El diálogo generacional define el lenguaje de Aksenti desde hace 35 años
▲ Hoy presentarán la última función de esta coreografía inspirada en la partitura de Béla Bartók. Aquí, un momento del ensayo.Foto Emmanuel Adamez
Daniel López Aguilar
Periódico La Jornada
Domingo 1º de febrero de 2026, p. 3
A 35 años de sostener a Aksenti Danza Contemporánea como una compañía independiente en México, Duane Cochran (Detroit, Michigan, 1955) decidió celebrar la persistencia, el riesgo y la obsesión creativa con una creación cuyo estreno original desató el escándalo.
El mandarín milagroso, inspirada en la partitura de Béla Bartók, llegó al escenario este fin de semana en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes (Cenart), como una producción de gran formato que reúne música en vivo, danza contemporánea y una dramaturgia corporal cargada de deseo, violencia y fatalidad.
“Llegar a casi cuatro décadas con una compañía independiente, sin dinero, es una tremenda labor”, dijo Cochran en entrevista con La Jornada. “Ha sido mucho trabajo, pero aquí estamos, haciendo, deshaciendo, creando”.
Para el coreógrafo, bailarín y pianista –fundador y director artístico de Aksenti– esta iniciativa concentra una historia de resistencia artística y una afinidad profunda con un material que, desde hace un siglo, incomoda a las buenas conciencias.
La creación cumple 100 años desde aquella función “fatídica” que obligó a bajar el telón protector ante la reacción del público.
“Fue tal la reacción que provocaron la partitura y la puesta en escena que temían que la gente subiera al foro y lo destrozara todo. Ese gesto de rechazo histórico forma parte del diálogo que la compañía busca activar hoy, al poner en juego una música que conserva su potencia disruptiva”, recordó Cochran.
“La música de Bartók todavía es moderna, es contemporánea, son partituras bastante complejas… es una escritura radical y audaz, con un clímax demoledor.”
El programa abre con el Concierto para violín de Igor Stravinski y culmina con El mandarín milagroso. Ambos universos dialogan desde el folclor, la tensión rítmica y una época marcada por la guerra.
“Las dos obras fueron escritas entre las guerras, cuando la gente tenía la necesidad de expresarse de alguna manera”, añadió el coreógrafo.
Ese diálogo se vuelve contraste: una primera parte de atmósfera más ligera y una segunda que se adentra en una historia cruda, cargada de erotismo, engaño y muerte.
“El relato que inspiró a Bartók –basado en un texto de Melchior Lengyel– se despliega como un cuento urbano de extrema violencia. Es un cuento espeluznante sobre la prostitución, el engaño, el robo y el homicidio”, añadió Cochran.
“La figura del mandarín, personaje místico y exótico, encarna un deseo que no encuentra descanso hasta consumarse. Es un cuento de amor tan fatal que tiene que terminar en la muerte.”
Llevar esa materia al cuerpo exigió un proceso riguroso y prolongado. Cochran convocó a la creadora Andrea Gabilondo, colaboradora de Pina Bausch, para trabajar la dimensión teatral con los intérpretes.
“Más que movimiento, necesitaba sacarles de sus entrañas las emociones que se requieren para presentar esto”, afirmó. El entrenamiento incluyó un curso intensivo de parkour, pensado para dotar a los bailarines de libertad física, fuerza y riesgo. “Necesitaba cuerpos con la habilidad total de moverse, saltar, subir y bajar”.
Participan principalmente intérpretes jóvenes, muchos de ellos en sus primeras experiencias profesionales. Para Cochran, esa energía resulta esencial. “Aportan ideas muy frescas y muy de su época. Están dejando todo en el salón de danza. La convivencia entre generaciones sostiene el lenguaje de Aksenti, un trabajo que combina disciplina, obsesión y escucha colectiva”.
La música en vivo es uno de los núcleos del proyecto. El violinista Sebastián Kwapisz, concertino de la Ofunam, participa de solista invitado, acompañado por dos pianistas que interpretan la versión a cuatro manos de El mandarín milagroso.
“Tener música en vivo es lo máximo. No es lo mismo ensayar con una grabación que hacerlo en vivo; cambia la respiración, el ritmo, la emoción”, puntualizó Cochran.
“¿Qué espero que ocurra con el público? Van a vivir una experiencia sensorial muy fuerte, una confrontación ética y, de algún modo, un rito contemporáneo.
“Puede que acomoden las piezas del rompecabezas de su alma o que salgan con todo hecho añicos. Nunca se sabe. Anticipo una experiencia que sacude: si no sicológicamente, emocionalmente o corporalmente, algo les va a dar, definitivamente.”
El mandarín milagroso es una producción apoyada por el Efiartes de Gran Formato, otorgado por primera vez a danza. Hoy tendrá su última función a las 18 horas en el Teatro de las Artes del Cenart (Río Churubusco 79, esquina calzada de Tlalpan, colonia Country Club).
Los boletos cuestan 200 pesos y se pueden adquirir en taquilla o en https://cenart.comprarboletos.com.