Entre cohetes y tortillas: qué comen los astronautas | Periodico El Vigia
Cuando imaginamos el espacio exterior, pensamos en cohetes, trajes espaciales y pantallas llenas de números, pero rara vez nos detenemos a reflexionar sobre algo tan cotidiano como la comida. Sin embargo, alimentarse en el espacio es un reto científico, logístico y profundamente humano. Comer allá arriba no es sólo cuestión de saciar el hambre: es una necesidad vital para conservar la salud física, el equilibrio emocional y el rendimiento de los astronautas.
En condiciones de microgravedad, el cuerpo cambia, los líquidos corporales se desplazan hacia la parte superior del cuerpo, el olfato disminuye y el gusto se vuelve menos preciso. Por eso muchos astronautas sienten que la comida «sabe menos» y prefieren sabores más intensos. No se trata de antojos extraños, sino de pura fisiología espacial. Como explica Rivera Ju en su artículo sobre la alimentación en órbita, estos cambios obligan a replantear por completo la forma en que se diseñan los menús espaciales (Rivera-Ju, 2017). A esto se suma la pérdida de masa muscular y ósea que ocurre cuando el cuerpo ya no lucha contra la gravedad, lo que convierte a la nutrición en una aliada indispensable junto con el ejercicio diario.
¿Y qué se come realmente en el espacio? Más de lo que solemos imaginar. El menú incluye alimentos deshidratados como sopas, frutas y verduras que se rehidratan con agua; alimentos termoestabilizados como carnes, guisos y pastas; frutas secas, vegetales deshidratados, nueces, cereales, barras energéticas, quinoa, bebidas en polvo, café y hasta postres. La tortilla ocupa un lugar especial: resulta mucho más práctica que el pan porque no produce migajas que puedan flotar y dañar equipos, un detalle que parece menor, pero que en el espacio puede marcar la diferencia. Todo está cuidadosamente planeado para aportar proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales en las proporciones adecuadas para la dieta de los astronautas.
Nada se deja al azar. Los alimentos se empacan al vacío o en envases especiales y pasan por estrictos controles de calidad e higiene. En una estación espacial, una intoxicación alimentaria no es un simple malestar: podría poner en riesgo a toda la tripulación. Por ello, la seguridad alimentaria es tan importante como la ingeniería de la nave o los sistemas de soporte vital.
Pero la comida no sólo alimenta el cuerpo; también sostiene el ánimo. Estar lejos de la Tierra durante meses puede generar estrés y nostalgia, y por eso se permite que los astronautas lleven algunos alimentos representativos de su cultura. Aquí aparece una de las anécdotas más queridas de la historia espacial mexicana. Rodolfo Neri Vela, el primer astronauta mexicano, llevó consigo tortillas y salsa durante su misión en 1985. Más allá del gesto simpático -y muy celebrado-, esta aportación mostró que la identidad cultural también puede viajar al espacio y formar parte de la dieta sin comprometer la seguridad. A veces, una tortilla bien elegida puede hacer tanto por el ánimo como un sofisticado sistema tecnológico.
La investigación en nutrición espacial no sólo beneficia a los astronautas; muchos de los métodos de conservación, empaques eficientes y alimentos diseñados para durar más y nutrir mejor han encontrado aplicaciones directas en la vida cotidiana en la Tierra. Y mirando hacia el futuro, con misiones a Marte cada vez más cercanas, el desafío será aún mayor: producir alimentos en el espacio mediante cultivos controlados que permitan estancias largas y sostenibles.
Al final, la comida en el espacio nos recuerda algo esencial: por más lejos que lleguemos, seguimos siendo profundamente humanos. Podemos desafiar la gravedad, vivir en órbita y observar la Tierra como una esfera azul suspendida en la nada, pero seguimos necesitando sabores que nos anclen, aromas que nos reconozcan y rituales tan simples como sentarnos a comer. Tal vez por eso una tortilla flotando en una estación espacial resulta tan poderosa como un cohete despegando. Porque mientras haya alguien dispuesto a preguntarse qué se come más allá del cielo -y alguien que lleve un pedazo de su cultura hasta las estrellas-, la exploración espacial no será sólo un logro científico, sino también una historia profundamente nuestra.
¿Y tú, qué opinas?
*Investigadora independiente
Rivera Ju, L. A. (2017). ¿Qué comen los astronautas en el espacio? La huella del coyote, (69): 30–33. Universidad Xochicalco.https://www.xochicalco.edu.mx/galeria/rhc/revistas/La-Huella-del-Coyote-69.pdf