Muestran en un libro biográfico la intimidad del pintor Nicolás Cuéllar
▲ El artista en su estudio en 1988 con su obra Caballo de luz. Foto cortesía Cuéllar Gallery
▲ Doña Chole en Cuatro Milpas (1989), óleo sobre tela.Foto cortesía Cuéllar Gallery
Omar González Morales
Periódico La Jornada
Lunes 26 de enero de 2026, p. 3
El libro Nicolás Cuéllar, el pintor de San Miguel de Allende, editado por Universo de Letras (Planeta), es un trabajo biográfico realizado desde la intimidad de sus escritos personales. Compilado y revisado por su hija, la doctora en filosofía Hortensia Cuéllar, la obra se presentó el viernes pasado en el teatro Ángela Peralta de San Miguel de Allende, Guanajuato.
En entrevista con La Jornada, Hortensia Cuéllar habló sobre esta colección de textos que develan las sensaciones, amores, reflexiones y pasiones de una de las figuras más importantes de la pintura nacional.
“Es un libro fantástico. Es una aportación importante que suma biografía, arte e historia cultural de México. Nos basamos en tres libretas que descubrimos en su taller alrededor de 2021. A pesar de ser su hija, desconocía que él escribía todo; literalmente, resumió desde su infancia hasta sus últimos días”, comentó.
Dividido en tres segmentos, el texto es una narración que cubre su relación y su incursión en la pintura y la escultura, sus reflexiones en torno a su obra, su historia familiar y hasta su trabajo con otros artistas. Además, la obra fue seleccionada para formar parte de la colección Maestría del sello editorial Planeta.
“Supe que mi padre era muy sensible, siempre fue muy cariñoso y dulce con nosotros; sin embargo, este libro también nos habla de su faceta como persona que me permitieron comprenderlo mejor. Incluso en los temas románticos. Creemos que es muy valioso porque no tenemos muchas evidencias de otros pintores que con su puño y letra describen sus perspectivas de vida y de cómo creó sus universos”, explicó.
Nicolás Cuéllar está encarnado en la historia de San Miguel de Allende. Es reconocido como una de sus máximas figuras artísticas, sus pinturas y murales todavía permanecen en las escuelas de esa ciudad, de la cual plasmó no sólo su aspecto rural, sino el paso del tiempo y su transformación. Como artista incursionó en el nacionalismo, el muralismo, el surrealismo y la crítica social.
“Su manera de narrar las cosas era muy chistosa, muy afable, irónica. Es otro rostro de mi padre que nunca pensé que tenía. Cuando editaron la obra nos recomendaron pensar en la posibilidad de sacar una miniserie al respecto, porque vivió muchas cosas. Fue inmigrante en Estados Unidos, donde también ingresó a la Academia de Artes; se relacionó con muchos artistas como Diego Rivera, Pedro Friedeberg, Peter Leventhal, por nombrar algunos”, dijo la hija del artista.
Aseguró: “no me imagino su cara si le pudiéramos decir: ‘papá, vamos a escribir un libro con todo lo que has escrito’. Reflexionaba mucho sobre su vida y sobre nosotros.
“Tuvo mucho cariño, pero leerlo es entender también sus fragilidades, pues era muy enamoradizo. Hoy veo que nuestros recuerdos como familia son maravillosos, y junto con mi madre siempre nos impulsó a escribir nuestras historias”, refirió Hortensia Cuéllar.
Preparan muestra
En 2027 se cumplirá el centenario del natalicio de Nicolás Cuéllar, para lo cual sus herederos están en pláticas con el Museo de Arte Moderno, en la Ciudad de México, con el fin de realizar una retrospectiva amplia sobre su obra.
Al respecto, el director de la galería Cuéllar, Carlos Cuéllar, comentó: “a finales del año pasado hicimos una muestra pequeña, pero muy concreta; queremos mostrar las facetas de la obra de mi padre. Algunas de las piezas no habían sido mostradas al público, como una escultura denominada El alma de San Miguel. Nicolás era polifacético: hacía figuras de barro cocidas, las plasmaba en paneles, soldaduras, pero lo más emblemático son sus pinturas.
“Mi padre siempre tuvo gran cariño a este lugar; para él era como si las energías del universo congeniaran aquí de forma especial. Decía que este lugar era el más bonito para nacer, pintar y morir. Vivió en muchas otras urbes, como en México, en Nueva York y Montreal, pero nunca se sintió tan conectado con algún sitio como éste. Acá vivió su época nacionalista y expresionista”, explicó Carlos Cuéllar.