Delcy Morales lleva la naturaleza a la sala 9 del MUAC
▲ La artista colombiana Delcy Morales tomó como referencias el Espacio Escultórico de la UNAM, la pirámide de Cuicuilco y el pedregal del Centro Cultural Universitario para crear su obra.Foto cortesía de Barry Domínguez
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Miércoles 21 de enero de 2026, p. 3
La instalación El espacio vientre, de la colombiana Delcy Morelos (Tierralta, 1967), realizada a base de tierra, paja, madera, metal, canela, clavo, elote y chía para la sala 9 del Museo Universitario Arte Contemporáneo (Muac), establece una conexión con su entorno exterior; es decir, con el Espacio Escultórico, la pirámide de Cuicuilco, el volcán extinto Teuhtli y el pedregal, o zona volcánica, donde se encuentra el museo.
Se enraiza también con el land art, corriente que emplea la naturaleza como material para intervenir en sí misma, pero desde una perspectiva femenina. Contrario a sus antecesores, mayormente hombres y anglosajones, quienes empezaron a intervenir la naturaleza desde finales de los años 60, lo de Morelos sucede al interior. Más bien, “trae la naturaleza al museo”, afirma Alejandra Labastida, curadora, junto con Daniel Montero, de la instalación.
Es una operación “de alguna forma inversa” que, por supuesto, dialoga de muchas maneras; sin embargo, al mismo tiempo hay una cosa sensorial y afectiva que Delcy considera “mucho más femenina”.
Originalmente, la idea era hacer una exposición a modo de revisión de la obra de Morelos en otras salas del museo, porque empezó como pintora. No obstante, con la llegada de Tatiana Cuevas como directora del Muac, se planteó “aprovechar la sala 9 en su escala, tamaño y posibilidades, es decir, pensar en proyectos grandes, instalaciones individuales”, indica Labastida, y así iniciar una nueva línea de obras comisionadas.
La idea entusiasmó a Morelos porque haría una pieza nueva. El espacio vientre es la instalación más grande que ha hecho hasta el momento, de mayor tamaño que la obra titulada Bruja (2025), de tierra y barro sobre estructura de madera, que se exhibe actualmente en el Museo Guggenheim Bilbao como parte de la muestra colectiva Artes de la tierra.
Cuando emprende un proyecto, Morelos realiza una investigación porque sus instalaciones son de sitio específico. “Delcy vino a México en varias ocasiones, incluso por temporadas de un mes o más. Sus viajes por Oaxaca y Chiapas le permitieron aterrizar la pieza. Siempre relata que hace muchos años conoció el Espacio Escultórico, que le parece una obra fundamental”.
Después de visitar de nuevo el Espacio Escultórico, Morelos conoció la pirámide de Cuicuilco, donde “le hablaron de la relación entre las construcciones prehispánicas como miradores para ver fenómenos astronómicos, las montañas y volcanes”. La curadora anota que la artista, al visitar los diferentes lugares, “se quita los zapatos, hace tierra, como dice, pide permiso, hace ofrendas, en fin, dialoga con cada uno de los espacios”.
Al igual que el Espacio Escultórico, El espacio vientre es una estructura circular, pero que consiste en terrazas que se elevan hasta el techo de la sala, cuya altura varía entre 6 y 12 metros. Para su realización se trajo tierra de un banco de materiales localizado en los alrededores de Otumba, estado de México, adonde se regresará cuando termine la exhibición.
Pieza aromática
El olfato es una parte relevante de las instalaciones de la artista, ya que siempre trabaja con aromas. Labastida explica que la presencia de la canela, el clavo, el elote y la chía se debe a que son fungicidas naturales que evitan que la tierra se llene de hongos. Por otro lado, la tierra misma produce cierto olor por las sustancias con las que está mezclada. Morales incluso trabajó con un especialista para lograr el aroma que despide la instalación.
Resulta difícil no sentir algo al adentrarse en el espacio convertido en cueva que alberga la instalación. Al platicarlo “con Delcy y el equipo decíamos: qué ganas de no saber de su existencia y de repente toparnos con ella. Tener esa primera impresión sin saber todo el proceso. En cierto momento, al poder entrar completamente sola, me dio la impresión de un anfiteatro. Más que yo ver la tierra, ella me veía a mí. Fue una sensación de ser observada. De allí la importancia del olfato porque hay una conexión afectiva inmediata con los recuerdos de los olores de la tierra mojada, por ejemplo”.
El espacio vientre es un ente vivo en la medida que allí crecen pequeñas hojas verdes.
Para Morelos la pieza es una “pintura expandida”. Alejandra Labastida lo explica: “dentro del proceso, primero se inició con las capas, después empezaron a hacer las texturas y poner la paja que luego era pintada con la misma arcilla de la tierra. A su equipo de 20 personas, Delcy les iba diciendo: ‘no, ese montículo, no, eso va más allá’, con una precisión pictórica del efecto de la pieza que también es parte de ese otro universo que produce el efecto. O sea, al mismo tiempo es una pintura, no sólo un altar a la tierra, entre muchas otras lecturas. Sin embargo, Delcy es una artista que trabaja en un museo y es necesario recalcar que esto es una pieza”.
El espacio vientre permanecerá hasta el 7 de junio en el Museo Universitario Arte Contemporáneo, en el Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000, alcaldía Coyoacán, Ciudad de México).