Nuevo mapa productivo: inversiones récord en energía y minería reconfiguran la economía …
Mientras la industria tradicional atraviesa cierres y reestructuraciones, los megaproyectos en Vaca Muerta, el litio y el cobre impulsan un giro estructural en las regiones con perfil exportador
Argentina vive un proceso de reordenamiento productivo que marca un antes y un después en la estructura económica del país. En simultáneo con cierres de plantas industriales, ventas de activos históricos y ajustes en sectores orientados al mercado interno, avanzan inversiones multimillonarias en energía y minería que están redefiniendo el mapa de desarrollo regional.
El contraste es visible: mientras algunos complejos fabriles enfrentan dificultades por la caída del consumo, la presión importadora y los costos en dólares, los proyectos vinculados a recursos naturales y exportaciones concentran los mayores desembolsos privados de los últimos años.
El fenómeno no solo impacta en los balances empresariales, sino también en la distribución territorial de la inversión y en el rol estratégico de provincias como Neuquén, Río Negro, San Juan y Salta.
Industria en ajuste: cierres, ventas y reestructuraciones
En los últimos meses, distintos sectores de la industria tradicional atravesaron decisiones críticas.
Uno de los casos más relevantes fue el de la fábrica de neumáticos Fate, que anunció el cierre de su planta tras operar al 30% de su capacidad y bajo fuerte presión de las importaciones. La medida implicó el despido de cientos de trabajadores y encendió alertas sobre la competitividad del sector manufacturero.
La textil Emilio Alal también bajó las persianas de sus plantas en Corrientes y Chaco, mientras que TN & Platex —proveedor de marcas internacionales como Nike y Adidas— cerró por tiempo indefinido su establecimiento en Tucumán y avanzó en un proceso de concurso preventivo.
En paralelo, Whirlpool decidió concentrar su operación en la importación y cerró su planta de lavarropas en Pilar, inaugurada apenas tres años antes, con el consiguiente impacto laboral.
El movimiento empresarial también incluyó operaciones de reconfiguración societaria: la canadiense Saputo vendió el 80% de su negocio lácteo en Argentina por unos USD 500 millones, y en el mercado se especuló con eventuales ventas en el segmento retail, aunque algunas no prosperaron.
La industria automotriz tampoco quedó al margen. La producción mostró señales de desaceleración por la menor demanda externa —especialmente desde Brasil— y por una estructura de costos que obliga a revisar estrategias de competitividad y escala.
El nuevo eje de crecimiento: energía y minería como motor de inversión
Mientras parte del entramado industrial atraviesa un proceso de ajuste, otro segmento concentra apuestas de largo plazo con desembolsos récord.
El proyecto más relevante es el complejo de licuefacción de Gas Natural Licuado (GNL) impulsado por el consorcio Southern Energy —integrado por PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG—. La iniciativa contempla inversiones de hasta USD 30.000 millones para desarrollar infraestructura de exportación desde Neuquén y Río Negro, incluyendo unidades flotantes y obras asociadas al transporte de gas.
El impacto posiciona al desarrollo de Vaca Muerta como uno de los pilares estratégicos de la economía argentina en la próxima década, con un perfil claramente exportador.
En el mismo yacimiento, la firma Vista Energy adquirió los activos de la noruega Equinor por USD 712 millones, consolidándose como la mayor petrolera privada en shale oil del país y reforzando su presencia en la cuenca neuquina.
Minería: inversiones históricas y expansión del cobre y el litio
El otro gran vector de transformación está en la minería de gran escala.
En San Juan, la empresa Vicuña anunció un desembolso de USD 18.000 millones para desarrollar proyectos de cobre, oro y plata hasta 2030. Los propios ejecutivos destacaron que el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) fue determinante para definir la localización del proyecto en Argentina frente a otras alternativas internacionales.
También en el sector cuprífero, la minera canadiense First Quantum actualizó la inversión prevista para el proyecto Taca Taca, en Salta, elevándola a USD 5.250 millones. La ampliación permitirá incrementar la producción y alcanzar exportaciones estimadas en USD 3.400 millones anuales durante la primera década de operación.
En paralelo, el proyecto Los Azules —liderado por McEwen Copper en San Juan— proyecta desembolsos superiores a USD 2.600 millones una vez completadas las etapas de factibilidad y construcción.
El litio también forma parte del nuevo mapa productivo. La multinacional Rio Tinto anunció inversiones por USD 2.724 millones para expandir la producción en Salta y alcanzar una capacidad proyectada de 60.000 toneladas anuales del mineral clave para la fabricación de baterías y la transición energética global.
El rol clave del marco regulatorio y la estabilidad fiscal
En todos los proyectos de gran escala, los inversores coincidieron en señalar tres factores determinantes: estabilidad fiscal, previsibilidad en el acceso a divisas y reglas claras de largo plazo.
La implementación del RIGI se convirtió en un instrumento central para atraer capitales intensivos en inversión inicial y con horizontes de recuperación superiores a los diez años.
Desde la perspectiva empresarial, la señal de política económica pesa tanto como la disponibilidad de recursos naturales.
Un nuevo mapa productivo con ganadores y desafíos
El resultado es una redistribución clara del capital hacia provincias con perfil energético y minero.
Neuquén y Río Negro consolidan su posición como epicentro del nuevo ciclo energético, impulsado por Vaca Muerta y la infraestructura de exportación de gas.
San Juan y Salta se posicionan como polos estratégicos en cobre y litio, con inversiones que superan los USD 20.000 millones y que pueden transformar la matriz exportadora nacional.
El contraste es evidente: mientras sectores industriales tradicionales atraviesan una etapa de ajuste y reestructuración, los recursos naturales y los proyectos vinculados al mercado externo concentran las mayores expectativas de crecimiento.
El desafío hacia adelante será lograr que esta ola de inversiones no solo incremente las exportaciones, sino que también genere encadenamientos productivos, empleo de calidad y desarrollo sostenible en las regiones donde se ejecutan los proyectos.
Con información de Infobae