Incendios forestales. Lo de siempre
Legislación débil y atrasada, no dar cuenta del cambio climático, falta de recursos, mal uso del suelo y errores en la forestación y reforestación, deficiencias en planes regulatorios para construcción de viviendas, problemas en el ordenamiento territorial, campañas de prevención formales pero no contundentes, son factores mencionados cada vez que en el país se producen grandes incendios forestales, a lo que se agregan situaciones como las acciones criminales de individuos que provocan los siniestros.
“El Siglo”. Concepción. 25/1/2026. Legislación débil y atrasada, no dar cuenta del cambio climático, falta de recursos, mal uso del suelo y errores en tipo de plantaciones, ausencia de controles y deficiencias en planes regulatorios para construcción de viviendas, son factores mencionados cada vez que en el país se producen grandes incendios forestales, a lo que se agregan situaciones como las acciones criminales de individuos que provocan los siniestros.
Hace años que se habla de dar cuenta en Chile de los “incendios del futuro” y no seguir con pautas que pudieron ser útiles para los “incendios del pasado”. En esto inciden el cambio climático y también los tipos de forestación y reforestación que hace unas décadas se hacen en zonas rurales, donde la sequía y la falta permanente de agua juegan su rol.
Con los incendios de estas semanas en las regiones de Biobío, Ñuble y La Araucanía se volvió a discutir si existe la institucionalidad adecuada, donde se abrió una dura polémica por el atraso en sacar adelante el proyecto de ley de incendios, dormido dos años en el Congreso. También algunos expertos volvieron sobre, por ejemplo, crear el Servicio Nacional Forestal con atribuciones de prevención, planificación, ejecución y análisis sobre todo en cuanto a las características y explotación de los recursos forestales.
Se trajo a colocación una declaración de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo, de 2017, cuando se produjeron gigantescos incendios forestales en el país, donde se habló de la existencia de una “legislación permisiva” y de una realidad nacional que permitió que se destruyeran “miles de hectáreas de bosque nativo que terminaron siendo reemplazados por eucaliptus y pinos, se establecieron plantaciones sin proteger quebradas, ríos y esteros, se plantó hasta el borde mismo de caminos, pueblos y ciudades, se plantaron paños enormes (cientos e incluso miles de hectáreas) prácticamente sin cortafuegos, entre otras calamidades”.
Un elemento que salta a la vista es el asunto de la prevención. Se señala que las campañas pueden quedarse en aspectos formales, en la colocación de letreros o avisos en medios de prensa, pero finalmente habría que tomar medidas más agresivas y mejor financiadas. Se menciona el intensificar controles y operativos preventivos en zonas previsibles de grandes incendios, garantizar la construcción o habilitación de cortafuegos, de zanjas, que las grandes empresas eléctricas hagan mantención y resguarden los tendidos eléctricos en las áreas de bosque y rurales, que los municipios efectúen labores de limpieza y resguardo en bosques, que se organicen las comunidades y vecinos, que existan reales planes preventivos de las empresas forestales y se mejoren los diseños de ordenamiento territorial en las regiones donde existen las grandes extensiones de bosques y áreas agrícolas. Todo esto requiere mucho más presupuesto que el actual.
Hay fenómenos nuevos en las características de los incendios forestales que pueden ser considerados por sucesos anteriores, pero también por estudios científicos y criterios de planificación en la industria forestal y el crecimiento en zonas rurales. El tema es si eso se hace bien o no.
El experto Jaime Hurtubia (exasesor principal de Política Ambiental de la Comisión Desarrollo Sostenible y director de la División de Ecosistemas y Biodiversidad de United Nations Environment Programme), indicó en una columna de El Mostrador que “estamos gastando fortunas en apagar las llamas, pero somos tacaños en invertir en evitar que se inicien. El verdadero fuego que debemos combatir es la falta de prevención, la indolencia, la descoordinación”. Apuntó a que “el enfoque ha estado desbalanceado, puesto en la reacción y no en la prevención y adaptación. Esta mirada cortoplacista es un fracaso de gobernanza” en el país en esta materia.
Planteó el problema de desfinanciamiento de entidades encargadas de este tema, sobre todo en prevención y planificación, “miles de hectáreas de plantaciones monoespecíficas de pino y eucalipto, altamente inflamables y con escasas barreras naturales, funcionan como autopistas para el fuego”, el que en el país se haya permitido, se permita y en muchos casos se fomente “la expansión descontrolada de viviendas y loteos en zonas de interfaz urbano-forestal” en “áreas de alto riesgo donde la vegetación se mezcla con asentamientos humanos”.
Al final de cuentas es si el Estado, las grandes empresas forestales, las entidades locales y sociales, toman en serio las medidas que se requieren para los “incendios del futuro”, se avanza en prevenciones reales (aunque siempre habrá factore exógenos y por tanto existirán los siniestros forestales) y se cuenta con un marco que baje los riesgos en esta materia y se eviten decenas de muertes, cientos de heridos, miles de damnificados, millonarias pérdidas y destrucción de miles de hectáreas en amplias zonas del país.