Estas rarezas cósmicas pasaron desapercibidas al ojo humano, pero la IA las ha rescatado de un archivo de 35 años
El archivo histórico del telescopio Hubble ha recibido una segunda lectura, pero no con más horas de observación, sino con una herramienta de inteligencia artificial. Dos investigadores de la Agencia Espacial Europea (ESA) han aplicado un modelo llamado AnomalyMatch a 35 años de imágenes para localizar más de 1.300 objetos con apariencia poco común que el ojo humano pasó por alto.
Según se detalla en el estudio, el sistema examinó casi 100 millones de pequeños recortes de imagen del Hubble Legacy Archive en dos días y medio. Después, los autores revisaron manualmente los candidatos mejor puntuados y confirmaron que más de 800 anomalías no estaban documentadas en la literatura científica.
Una IA entrenada para encontrar lo que el ojo no ve
El Hubble Legacy Archive es una biblioteca con 35 años de observaciones acumuladas, miles de programas científicos y campos del cielo muy distintos. Para poder procesar todo, la búsqueda de anomalías cósmicas no se hace “foto a foto”, sino con recortes alrededor de fuentes detectadas, cada uno de apenas unas decenas de píxeles y un tamaño angular de 7 a 8 segundos de arco por lado.
Ese enfoque tiene sentido porque muchas rarezas astronómicas no destacan por brillo, sino por forma. El problema es que, en un archivo así, las anomalías son una minoría extrema. Aunque existan proyectos de ciencia ciudadana y campañas de clasificación, el volumen total crece más rápido que la capacidad humana de inspección al detalle.
AnomalyMatch trata la tarea como una clasificación binaria (normal/anómalo) y combina aprendizaje semisupervisado con aprendizaje activo. El sistema puede empezar con pocos ejemplos etiquetados, proponer nuevos candidatos y mejorar a medida que el experto confirma aciertos o corrige falsos positivos.
Con ese esquema, el modelo recorrió el conjunto completo del archivo, con cerca de 100 millones de recortes, en un plazo de 2–3 días usando una sola GPU. El resultado inicial fue una lista de alrededor de 1.400 candidatos extraños. Tras la revisión humana, el recuento final superó las 1.300 anomalías confirmadas, con más de 800 sin referencias previas en publicaciones científicas.

En cuanto al catálogo de rarezas, predominan las galaxias en interacción o fusión, que aparecen deformadas, con colas de estrellas y gas o estructuras asimétricas. También destacan los candidatos a lente gravitacional, un fenómeno en el que la gravedad de una galaxia en primer plano curva el espacio-tiempo y convierte la luz de otra más lejana en arcos o anillos.
Además, el barrido sacó a la luz ejemplos de galaxias tipo medusa (con tentáculos gaseosos), galaxias anulares y sistemas con grandes grumos de formación estelar. Incluso aparecieron discos protoplanetarios vistos de canto en nuestra propia galaxia, que parecen una hamburguesa. También hubo varias decenas de objetos que no encajan con claridad en categorías habituales.
En definitiva, la IA consiguió hacer en pocos días lo que un humano no podría realizar en su vida entera. Esta tecnología puede ser clave para la exploración del cosmos, porque alivia la carga de trabajo humana en las tareas más repetitivas para que el astrónomo se concentre en las más lógicas y racionales.