"Nos están envenenando": el grito aimara por el impacto de la minería que amenaza el lago Titicaca
La minería está acabando con el lago Titicaca y las formas de vida del pueblo aimara. Vivir en sus orillas ha dejado de ser una garantía, para convertirse en un peligro para la supervivencia de una comunidad que históricamente lo consideró un lugar sagrado del que surgió la vida.
Así lo relató Yolanda Flores, la lideresa aimara que alzó la voz por su pueblo, durante la presentación de la plataforma internacional de desinversión en minería. Evento que reunió a periodistas de todo el mundo en la sala Stampa del Vaticano este 20 de marzo.
“Soy de Puno, soy mujer aimara. Nosotros vivimos a orillas del lago Titicaca y allí experimentamos la violación de todos nuestros derechos humanos”, afirmó.
Su testimonio es un llamado a la acción urgente, frente a la vulneración de las libertades de su pueblo, por causa del impacto de la industria minera al sur de Perú. “Están contaminando nuestras tierras, ganadería, agricultura y sobre todo, nuestras aguas: ríos, quebradas y fuentes de vida”.
Los responsables
Realidad que llevó a los líderes del pueblo aimara a reflexionar sobre las causas de la problemática y los que se benefician con el despojo de las tierras que ancestralmente les pertenecieron. “Nos hemos dado un tiempo para preguntarnos, ¿quién financia todo esto?, ¿quién pone el dinero para destruirnos y envenenarnos poco a poco?”.
Preguntas sin respuestas que lejos de atemorizarlos los impulsó para iniciar un proceso de organización y recopilación de datos que vincula a redes locales, nacionales e internacionales con el fin de divulgar el problema.
Flores insiste en la importancia de hacer visible el drama que por momentos parece no tener solución, un laberinto sin salida para los aimara. “Hay madres que ya no saben si al alimentar a sus hijos los están nutriendo o envenenando”, lamentó.
Denuncias que solo reciben indiferencia por parte del Estado peruano y que ahora con la plataforma internacional de desinversión en minería, confían en hacer visible, para llamar a la conciencia e influir en las políticas públicas que pueden determinar el cambio.
“Cuando llega el Ministerio de Salud nos dicen que tenemos anemia porque no sabemos cocinar; pero no entienden qué tipo de agua es la que estamos consumiendo”.
Articular esfuerzos
El dolor, la incertidumbre y preocupación de los aimaras se convierte, en una motivación para resistir. “Seguimos investigando e informando sobre nuestra realidad. Miren esto es lo que nos está pasando”.
Un camino en el que subraya es necesario articular esfuerzos y profesionales, especialmente jóvenes indígenas que hoy acceden a la educación superior.
Igualmente, Yolanda Flores llamó a la Iglesia para que acompañe sus luchas de manera más cercana. “Queremos a nuestros obispos y párrocos caminando con nosotros, no solo dedicados a los sacramentos, sino orientándonos, construyendo juntos nuevos caminos”, expresó.
Para Flores, la formación espiritual debe traducirse en acciones concretas. “Se habla mucho de la Biblia y de Laudato Si’; pero ¿cuándo vamos a vivir realmente el Evangelio? Tenemos que cuidar nuestra casa común y respetarnos entre nosotros”.
Acciones, no solo palabras
Un testimonio claro y doloroso que ratificó el carácter pacífico del pueblo aimara, pese a la ausencia de una consulta por parte de las autoridades en temas como la legalización de predios y la pérdida de saberes ancestrales; tras el desplazamiento forzado de las comunidades a las grandes ciudades de Perú.
“No somos violentos, reaccionamos frente a la vulneración de nuestros derechos. En nuestros cerros está nuestra farmacia, nuestra medicina natural. Así resistimos la pandemia. Pero ahora, con los metales pesados, ya no sabemos qué hacer”.
Yolanda Flores concluyó su testimonio con una exigencia clara: “Queremos acciones, no solo palabras. Queremos que nos vean, escuchen y entiendan por qué luchamos”.
Las investigaciones hechas por la Universidad Nacional del altiplano de Puno y el Centro de Investigación de Recursos Naturales y Medio Ambiente, detectaron metales nocivos para la salud en las aguas del lago Titicaca.
En la lista aparecen el arsénico, plomo, cadmio, mercurio, zinc y cobre. Todos provienen de actividades mineras formales e informales que son arrastrados por los ríos hacia el lago, lo que afecta toda la cuenca hídrica.
Amenaza constante
Fenómeno que convierte el agua en un líquido no apto para el consumo humano. En muchas zonas los peces han desaparecido y los que quedan, tienen un alto nivel de toxicidad; lo que limita el acceso a una proteína base de la alimentación de las comunidades.
El pueblo aimara enfrenta enfermedades gastrointestinales y dermatológicas por el uso de agua contaminada. Además, son recurrentes las consultas médicas por dolores crónicos y problemas articulares; aclarando que no descartan posibles efectos a largo plazo.
Dentro de la cosmovisión del pueblo aimara el río no es solo un recurso, es un espacio sagrado donde surgió todo, de sus profundidades emergió el dios viracocha que dio origen a la luz, el sol y las estrellas.
Las empresas mineras desconocen los valores y necesidades del pueblo aimara. Entonces además de acabar con las condiciones básicas para vivir, también atentan contra las prácticas culturales que se están extinguiendo.
Se trata de una ruptura de la relación espiritual que el pueblo aimara establece con el territorio y se transmite de generación en generación. Una tradición amenazada y con un alto riesgo de desaparecer por causa de la minería.
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