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La NASA confirma la reentrada controlada del Van Allen Probe A: cuándo llegará a la Tierra

 La NASA confirma la reentrada controlada del Van Allen Probe A: cuándo llegará a la Tierra
Ciencia

La NASA confirma la reentrada controlada del Van Allen Probe A: cuándo llegará a la Tierra

by websys 11 de marzo de 2026

El satélite Van Allen Probe A, de la NASA, concluirá su misión al reingresar en la atmósfera terrestre tras casi siete años en órbita.

Un satélite de la NASA regresará a la atmósfera terrestre este martes con riesgo prácticamente nulo para la población tras una misión que transformó la investigación espacial.

Se trata del Van Allen Probe A, una nave de cerca de 600 kg, cuya reentrada anticipada marca el final de una etapa científica relevante, según detalló PEOPLE Magazine.

El Van Allen Probe A de la NASA volverá a la atmósfera terrestre el 10 de marzo de 2026. La nave, de aproximadamente 600 kg (1.323 libras), se desintegrará casi por completo durante su reentrada, con una probabilidad de daño para cualquier persona en la Tierra de solo 1 entre 4.200. El margen de error estimado para el horario es de 24 horas, pero el riesgo es considerado ínfimo, de acuerdo con datos citados por el medio citado.

Las autoridades de la NASA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos han destacado que, aunque algunos fragmentos del satélite podrían resistir la reentrada y alcanzar la superficie, la mayor parte del aparato se desintegrará por completo debido al intenso calor generado al cruzar la atmósfera.

Especialistas anticipan que la mayor
Especialistas anticipan que la mayor parte de la nave se desintegrará antes de llegar a la superficie terrestre.

Debido a que cerca del 70 % del planeta está cubierto por océanos y una gran parte de la tierra firme no está habitada, los expertos consideran que los posibles restos caerán en zonas remotas o en el mar, minimizando aún más el riesgo para la población mundial.

Este satélite, en órbita desde agosto de 2012, retornará antes de lo previsto debido al aumento de la actividad solar, que aceleró la pérdida de altitud del aparato.

Aunque su misión estaba planificada para durar únicamente dos años, logró operar durante casi siete antes de agotar su combustible en octubre de 2019. El regreso de la nave no representa peligro para la población, ya que la mayor parte de los restos se desintegrarán mucho antes de llegar a la superficie.

La misión Van Allen supuso un avance histórico para la NASA y el equipo del Laboratorio de Física Aplicada de Johns Hopkins (APL). Tanto la sonda A como su gemela B permitieron obtener información inédita sobre los cinturones de radiación que rodean la Tierra.

El satélite, dedicado al estudio
El satélite, dedicado al estudio de los cinturones de radiación, regresará antes de lo previsto
(NASA)

Estos cinturones, denominados así en honor al científico James Van Allen, resultan clave para anticipar el efecto de la actividad solar en los satélites, astronautas y sistemas terrestres críticos, como las comunicaciones o la red eléctrica. El medio recogió que los astronautas, por la exposición a la radiación, reducen su permanencia en esa zona, lo que eleva la trascendencia de los datos recopilados.

Nelofar Mosavi, jefa de proyecto, explicó: “Esta misión batió todos los récords en resistencia y funcionamiento en esa región tan peligrosa, sin interrupciones”. Por su parte, Sasha Ukhorskiy del APL señaló a PEOPLE Magazine que durante la misión se confirmó que una intensa actividad solar puede generar un tercer cinturón de radiación.

Además, se observó que ciertas transmisiones de radio emitidas desde la Tierra crean una barrera protectora contra la radiación espacial. El astrofísico jubilado Jonathan McDowell describió el escaso riesgo de la reentrada: “Para la mayoría de la gente, será solo una luz en el cielo, si tiene suerte; de lo contrario, no se preocupe”.

La reentrada del Van Allen
La reentrada del Van Allen Probe A representa un riesgo prácticamente nulo para la población, según la NASA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La reentrada adelantada del Van Allen Probe A responde a alteraciones inesperadas en la atmósfera superior causadas por la elevada actividad solar en los últimos años.

Aunque las previsiones iniciales fijaban el reingreso para 2034, en 2024 los científicos confirmaron, según PEOPLE Magazine, que el clima espacial aceleró el descenso del satélite. Su gemela, la Van Allen Probe B, no volverá antes de 2030, conforme a las estimaciones actuales.

La variación súbita en el ritmo de descenso ejemplifica cómo la actividad solar puede modificar incluso los cálculos más precisos sobre la permanencia de objetos en la órbita terrestre.

El impacto de la misión Van Allen permitió transformar los cimientos del conocimiento sobre los cinturones de radiación y cómo estos influyen en la protección de las infraestructuras tecnológicas, abriendo así nuevas perspectivas para el estudio del espacio.

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