Propone senador Márquez incorporar seguridad alimentaria a Ley de Aguas Nacionales
- Esto es fundamental para proteger a pequeños, medianos productores, ejidos y comunidades rurales que hoy viven con incertidumbre frente a decisiones administrativas que pueden comprometer su existencia, destacó.
El senador Miguel Márquez Márquez propuso incorporar de manera expresa el concepto de seguridad alimentaria en la Ley de Aguas Nacionales y reconocer la disponibilidad y la gestión sustentable del agua destinada a la producción agropecuaria, pesquera y acuícola, que es una responsabilidad permanente del Estado.
Asimismo, detalló, se plantea que ante riesgo de disponibilidad, la autoridad del agua actúe con valoración técnica, oportuna y criterios objetivos que brinde certeza jurídica a quienes utilizan el recurso de manera real, responsable y productiva y no con criterios políticos.
“Esto es fundamental para proteger a pequeños medianos productores, ejidos y comunidades rurales que hoy viven con incertidumbre frente a decisiones administrativas que pueden comprometer su existencia”, explicó.
El senador por Guanajuato destacó que esta reforma está alineada con los compromisos internacionales de México, particularmente con los de desarrollo sostenible, hambre cero, agua limpia y producción responsable.
“Defender esta iniciativa, amigas y amigos, es defender al campo mexicano, a las cadenas agroalimentarias y a millones de familias que dependen de ellas, es apostar por una gestión equilibrada y con sentido social, es reconocer que sin seguridad alimentaria no hay desarrollo posible”, dijo.
Ante el pleno del Senado, Miguel Márquez alertó que hoy la gente del campo enfrenta un problema muy serio: la falta de comercialización del maíz, de tal manera que los apoyos acordados con el gobierno federal y los estados no puede ser dado a la gente del campo porque no hay quienes compren y ya las deudas los alcanzaron.
Puntualizó que el campo enfrenta el cambio climático, la falta de incertidumbre jurídica, de subsidios, de apoyo económico y una crisis más severa donde los jóvenes ya no quieren trabajar ahí.
“Hoy el promedio de edad de la gente que trabaja en el campo es de 55 años, en Europa es de 65 a 70 años, ¿por qué? porque el campo está dejando de ser atractivo, el campo está dejando de ser rentable y este es un problema serio que tenemos que enfrentar de manera responsable y el agua y campo, insisto, es igual a producción, a soberanía alimentaria”.
Por eso, insistió que con su propuesta se garantizará agua para producir alimentos, estabilidad, dignidad y bienestar para México.
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Intervención del senador Miguel Márquez Márquez para presentar un proyecto de decreto por el que se reforma la Ley de Aguas Nacionales.
Ciudad de México, a 4 de febrero de 2026.
Intervención del senador Miguel Márquez Márquez para presentar un proyecto de decreto por el que se reforma la Ley de Aguas Nacionales.
Con su venia Presidenta, compañeras y compañeros senadores. Hablar del agua es hablar de vida, pero hablar del agua también es hablar de alimentos, de campo, de familias rurales y de la capacidad del Estado Mexicano para garantizar derechos que no pueden separarse unos de otros, y me refiero a la tierra y el agua, igual a producción alimentaria.
México dio un paso histórico cuando elevó el rango constitucional, el derecho humano al agua y el saneamiento.
Sin embargo, hoy debemos reconocer con responsabilidad que ese derecho por sí solo no garantiza que el agua cumpla con su función estratégica para otro derecho igualmente fundamental e importante, que es el derecho a la alimentación, de lo que tanto hablamos, soberanía alimentaria.
La legislación vigente en materia de aguas ha priorizado correctamente el consumo humano y doméstico, pero al hacerlo ha dejado un vacío conceptual y jurídico, no reconoce de manera explícita la seguridad alimentaria como eje de la política hídrica nacional.
A pesar de que sin agua no hay producción de alimentos y sin alimentos no hay bienestar ni estabilidad social.
Tendríamos que depender obviamente de la importación de alimentos en este país y por tanto no llegaríamos a esa soberanía alimentaria tan anhelada.
Los datos son claros y no admiten interpretaciones ideológicas. A nivel mundial alrededor del 70 por ciento del agua extraída se destina a la producción de alimentos y en países en desarrollo esta proporción puede alcanzar hasta el 95 por ciento.
México no es la excepción. De acuerdo con el Censo Agropecuario 2022, nuestro país cuenta con más de 257 mil kilómetros cuadrados de superficie agrícola, de los cuales el 74 por ciento es de temporal y el 27 por ciento es de riego. Esto significa que millones de productores dependen directamente de una gestión eficiente, previsible y sustentable del agua.
Sin embargo, la realidad hídrica del país es compleja. Contamos con 653 acuíferos, pero no todos presentan condiciones óptimas de disponibilidad y aunque tenemos 757 cuencas hidrológicas, la presión sobre el recurso hídrico es creciente.
Compañeros y compañeras, priorizar el consumo humano no puede interpretarse como excluir el uso de agua para fines productivos esenciales como es el alimentario.
El derecho humano al agua y el derecho a la alimentación son interdependientes e indivisibles, no compiten entre sí, se fortalecen mutuamente.
Garantizar agua para producir alimentos es en los hechos garantizar el derecho de que llegue el alimento a la mesa de las familias mexicanas.
Esta iniciativa que se somete a consideración de esta soberanía no debilita en ninguna forma la reforma de diciembre del 2025, al contrario, la complementa y la fortalece.
Propone incorporar de manera expresa el concepto de seguridad alimentaria en la Ley de Aguas Nacionales y reconocer la disponibilidad y la gestión sustentable del agua destinada a la producción agropecuaria, pesquera y acuícola, que es una responsabilidad permanente del Estado.
Asimismo, se plantea que ante riesgo de disponibilidad la autoridad del agua actúe con valoración técnica, oportuna y criterios objetivos que brinde certeza jurídica a quienes utilizan el recurso de manera real, responsable y productiva y no con criterios políticos.
Esto es fundamental para proteger a pequeños medianos productores, ejidos y comunidades rurales que hoy viven con incertidumbre frente a decisiones administrativas que pueden comprometer su existencia.
Esta reforma está alineada con los compromisos internacionales de México, particularmente con los objetivos de desarrollo sostenible, hambre cero, agua limpia y producción responsable, pero sobre todo está alineada con una visión de Estado, que entiende que el agua no solamente se bebe, el agua también se siembra y para eso necesitamos más recursos, más subsidios, más inversión, sobre todo una inversión histórica en materia de tecnificación de agua de uso de riego agrícola, me refiero al riego por goteo, mayor financiamiento rural, programas de mecanización agrícola, precios justos, etcétera, lo que demanda el campo el día a día.
Defender esta iniciativa, amigas y amigos, es defender al campo mexicano, a las cadenas agroalimentarias y a millones de familias que dependen de ellas, es apostar por una gestión equilibrada y con sentido social, es reconocer que sin seguridad alimentaria no hay desarrollo posible.
Si queremos un país fuerte necesitamos un campo fuerte y productivo.
Amigas y amigos, hoy están viviendo nuestra gente del campo un problema muy serio, la falta de comercialización en el caso concreto del maíz, no han podido vender el maíz de manera como se esperaba y esto ha generado un cuello de botella, de tal manera que los apoyos acordados con el gobierno federal y los estados no puede ser dado a la gente del campo porque no hay quienes compren maíz y a la gente ya le llegó el agua al cuello, ahora sí, las deudas los alcanzaron.
Ahí se requiere efectivamente hacer una política de Estado, donde se limiten los cupos de importación y se privilegie primeramente la comercialización del maíz producido en nuestro país y aquel maíz que haga falta una vez comercializado el que se produce aquí en nuestro país, entonces sí, que venga la importación porque de otra manera seguimos importando más maíz a precio más bajo y esto está perjudicando a los campesinos mexicanos.
Amigas y amigos, en el campo es urgente poner atención, el campo ya nada más enfrenta el cambio climático, ya nada más falta la incertidumbre jurídica, la falta de subsidios, de apoyo económico a la gente del campo, hoy enfrenta una crisis más severa todavía, más allá de los precios injustos, que es literalmente el que los jóvenes ya no quieren trabajar en el campo, el relevo generacional.
Hoy el promedio de edad de la gente que trabaja en el campo es de 55 años, en Europa es de 65 a 70 años, ¿por qué? porque el campo está dejando de ser atractivo, el campo está dejando de ser rentable y este es un problema serio que tenemos que enfrentar de manera responsable y el agua y campo, insisto, es igual a producción, concluyo presidenta, es igual a producción, a soberanía alimentaria.
Por eso, compañeras y compañeros, les pido acompañar esta propuesta con una visión de futuro, que garantice agua para producir alimentos, que garantice estabilidad, dignidad y bienestar para México y sobre todo dignidad para la gente del campo, muchas gracias por su atención, gracias presidenta.
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