Falleció Pedro Friedeberg, “el último de los surrealistas”
▲ Hoja de contactos de una sesión de retratos del pintor Pedro Friedeberg.Foto Rogelio Cuéllar
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Viernes 6 de marzo de 2026, p. 3
El pintor y escultor italomexicano Pedro Friedeberg (Florencia, 11 de enero de 1936), conocido por su personalidad excéntrica y provocadora, así como “el último de los surrealistas”, falleció ayer por la mañana en San Miguel de Allende, informó su familia en sus redes sociales.
Tal vez su obra más difundida ha sido su silla en forma de mano, así como sus pinturas de estilo fácilmente identificable, inspirado en planos arquitectónicos que juegan con el espacio y crean diseños inusuales. Hace tres años se estrenó el documental Pedro, de Liora Spilk.
Aunque su impronta no cambió, Friedeberg siempre se mantuvo abierto a la experimentación, como muestra su incursión en 2021 en el criptoarte con el uso de NFT. Es decir, “un archivo digital único autentificado de una cadena de bloques consensuado en nodos de una red en el ciberespacio, que contiene una pieza de arte criptográfico ‘non fungible’ con un tipo de token”, como se leía en el anuncio de SD: Sana distancia, su primera exposición en este medio. Lo que diferenciaba la obra de Friedeberg de otros ejemplos de criptoarte era que tenía movimiento o animación. Se trata de un arte “intangible”; sin embargo, el artista exhibió una serie de dibujos producto de su experiencia durante el confinamiento por la pandemia de covid.
Llegó a México a los tres años de edad junto con su familia, que huía de la Segunda Guerra Mundial. Estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana, donde conoció al artista Mathias Goeritz (1915-1990), quien lo apoyó y promovió. La pintora Remedios Varo recomendó su trabajo a la galería Diana, donde el joven Pedro celebró su primera exposición en 1959.
Dos años después formó parte de Los Hartos, grupo que rechazaba la pintura de tema social y política. En su manifiesto, redactado por Goeritz, se decían “hartos de la pretenciosa imposición de la lógica y de la razón, del funcionalismo, del cálculo decorativo y, desde luego, de toda la pornografía caótica del individualismo, de la gloria del día, de la moda del momento, de la vanidad y de la ambición, del bluff y de la broma artística, del consciente y subconsciente egocentrismo, de los conceptos fatuos, de la aburridísima propaganda de los ismos y de los istas, figurativos o abstractos”.
Fue objeto de galardones y reconocimientos, entre ellos, del primer lugar en la Exhibición Solar, en la Ciudad de México (1967), y el premio especial de la 11 Bienal de Artes Gráficas, en Tokio (1984). En 2012 recibió la Medalla de Bellas Artes.
En esa ocasión expresó su sorpresa “cuando hace tan poco tiempo no era del gusto institucional”, así como su curiosidad en cuanto a “la forma en que cambia de forma imprevista y repentina el gusto y la apreciación del arte en la actualidad, si arte se le puede llamar. Desde luego que el arte prácticamente ya no existe desde hace mucho tiempo, como dije en 1961 cuando, junto con Mathias Goeritz, Chucho Reyes y José Luis Cuevas fundamos el grupo de Los Hartos”.
Con el Museo de Arte Moderno de escenario, Friedeberg acotó que “el arte estaba igual de muerto en aquel entonces que ahora, ya que se habían encargado de asesinarlo, primero, otro medio siglo atrás del dichoso manifiesto, un tal señor Marcel Duchamp; segundo, un hábil caricaturista llamado Pablo Picasso, y, tercero, un retrasado mental conocido como Andy Warhol”.
Tras reconocer que ése no era el momento de “sacar viejas rencillas, ni de recrear animosidades, animadversiones, discusiones estéticas y faltas de estética”, Friedeberg se dijo complacido de estar allí: “me da mucho gusto que las generaciones jóvenes tengan una visión fresca, no anquilosada, sobre la difícil y tortuosa creación artística”. Y, los exhortó a continuar trabajando en sus creaciones, ya que “después del narcotráfico y la prostitución, el arte es el mejor negocio” (11/10/12, La Jornada).
Sibarita y epicuro, más que indignado y rabioso, para Friedeberg había que gozar la vida con sus “maravillosos” siete pecados capitales, “más bien vicios”; incluso, “virtudes”, expresó a La Jornada en 2011 con motivo de la publicación de su autobiografía titulada De vacaciones por la vida: Memorias no autorizadas del pintor Pedro Friedeberg, que fueron relatadas a José Miguel Cervantes.
“Sólo los malos no dejan memorias”
De acuerdo con el artista, “sólo las personas malas no quieren dejar sus memorias. Los buenos, como yo, quieren que todo el mundo sepa lo bueno que fue”. Incluso, Friedeberg se permite hablar de todo: “digo cosas que no van a ser muy agradables para muchas personas. Quizá pierda muchos amigos… ese es uno de mis propósitos. Tengo demasiados amigos y ya no quiero tantos, ya estoy cansado; entonces, no me importa. Estoy acostumbrado a perder amigos, ya se han muerto muchos”.
Hace tres años se dio a conocer la creación de la Fundación Pedro Friedeberg, cuyo objetivo es resguardar la obra del artista. Su tarea es velar por la autenticidad de su obra circulante en el mercado, otorgar permisos de reproducción, a la vez que salvaguardar el archivo, la biblioteca y colección personal de Friedeberg.
“Es el deseo de Pedro dejar todo en orden. Han sido años de trabajo en la parte legal, desde registrar su mano-silla en México y Estados Unidos. Hay un video del músico Lenny Kravitz en el que la mano-silla sale en primer plano. No vamos a hacer nada, aunque sí comunicarnos con él. Cada vez hay mayor ánimo y entusiasmo por la obra de Pedro entre las generaciones más jóvenes”, señaló en su momento Alejandro Sordo, su entonces representante.