“El IIE aspira a un relato de nuestras artes que reconozca todas las voces y miradas”
“El IIE aspira a un relato de nuestras artes que reconozca todas las voces y miradas”
▲ Mujer con bandera (1928), de Tina Modotti.Foto tomadas del libro 90 obras de artistas mujeres en México, del IIE de la UNAM
Merry Macmasters
Periódico La Jornada
Domingo 25 de enero de 2026, p. 2
El académico Manuel Toussaint advirtió hace más de un siglo que la historia de las artes plásticas mexicanas estaba por hacerse. Su visión fue clara: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) debía asumir la tarea de “coordinar y otorgar legitimidad al estudio de nuestras artes”. En 1935, esta ambición tomó forma en el Antiguo Colegio de San Ildefonso con un pequeño grupo de investigadores que dio inicio a una “historia académica sin precedente”.
Al año, con la reorganización universitaria emprendida por el rector Luis Chico Goerne, lo que comenzó como un laboratorio de arte se transformó en el Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), que consolidó un modelo pionero en América Latina, señala Angélica Velázquez Guadarrama, actual directora, en 90 obras de artistas mujeres en México, libro con el cual la institución conmemora sus nueve décadas de existencia.
A lo largo de ese tiempo, el IIE ha mantenido “una mirada doble: hacia el pasado y hacia el futuro. Su vocación ha sido reconstruir y reinterpretar las artes de otras épocas, pero también observar críticamente los procesos artísticos contemporáneos. Los académicos del IIE han sido, en palabras de Justino Fernández, ‘cronistas de su tiempo’: testigos de los lenguajes artísticos, capaces de tejer vínculos entre el presente y la memoria, entre México y el mundo”, indica la especialista en pintura costumbrista y mujeres artistas del siglo XIX.
En vista de que “toda historia está hecha también de silencios, entre ellos, el de las artistas mujeres, cuya presencia en los relatos canónicos ha sido sistemáticamente omitida”, se decidió celebrar estos 90 años “reconociendo esas ausencias y proponiendo nuevas formas de mirar”.
Con la contratación en 1943 de Clementina Díaz y de Ovando como investigadora, el IIE fue la primera entidad del subsistema de Humanidades de la UNAM en la que “se rompió el techo de cristal”. Esto preparó el terreno para que a partir de los años 50 se incorporaran otras muchas investigadoras: las primeras, Elisa Vargaslugo, Ida Rodríguez Prampolini y Beatriz de la Fuente.
De entrada llama la atención que las artistas incluidas abarcan desde el siglo XVIII hasta la actualidad, pero no a la manera de una historial lineal, sino al abrir un “diálogo entre épocas, materiales y sensibilidades”. Al respecto, Velázquez Guadarrama es claro: no se busca “simplemente añadir nombres de mujeres al canon, sino redefinir las narrativas de la historia del arte desde las obras mismas”.
▲ India oaxaqueña (1928), de Lola Cueto.Foto tomadas del libro 90 obras de artistas mujeres en México, del IIE de la UNAM
90 obras de artistas mujeres en México se propone como forma de continuidad y renovación, en tiempos marcados por la urgencia de repensar la producción artística. Así como Toussaint proyectó una historia del arte que diera cuenta de la riqueza artística del país, “hoy aspiramos a un relato de nuestras artes amplio y plural que reconozca todas las voces y todas las miradas”, reitera la estudiosa, coordinadora del libro con Rian Lozano.
En su introducción conjunta reconocen que la historia del arte producido por mujeres desde México no se reduzca, “de ningún modo, a los nombres aquí reunidos, ni que las obras seleccionadas sean, en absoluto, las únicas, ni las mejores, ni siquiera las más representativas”.
Velázquez y Lozano aclaran que su interés como editoras ha sido proponer un conjunto de obras desde los puntos de vista cronológico, temático y material donde, la categoría de “mujer evidencie la necesidad de ser pensada en toda su diversidad, más allá de recortes esencialistas o de pretensiones homogeneizadoras, y donde México se extiende, en ocasiones, más allá de las fronteras del río Bravo, para recoger también el trabajo de algunas autoras chicanas cuyas obras han repercutido de manera destacada en el devenir del arte contemporáneo en el territorio nacional”.
Las fichas de las obras reproducidas fueron escritas en su mayoría por investigadores del IIE. Otras se deben a los alumnos del posgrado en historia del arte, acompañados por sus tutores, de acuerdo con el interés original del instituto por defender el papel docente y el carácter formativo de su trabajo. Presentadas en orden alfabético, artistas del siglo XVIII se mezclan con colegas de la actualidad. Hay pintoras, escultoras, grabadoras, fotógrafas, arquitectas, impresoras, performanceras, teatristas, artistas del tapiz, del video, de la intervención, diseñadoras, editoras, cineastas, artistas multimedia y transdisciplinarias. Muchas son verdaderas revelaciones.
Imprescindibles son Remedios Varo, Leonora Carrington, Kati Horna, Lola Cueto, Lola Álvarez Bravo, Nahui Ollin, Tina Modotti, Frida Kahlo, Geles Cabrera, Lilia Carrillo, Ángela Gurría, Helen Escobedo, Graciela Iturbide y María Lagunes, por mencionar unas cuantas. Sorprenden “descubrimientos”, como la dibujante y litógrafa del siglo XIX Loreto de Jesús Casabal, quien falleció con apenas 27 años.
Con este libro se abre un mundo de mujeres artistas por encontrar y difundir.