Savall revive el mestizaje sonoro del Perú colonial entre canto y baile de resistencia
Savall revive el mestizaje sonoro del Perú colonial entre canto y baile de resistencia
▲ El músico Jordi Savall e integrantes de los grupos Le Concert des Nations, Tembembe Ensamble Continuo y La Capella Reial de Catalunya, durante un concierto en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.Foto Armando G. Tejeda
Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 10 de marzo de 2026, p. 2
Madrid. Con su viola da gamba soprano y el arco al que extrae sonidos profundos y serenos a modo de batuta para ejercer con armonía la dirección musical, el músico catalán Jordi Savall recuperó el mestizaje sonoro del Perú colonial, el de las castas, el esclavismo y la expoliación, para demostrar que una de las formas más inteligentes y populares para resistir era la música.
Así lo demuestran las 20 piezas extraídas del célebre Códice Trujillo que reinterpretó Savall junto con algunos de sus acompañantes más fieles en este largo viaje por la recuperación de la música antigua: el grupo musical de época Le Concert des Nations, la agrupación musical mexicana Tembembe Ensamble Continuo y el grupo vocal La Capella Reial de Catalunya.
El Auditorio Nacional de Música de Madrid recibió con un sonoro aplauso a Jordi Savall, uno de sus músicos más queridos, no sólo para celebrar sus 84 años de vida, sino también porque era su primera visita a la capital española desde que fue reconocido con el prestigioso premio Ernst von Siemens de Música 2026, el máximo galardón en música clásica o culta.
Lúdica fiesta criolla
En esta ocasión, Savall celebró en el escenario una lúdica y sensual fiesta criolla, en la que se entremezclaban los anhelos de libertad, las indolencias y la alegría de los pueblos que habitaban en el Perú colonial de finales del siglo XVIII y que, a través de la música, encontraron un lenguaje de expresión para mantener viva su tradición cultural y para manifestar sus ansías de libertad.
Savall explicó: “las 20 piezas musicales que forman la colección del Códice Trujillo de Perú representan un caso excepcional en la historia de las músicas autóctonas del Nuevo Mundo. Ese conjunto de tonadas, cachuas, tonadillas, bayles, cachuytas y lanchas nos permite conocer el repertorio de las tradiciones del país, como indica el texto de unas de las cachuas cantadas (al uso de nuestra tierra), y muy específicamente de los cantos y bailes a los que eran aficionadas las castas populares del virreinato del Perú a finales del siglo XVIII”.
El programa del concierto se construyó íntegramente a partir del Códice Trujillo, recopilado entre 1780 y 1790 por el obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón. Este documento recoge danzas, tonadas y cachuas procedentes de regiones del virreinato, testimonio excepcional del mestizaje entre tradiciones indígenas, africanas y europeas que definió la identidad cultural de la época.
Savall, fiel a su compromiso con la recuperación del patrimonio histórico, convierte estas páginas en una experiencia vibrante. Piezas como Tonada El Tupamaro, Bayle del chimo o Cachua La despedida de Guamachuco revelan un universo donde lo sacro y lo profano conviven con naturalidad, y donde el canto y la danza articulan la vida social y espiritual de las comunidades. Aquí se asoman la complejidad de la historia, la fuerza de la música viva, el mestizaje sonoro y la dignidad de las comunidades que, incluso bajo el yugo y la dominación, resistieron por medio del canto y el baile.
Actos de rebeldía
En el escenario, además de Savall, había hasta 27 artistas que interpretaron una música barroca que está fuera de los circuitos clásicos de las grandes orquestas occidentales. De ahí también la enorme importancia de esta recuperación musical, ya no sólo por los sonidos, sino también por la forma de entender la música.
Los músicos, unos vestidos con ropa colorida y estridente, lejos del habitual negro, se movían, bailaban, intercambiaban miradas, sonreían sin pudor, acompañaban los sonidos de sus instrumentos con el arrebato de sus cuerpos, que era, a su vez, otro gesto de resistencia y de rebeldía.
De ahí que Savall insistiera en que las canciones encontradas en el códice “constituyen un magnífico ejemplo del valor artístico y humano de un pueblo que, más allá de la explotación colonial implacable y de los sufrimientos padecidos a lo largo de los siglos (y que a veces persisten), busca recobrar su dignidad y un poco de esperanza gracias a la dicha de la música y el baile.
“Son la prueba indiscutible de que la creatividad popular es siempre capaz de producir músicas maravillosas, en las cuales belleza, emocionalidad y alegría nos siguen hablando en el presente con toda la vitalidad y la poesía del instante vivido.”