Otorgan a David Toscana el Premio Alfaguara de novela por “una fábula oscura y poderosa”
Otorgan a David Toscana el Premio Alfaguara de novela por “una fábula oscura y poderosa”
Reyes Martínez Torrijos
Periódico La Jornada
Miércoles 28 de enero de 2026, p. 2
El escritor David Toscana (Monterrey, 1961) dijo que a pesar de que se percibe a los invidentes como derrotados, en realidad son “aventureros. Se les ve cruzando calles. Nosotros cerramos los ojos, damos tres pasos y ya sentimos miedo. Ellos tienen un heroísmo cotidiano”. El autor ganó con su El ejército ciego el Premio Alfaguara de novela 2026, anunciado ayer.
En conferencia virtual desde Madrid, el narrador agregó: “como en mi novela estoy hablando de ejércitos, de guerras y demás, lo quise sublimar para que estuviera ahí algo del espíritu y la dignidad humana: el hombre que sin ver tiene muchas capacidades. Aunque la ceguera de estos soldados parezca afiliada con la tragedia, hay una rebeldía contra este destino”.
El texto distinguido llegará a librerías en marzo, de acuerdo con Penguin Random House. Aborda, por primera vez en la literatura, el hecho de que, tras vencer a los búlgaros en la batalla de Klyuch en 1014, Basilio II, emperador de Bizancio, ordenó cegar a 15 mil de los soldados derrotados.
El jurado describió el texto como “una fábula oscura y poderosa, alejándose del relato histórico convencional para ofrecer una lectura simbólica, casi mítica, sobre la guerra, el poder y la resistencia. Narrada en primera persona por Kozaro, el escriba, la novela adquiere un tono oral y poético que mezcla testimonio, leyenda y humor negro. Una gran épica de los vencidos”.
Toscana rechazó que en este título haga novela histórica, sino que “alguien me deja por ahí algo sabroso y me dedico a cocinarlo un poco más, a echarle especias, unas tortillitas y presentar un plato que pueda ser más rico que el que nos dejó la Historia”.
El también premio Xavier Villaurrita contó que en su novela reflexiona sobre que sus personajes “ya no tienen ojos, pero qué es lo que ‘ven’. Es importante la idea de que ellos pueden percibir muchas cosas y no como el Principito que dice que ‘lo esencial es invisible para los ojos’, sino que en verdad un ejército sin ojos puede llegar a percibir, a ver, a imaginar, a hacer”.
Reseñó que su protagonista Kozaro, el escriba, tiene una parte importante en su narración, pues cuando alguien le pregunta si puede seguir leyendo, “tiene que pensar si la lectura es algo que depende de los ojos o no.
“Escribe en alfabeto cirílico en una Bulgaria donde el alfabeto todavía es joven, la gente no es muy letrada y no se escriben historias, crónicas, poesía ni, por supuesto, novela. Los textos que tenemos de aquella época, el año 1014 y para atrás, son textos litúrgicos, algunos de leyes o inventarios. No sobrevivió nada de historia ni poesía de aquella época. Como novelista me dejan todo el campo para imaginar y es lo que hice en esta novela.”
Llenar los vacíos
David Toscana refirió que sólo hubo un cronista de Bulgaria el cual asentó que el zar vio el regreso de su “ejército ciego y murió de la impresión. Ya no hay más crónicas, no hay más historia, ni siquiera alguna arqueología que nos pueda hablar de lo que ocurrió”.
▲ El escritor David Toscana incluyó el “nosotros” en su más reciente narración, algo que nunca había hecho.Foto ©Ulf Andersen Getty Images/
Cortesía de Alfaguara
Contó que el historiador polaco Paweł Jasienica propuso que este tema era materia “para novelistas, porque todos los elementos de la tragedia griega están puestos ahí. Tomé el anzuelo y me dije: ‘vamos a llenar este vacío de la historia, donde no se nos dice qué pasó con estos ciegos y vamos a llenarlo con literatura, que se aleja del relato convencional porque cuando tengan la oportunidad de leerla se van a dar cuenta de que hay una buena dosis de fábula”.
Los novelistas, agregó el autor, “suelen tener muchas pasiones de historiador, pero nunca les deben ganar. Tienen que estar seguros de cuál es la historia que se cuenta como novela y no llenarla de cada cosa que averiguó. Yo voy a contar todo lo que tenga que ver armónicamente con una novela. Y entonces tengo que ser novelista y no historiador”.
El narrador eludió recrear una historia realista; en cambio, se dedicó a convertir esa escena tan trágica “en belleza, en algo sólido para el espíritu humano. Los ciegos no son unos derrotados, son personajes que tienen su individualidad, algo qué decir y hacer y una fuerte dignidad, incluso vocación para el heroísmo”.
En Bulgaria hay estatuas y obras de arte sobre este acontecimiento, pero “no se había visto en literatura. Mil 12 años después del evento no habían escrito la novela y un mexicano viene a escribirla. La literatura es algo universal. Como mexicano tengo derecho de meterme en mundos, en pasados, incluso en relatar en español algo que ocurrió en otra lengua. El novelista tiene el derecho a la imaginación que no tiene el historiador”.
Para El ejército de ciegos, se concentra en la voz de Kozaru, pues no puede ser la historia de 15 mil protagonistas. “Tomo algunos que tienen ciertas peculiaridades y creo que lo individual es lo importante en la novela. Siempre hay que centrarse en el individuo, que es el que tiene la capacidad de ver las cosas a su manera, de tener su propia dignidad y este peso que lo derrota o lo sublima”.
En su más reciente novela, incluyó algo que antes no había hecho: “el nosotros, la primera perrona del plural. Hay muchas experiencias que se viven en grupo. ‘Nosotros los ciegos hicimos tal cosa, fuimos a tal, pasamos por esto’. Esta sería la más coral de todas las voces”.
El también autor de El peso de vivir en la tierra se reconoció como parte de los “antiguos que se admiraban de lo que era capaz el hombre, de construir y de destruir. Hace cosas maravillosas. Donde he encontrado esta maravilla es, sobre todo, en las humanidades y en las artes. Por eso me dedico a esto. Los escritores no tendríamos historias si no hubiera criminales, guerras, infidelidades y traiciones. Construimos nuestras historias con lo malo”.