue porque “la misma dinámica de sobrevivencia lo llevó a trabajar en la compañía de llantas.
“También laboró en la Comisión del Papaloapan, proyecto estatal de importancia, cuyo propósito era crear una presa hidroeléctrica. Allí, su trabajo consistió en fotografiar y recoger información sobre las comunidades, así como publicar una revista en la que se hablaba de los pueblos. Era un tema casi sociológico.”
La vocación de fotógrafo de Juan Rulfo, aunque artística en el fondo, tenía que ver más con un tema humano. Según Pablo, fue una manera de coleccionar imágenes que le eran significativas, que tuvieron un contenido humano, más que estético. Era un trabajo “muy personal”.
Exposiciones en Bellas Artes
Fue Juan José Bremer, en su calidad de director general del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, quien invitó a Juan Rulfo a exhibir su obra en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
“Bremer, persona muy sensible, conocía bien a mi padre, así que le propuso hacer la exposición en 1980. Aceptó por el aprecio que le tenía.”
Se exhibió un centenar de imágenes y se publicó un libro. A principios del presente milenio se realizó una nueva exposición de su obra en el mismo espacio.
Juan Rulfo fue amigo, a su vez, de colegas fotógrafos como Nacho López, Héctor García, Antonio Reynoso, Gabriel Figueroa Flores, Rafael López Castro y Manuel Álvarez Bravo, quienes lo retrataron.
Con Álvarez Bravo realizó una especie de “ejercicio o juego”, que consistió en fotografiarse entre sí.
“Mi padre apreciaba que hubiera fotógrafos que lo siguieran y retrataran”. La fotógrafa Daisy Ascher realizó el libro Rulfo: Mis imágenes y mi muerte (1987).
A decir de Pablo, la personalidad de su padre como fotógrafo “se fue labrando con el tiempo. Tenía gran curiosidad por la fotografía y la practicó después de todo con interés iconográfico. Captar imágenes como si fuera a coleccionar momentos significativos. No tenía intención de ser un profesional de la fotografía, sino que la desarrollaba por emoción. Era una manera de penetrar en espacios y captar momentos significativos en cuanto al contexto, las texturas, la situación, las personas, la cuestión humana.
“No es un fotógrafo que buscara un estilo, una personalidad profesional, para nada. Hizo a un lado todo eso. Le interesaba, y buscaba, lo que tuviera sentido humano. Para mí, se dio cuenta con el tiempo de que ése era su interés propiamente y siguió fotografiando siempre, nada más que no le interesaba difundir su trabajo.”
Cuando Juan Rulfo trabajó en el Instituto Nacional Indigenista (INI) estuvo a su cargo el departamento de publicaciones y del archivo etnográfico audiovisual.
Durante su estancia en ese organismo, de 1964 hasta su muerte, tomó fotografías en algunos viajes que realizó, mismas que se publicaban. “Para mi padre era una cuestión de registro. Eso habla mucho de su inclinación por lo visual.
“Uno de sus grandes intereses pudo haber sido el cine y de hecho lo fue. La fotografía de la película El despojo (1960), de Antonio Reynoso, en la que participó, tiene mucho que ver con su estética. Fue un proyecto colectivo experimental. No había guion y mi padre lo iba haciendo en el momento. Retrataba a la gente de un pueblo en Hidalgo.”
Pablo resume: “el interés de mi padre por la fotografía fue una manera de acercarse a la imagen, de contextos que tenían mucha información humana. Una cosa es la narración verbal y otra la visual.
“Esa amplitud de intereses se puede ver en su literatura, porque a veces hacía descripciones de espacios muy visuales. Tenía un carácter multimedia. Tanto el sonido, lo visual, como el texto, tenían el mismo valor y se nota en su literatura.”
Hasta el momento no hay actividades previstas para conmemorar el 40 aniversario luctuoso de Juan Rulfo; sin embargo, es muy probable que en el transcurso del año se programen conferencias o mesas redondas, señala Pablo.