¿Es hora de perder la fe en el oro? Volatilidad sube, pero ciclo alcista parece no terminar
Bloomberg Línea — El oro atraviesa a comienzos de 2026 uno de los episodios más abruptos de su historia reciente. Tras rozar los US$5.600 por onza en la tercera semana de enero y alcanzar un máximo intradía de US$5.595, el metal cerró el primer mes del año con su mayor retroceso diario desde 1983.
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El índice de volatilidad del oro se ha disparado hasta niveles no vistos desde la crisis financiera, en un ajuste que ha generado una pregunta inevitable en los mercados. Si el activo que se presenta como refugio se mueve así, ¿se mantiene intacta la tesis estructural o el ciclo dejó atrás su fase alcista?
El debate se amplifica porque el movimiento ocurre después de un ascenso que llevó al oro desde US$2.000 a comienzos de 2024 hasta más de US$5.000 en enero de 2026. El retorno acumulado desde el inicio del actual mercado alcista en 2022 alcanza cerca de 200%.
En este contexto, Alejo Czerwonko, CIO de Mercados Emergentes para las Américas en UBS, sostiene que el metal mantiene su función estratégica. “El oro sigue siendo un activo refugio y la justificación para invertir en oro sigue siendo convincente. Por ello, lo mantenemos en nuestras carteras globales”. Además, la comparación histórica muestra que hay espacio por recorrer, pues los grandes ciclos anteriores, entre 1976 y 1980 y entre 2001 y 2011, registraron rendimientos acumulados de aproximadamente 500% y 600%.
Volatilidad en máximos, tesis intacta
El repunte y posterior corrección de enero ilustran una característica central de los mercados alcistas del oro. Los gráficos históricos de 1976 a 1980 y de 2001 a 2011 muestran al menos cinco correcciones de 10% o más en cada ciclo. El mercado actual acumula dos ajustes de esa magnitud. La serie de drawdowns confirma que los retrocesos forman parte del patrón del activo en fases expansivas.
El índice de volatilidad del oro refleja esa dinámica. A comienzos de 2026 se observó un salto abrupto, coincidente con la ruptura de la barrera psicológica de US$5.000 y con el posterior cambio en las expectativas de política monetaria tras el anuncio de que Kevin Warsh fue el escogido para reemplazar a Jerome Powell en la Reserva Federal. La reacción incluyó ventas masivas en metales, apreciación del dólar y un empinamiento de la curva de rendimientos en Estados Unidos.
Imaru Casanova, gestora de portafolio en VanEck, señaló en su análisis mensual que el episodio no altera el trasfondo estructural. “El pico y la caída del oro en enero destacan la volatilidad, pero la tesis del mercado alcista permanece intacta”. En su evaluación, la demanda continúa sólida y el ciclo tiene margen temporal. “Creemos que este mercado alcista del oro todavía tiene varios años por delante”.
Los datos de demanda refuerzan esa lectura. El World Gold Council informó que la demanda total superó 5.000 toneladas en 2025 por primera vez, con un valor de US$555.000 millones y un aumento interanual de 45%. Las tenencias globales de ETF respaldados en oro crecieron en 801 toneladas, el segundo mayor incremento anual registrado. Los bancos centrales adquirieron 863 toneladas en el año, una cifra inferior al ritmo cercano a 1.000 toneladas observado en años recientes pero que permanece en niveles históricos elevados.
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JPMorgan (JPM) mantiene una postura optimista. En su actualización más reciente, el equipo de análisis afirma que “incluso con la reciente volatilidad de corto plazo, creemos que el impulso alcista de largo plazo seguirá intacto y mantenemos firmemente nuestra convicción alcista en el oro a mediano plazo”. La entidad proyecta un precio promedio de US$5.708 en 2026 y de US$6.550 en 2027, con un objetivo de US$6.300 hacia el cuarto trimestre de 2026 y un máximo estimado de US$6.600 en el tercer trimestre de 2027.
Demanda estructural y reasignación global
El argumento central de quienes sostienen la tesis alcista descansa en la combinación de demanda oficial, flujos de inversión y dinámica macroeconómica. John Kratochwil, analista sénior de AGF Investments, sostiene que incluso después del desempeño superior” que ha tenido “hay razones para creer que los vientos de cola continuarán”. La afirmación se inscribe en un entorno de mayor volatilidad política en Estados Unidos y de reasignación de reservas a nivel internacional.
Su análisis vuelve a identificar a la demanda estructural de bancos centrales como uno de los pilares. Kratochwil afirma que las compras de las autoridades muestran “un período sin precedentes de tres años en los datos modernos que redujo el flotante disponible”. La continuidad de ese patrón limita la oferta efectiva en el mercado.
Otro elemento relevante es la composición de reservas internacionales. La serie histórica sobre el valor del oro en manos de bancos centrales frente a los bonos del Tesoro estadounidense indica que, tras décadas de predominio de los Treasuries, la proporción de oro retomó una tendencia ascendente desde mediados de la década de 2000. El contexto geopolítico y las sanciones financieras reforzaron el interés por activos que no dependen de un solo emisor soberano.
Kratochwil subraya que “la participación del oro en las reservas internacionales alcanzó aproximadamente 18,3% en 2024, frente a niveles de un solo dígito a mediados de la década de 2010”. La cifra refleja una diversificación gradual frente a activos denominados en dólares.
El flujo hacia ETF respaldados físicamente refuerza esa dinámica. El analista indica que “después de salidas durante varios años, los ETF respaldados físicamente giraron hacia entradas sostenidas durante 2025, culminando en el año calendario más fuerte registrado”. Este retorno de demanda occidental se suma a las compras oficiales.
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David Schassler, Head of Multi Asset Solutions en VanEck, sintetiza esa visión en su análisis sobre el actual ciclo. “Este es el tercer gran mercado alcista del oro en tiempos modernos” y recuerda que el rendimiento acumulado de cerca de 200% desde 2022 no replica aún los avances de ciclos previos. “La historia no sugiere que este movimiento haya terminado, sino que todavía está en curso”.
Oro en cartera y debate sobre su rol
El comportamiento relativo del oro frente a otras clases de activos aporta otra dimensión al análisis. El gráfico de retornos acumulados muestra que el oro supera a acciones estadounidenses, bonos del Tesoro y un índice amplio de commodities en horizontes de uno a cinco años. En el último año el metal registra un avance superior a 70%, frente a 16% en acciones y cifras menores en bonos.
La correlación histórica del oro con acciones y bonos permanece cercana a cero, con coeficientes de 0,02 frente a acciones estadounidenses y 0,06 frente a bonos. Durante episodios de caídas de entre 10% y 20% en acciones, el oro exhibió retornos promedio positivos, lo que refuerza su rol de diversificación.
La discusión sobre si el oro constituye “dinero muerto” reaparece tras cada corrección. David Schassler, de VanEck, cuestiona esa etiqueta al definir el concepto con una métrica concreta. “Definimos dinero muerto como el número de días calendario requeridos para superar un máximo anterior”, explica. Su comparación histórica entre el oro y el S&P 500 muestra que las acciones registran más episodios de recuperación prolongada en horizontes cortos que el metal.
El resultado no implica que el oro suba de forma lineal, pero sí desactiva uno de los argumentos estructurales más recurrentes en su contra. Si el activo no exhibe peores periodos de recuperación que la renta variable y además mantiene baja correlación con acciones y bonos, una corrección del 10% no invalida el ciclo. Lo que hace es encajar dentro de un patrón histórico compatible con mercados alcistas extensos.
Las compañías mineras representan otro frente de análisis. Casanova observa que las acciones del sector han quedado rezagadas frente al metal en el corto plazo, pero identifica un cambio en las expectativas de mercado. “Los analistas de renta variable y de commodities publican cada vez más proyecciones de precios del oro que no solo apuntan a precios más altos en 2026, sino que también asumen niveles sostenidos o elevados hasta 2028 y 2029”. Ese ajuste en supuestos podría incidir sobre valoraciones, utilidades y flujos de caja.
“Las acciones mineras representan una alternativa válida al metal físico. Hay varias empresas que consideramos atractivas en el sector minero global para ayudar a los inversores que revisan sus posiciones ante una visión constructiva sobre las materias primas», añade Czerwonko.
El analista recuerda que, históricamente, “los mercados alcistas del oro solo han terminado cuando se han dado tasas reales de interés altas de manera sostenida, un dólar estructuralmente más fuerte y se ha restaurado la credibilidad de los bancos centrales”. Esas condiciones todavía no se ven. Czerwonko considera que los precios del metal se verán respaldados este año por dos recortes adicionales de tasas de la Fed y una demanda sostenida por parte de bancos centrales y fondos cotizados (ETFs).
Por ello, aunque el oro muestra volatilidad creciente, sensibilidad a la política monetaria y mayor participación especulativa, los datos de demanda, la trayectoria histórica de ciclos anteriores y las proyecciones de entidades como UBS y JPMorgan sostienen la tesis de que el mercado alcista responde a fuerzas estructurales.
“Vemos el oro como una cobertura estratégica dentro de una cartera de inversión. Una asignación de un dígito medio en la cartera es óptima para quienes tienen afinidad por el oro”, dijo Czerwonko. UBS cree que el precio del metal podría alcanzar unos US$6.200 por onza de aquí a seis meses, antes de consolidarse más cerca de los US$5.900 en 12 meses.
Schassler dice que creen “muy firmemente” que los inversionistas deberían tener una asignación del 10% para diversificar en activos reales. El objetivo no es aumentar la volatilidad total del portafolio, sino ampliar el conjunto de oportunidades dentro de un régimen que, a su juicio, dejó atrás la dominancia monetaria y entró en una fase marcada por presión fiscal, mayor gasto y demanda de activos con escasez incorporada.
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La tesis se apoya en una lectura más amplia del ciclo. Schassler argumenta que la economía global atraviesa un cambio estructural que exige inversión masiva en energía, insumos industriales y capacidad productiva asociada a la inteligencia artificial. En ese contexto, la volatilidad reciente del oro no constituye una anomalía, sino una característica del entorno.
En conjunto, los analistas consideran que el sesgo al alza para el oro sigue siendo apropiado. La tesis descansa en la combinación de compras oficiales, reasignación de reservas, retorno de flujos hacia ETF y oferta inelástica. En un entorno de crecimiento global moderado y persistencia de riesgos geopolíticos, el metal mantiene un respaldo estructural dentro de las carteras institucionales.