Dan a Jordi Savall prestigioso galardón considerado el Nobel de la música
▲ El director de orquesta, intérprete y musicólogo Jordi Savall actuó durante la entrega del 37 Premio Internacional Cataluña, el pasado día 15. El reconocimiento se concedió a activistas israelí y palestina que luchan por la paz en Medio Oriente.Foto Europa Press
Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 23 de enero de 2026, p. 2
Madrid. Jordi Savall, nacido en la localidad catalana de Igualada en 1941, fue galardonado con el prestigioso premio Ernst von Siemens 2026, considerado el Nobel de la música, que reconoce así la labor de un infatigable recuperador del legado musical del mundo y uno de los violagambistas más eruditos y armoniosos de la historia.
Su nombre, a partir de ahora, estará unido a algunos de los grandes genios contemporáneos de la música que también tienen este reconocimiento, como Benjamin Britten, Olivier Mesian, Mstislav Rostropovich, Pierre Boulez, Herbert von Karajan, Andrés Segovia, Leonard Bernstein, Maurizio Pollini, Claudio Abbado y Daniel Barenboim, entre otros.
Cuando sube al escenario, Savall es capaz de iluminar el silencio con un solo arpegio, o de evocar mundos oníricos de otros tiempos cuando dirige sus orquestas de época, sobre todo del Barroco y el Renacimiento, con su festival de sonidos originales, acompañado por sus instrumentos de viento y flautas, “esos pintores musicales”, como él les dice.
Su labor más callada, pero igual de importante, es detrás de los libros, cuando rebusca entre los archivos polvorientos de las viejas bibliotecas europeas, asiáticas o americanas para hallar algún manuscrito olvidado, con el fin de recuperar esos sonidos que forman parte de nuestra memoria común.
Jordi Savall, como genio musical, forma una especie de trilogía: el violagambista que ejecuta los repertorios más exigentes de la historia de la música, con sus interpretaciones singulares de Bach; el director de orquesta que crea ensambles de música antigua para ejecutar lo que él investiga con tanto denuedo, y, finalmente, el hombre empeñado en que esa riqueza musical y cultural no muera, que se divulgue y vuelva a cautivar los oídos de las personas que habitamos este siglo XXI.
A sus 85 años, Savall mantiene una vitalidad extraordinaria, hace giras por los grandes templos de la música, aunque ahora con menos funciones, y dedica a diario largas jornadas de investigación y lectura, tanto en su casa, donde tiene una de las colecciones de instrumentos antiguos más hermosas del mundo, como en las bibliotecas que tanto le gusta visitar.
El jurado del premio reconoce una vida dedicada a la interpretación, la investigación y la difusión de la música histórica, así como su compromiso constante con la formación, el diálogo intercultural y los valores humanistas, de ahí que la Fundación Ernst von Siemens destacó su “contribución decisiva como intérprete, director, pedagogo y embajador cultural, así como su papel fundamental en la recuperación, preservación y proyección internacional del patrimonio musical europeo”. Savall también ha sido crucial en la recuperación de la llamada música “criolla” o de las composiciones creadas durante el Barroco y el Renacimiento en América Latina.
El reconocimiento que recibirá Savall, en una ceremonia en Múnich, Alemania, el 23 de mayo, se fundó en 1972, en memoria del empresario Werner von Siemens, y con el paso de los años se ha convertido en el premio de mayor prestigio en el mundo de la música clásica o “culta”, con lo que quien lo recibe entra directamente al Olimpo de la historia.
Al rescate de obras antiguas
Savall se ligó a la música desde su infancia, cuando sus padres lo inscribieron en el coro de la escuela primaria de su pueblo, Igualada. Realizó estudios superiores de música y violonchelo en el Conservatorio de Barcelona; fue entonces cuando descubrió su devoción por los instrumentos antiguos y cuanto se ha creado en torno a ellos, desde la Edad Media hasta el clasicismo.
Un periodo crucial en su vida fue su estancia en Suiza, a partir de 1968, que le sirvió para ampliar su formación en la Schola Cantorum Basiliensis, donde se introdujo a fondo en el estudio de la viola da gamba. A partir de esa experiencia se dedicó a la tarea de rescatar y revalorar la música antigua como parte de nuestro patrimonio e identidad cultural. Uno de sus grandes maestros fue el músico y musicólogo August Wenzinger, tanto en el terreno docente como en el de la investigación.
Con ese bagaje y tras perfeccionar su forma de interpretar los misterios de la viola da gamba, Savall empezó en los años 70 su carrera de ejecutante de ese instrumento, convirtiéndose en uno de sus intérpretes más sobresalientes, a la par de crear conjuntos y proyectos, como Hespèrion XX (ahora Hespèrion XXI), La Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nations, para consolidar sus investigaciones y difundirlas, siempre en compañía de su esposa, la soprano Montserrat Figueras, fallecida en 2011, y más tarde de sus hijos, Arianna y Ferran.
Sus conciertos y grabaciones son considerados referentes en el campo, y como docente y director ha formado a generaciones de músicos. En 1991, su banda sonora para la película Todas las mañanas del mundo le otorgó reconocimiento internacional y contribuyó a la difusión de la música barroca entre las audiencias del planeta.
A partir de entonces creó su propio sello discográfico, Alia Vox, que ha publicado más de 230 grabaciones y ha vendido más de 2 millones de discos en el orbe. En los años recientes ha profundizado su compromiso con la educación musical por medio de las Youth Orchestra and Choir Professional Academies, proyecto de la Fundació Centre Internacional de Música Antiga con apoyo de la Unión Europea.
Uno de sus últimos conciertos le permitió además cumplir un viejo anhelo: dirigir la Orquesta Filarmónica de Berlín, considerada la mejor del mundo. Pero no sólo fue como director invitado, sino que la propia orquesta le dedicó un homenaje por medio de la programación con una serie de seis conciertos, en reconocimiento a su labor en la “recuperación e interpretación del patrimonio musical” y su “extraordinario” trabajo de concertista de viola de gamba.
En el homenaje, Savall, acompañado por Hespèrion XXI, ofreció un recital con obras del Siglo de Oro español y del Barroco europeo. En cuanto a su concierto dirigiendo la filarmónica, que fue un éxito rotundo, Savall ejecutó la célebre Sinfonía Júpiter, de Mozart, y, en la primera mitad del programa, la suite orquestal Naïs, de Jean-Philippe Rameau, así como el ballet Don Juan, de Christoph Willibald Gluck.
En otro concierto reciente, éste en el Gran Teatre del Liceu, de Barcelona, Savall ofreció lo que denominó la “fiesta criolla”, en la que al frente de Le Concert des Nations exploró las conexiones entre culturas a través de la música y en la que también participaron, entre otros, ArteSon Danza México y la coreógrafa y directora Maria del Carmen Ochoa, la Capella Reial de Catalunya y Tembembe Ensamble Continuo, así como los solistas Maria Juliana Linhares, soprano de Brasil; Lixsania Fernández, mezzosoprano de Cuba; Yannis François, bajo y danza de Guadalupe, y Zé Luis Nascimento, percusión de Brasil.
Jordi Savall suma este reconocimiento a otros galardones como el Premio Léonie Sonning, el Grammy Award y el título de miembro honorario de la Sociedad Real Filarmónica, así como su nombramiento de Artista por la Paz, por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.