El tamal convocó a miles a una fiesta de memoria y comunidad en Los Pinos
Daniel López Aguilar
Periódico La Jornada
Domingo 1º de febrero de 2026, p. 2
Al tamal lo envuelve la hoja, pero lo convoca la gente. Entre vapores que se elevaban desde las cocinas de humo y aromas que anticipaban sabores, 5 mil 500 personas, según cifras oficiales, se congregaron este sábado en el Complejo Cultural Los Pinos para celebrar la víspera del Día de la Candelaria en una fiesta de maíz, memoria y comunidad.
Por primera vez, la que fuera casa de los ex presidentes abrió sus patios a esta expresión popular, cargada de significado cultural: un sitio históricamente asociado con el poder dio lugar a una tradición que pertenece a la calle, al barrio y a la mesa compartida.
Aunque en distintas alcaldías de la Ciudad de México se organizan ferias similares, que llegara a Los Pinos resultó especialmente significativo por su carga representativa y su vocación pública.
“A todo santo le llega su tamal”, se escuchaba entre risas, mientras familias, parejas y grupos de amigos recorrían la plaza Jacarandas y Cencalli siguiendo el rastro de los olores, más persuasivos que cualquier anuncio.
La actividad, que también se realiza en el Museo Nacional de Culturas Populares, reunió alrededor de 50 puestos: la mitad dedicados a preparaciones basadas en maíz y el resto a un pequeño mercado donde se ofrecían frutas, legumbres y productos artesanales.
Cartografía de sabores
En conjunto, la oferta reunió más de 80 especialidades de distintas regiones de México, una cartografía de sabores que iba del norte al sureste.
Desde las 10 horas, los cocineros encendieron hornos de piedra y leña, como antaño se prendían los altares dedicados a Xilonen, diosa del maíz tierno, y a Huitzilopochtli, según los relatos del cronista Fray Bernardino de Sahagún.
Entre la diversidad de propuestas destacó el zacahuil de Grindelia Hernández, de Zoquitipán, Hidalgo, reconocido por su tamaño monumental y su función comunitaria.
“Cuando alguien prueba este platillo, me dice que le recuerda a su pueblo y se pone muy contento. Es algo ancestral que en nuestra región se comparte con muchas personas durante las fiestas”, contó a La Jornada.
La masa martajada, mezclada con salsa de chile guajillo y especias, abrazaba carne de puerco, pollo o guajolote, envuelta en hojas de plátano. El aroma profundo se esparcía por la plaza y llamaba a acercarse. El entero, pensado para unas 50 personas, se ofrecía en 2 mil 500 pesos, mientras la porción se vendía en 70.
La oferta incluyó largas filas para probar sabores poco habituales: conejo, verdolagas, cabeza de cerdo, quelites, flor de calabaza y frijol, a 45 pesos, acompañados de atole –a 35– en versiones de maíz azul, cacao, pinole o piloncillo con canela.
▲ El encuentro reunió alrededor de 50 puestos de varios estados de la República Mexicana y otros países, como Colombia.Foto Jesús Gómez
Uno de los puestos más concurridos fue el del Colectivo de Colombia, instalado en el local Ocentlalli. Ahí, el mexicano Gustavo Rodríguez y su pareja, Viviana Castrillo, originaria de ese país sudamericano, ofrecían el tolimense, la preparación más representativa de aquella nación, en 120 pesos.
“Proviene de Tolima, una región de Colombia, y por eso lo traemos a esta feria. Es uno de los más típicos”, explicó Rodríguez.
“Envuelto en hoja de plátano, se elabora con arroz, harina de maíz, alberjón amarillo, carne de puerco, panceta, zanahoria, papa y medio huevo cocido. La diferencia principal con los de aquí es que el nuestro es a base de arroz. Como pasa en México, en Colombia cada región tiene su versión.”
También hubo espacio para la sorpresa. Ignacio Mota, de Calpulalpan, Tlaxcala, presentó preparaciones con insectos comestibles: chapulines, cocopache, chicatanas, chinicuil y acociles con calabacitas, a 60 pesos.
“Al principio la gente se asusta, pero cuando prueba, se enamora del sabor”, señaló. Entre risas, un niño celebraba lo divertido de pronunciar “chinicuil”, mientras sus padres descubrían que los insectos también podían ser manjar.
Del lado vegetal, Ceredisae Herrera, de Tlalpan, ofrecía versiones con setas, frijol con queso vegetal y birria de hongos. Entre las opciones dulces destacaban combinaciones de zarzamora con queso de almendras o cocoa con avellanas.“Tamal sin animal es mejor en vegetal”, dijo con picardía,
Los clásicos oaxaqueños de Sandra Luz Villegas, de Puerto Ángel, también se hicieron notar. Su preparación estrella se ofrecía en 45 pesos. “El tamal no se hace en soledad: se hace en familia, en comunidad”, recordó, mientras los visitantes abrían cada hoja con cuidado.
La tarde avanzó entre sabores y conversaciones. Tlaxcala, Oaxaca, Hidalgo, Veracruz, Tabasco, Michoacán y la Ciudad de México compartieron espacio con recetas de otros países; así quedó claro que el maíz sigue siendo un idioma común. Para cerrar con humor, flotó en el ambiente un refrán conocido: “El que parte y reparte, se lleva su tamal”.
La celebración continuará este domingo de 10 a 18 horas, con nuevas oportunidades para recorrer, probar y mantener viva una tradición que, hoja por hoja, sigue reuniendo a la gente.