Cartografía de la memoria muestra una mirada más personal de Rogelio Cuéllar
▲ Mazatlán (1975).Foto cortesía de Rogelio Cuéllar
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de marzo de 2026, p. 2
Utilizar la “inteligencia emocional” es la propuesta y disciplina de Rogelio Cuéllar (Ciudad de México, 1950), quien cuenta con una trayectoria de 59 años. Ofrecer imágenes que no cualquier fotógrafo puede realizar es la idea detrás de Cartografía de la memoria, exposición de cerca de 90 obras que será inaugurada el sábado en el Seminario de Cultura Mexicana.
Curada por María Luisa Passarge, la muestra revisa las distintas épocas de Cuéllar desde una búsqueda más personal. “No se incluye lo que ya se conoce de mi trabajo, que es el retrato de creadores, el reportaje gráfico o el desnudo. Predominan imágenes con personajes de espaldas. Más bien son fotografías silenciosas, resultados de mi caminar y encontrar”, explica el fotógrafo en entrevista con La Jornada.
Cuéllar dirige la vista a detalles de la realidad como un reloj viejo o un par de piernas femeninas. “En este caso el proceso creativo es la premisa de que la realidad no es vertical ni horizontal. En el momento que decides poner tu cámara de manera horizontal o vertical, editas una parte de la realidad, abstraes, haces una composición. Claro, es toda la escuela de la línea aúrea que ya manejo de una forma intuitiva en cuanto a la composición, es decir, qué elementos integro y cuáles quedan fuera. En el caso de los formatos cuadrados hago fotos con mi cámara Hasselblad, cuyo negativo es de 6 por 6 centímetros, que compone de otra manera. Me gustan mucho los desafíos que ofrecen los diferentes formatos”.
A lo largo de casi seis décadas, Cuéllar ha empleado diferentes cámaras: “como la de 35 milímetros, la de 6 por 6 y una panorámica de 28 por 70 milímetros. Es un gran regocijo y desafío seguir haciendo fotografía analógica. Revelo los rollos e imprimo todo en mi casa. Es un gran placer meterse al laboratorio, estar varias horas e imprimir”. También emplea la cámara digital, aunque aclara que no utiliza “para nada” Photoshop: “no sé usarlo ni me interesa”.
La mayor parte de su obra está en blanco y negro, aunque empezó a trabajar el color por el periodismo y el formato digital. “María Luisa seleccionó cinco fotos a partir del archivo digital, que es otro universo que está virgen todavía. Creo que hay muchos devedés y cedés que ya no se pueden leer. Son archivos muy inestables con el tiempo. Hay que migrarlos cotidianamente, tener dos archivos diferentes, dos discos externos. También por eso mi avenencia de seguir trabajando el negativo analógico en blanco y negro que permanece y que es más fácil de localizar en mi universo de más de un millón de negativos”.
Passarge le ha hecho ver que, más allá de la importancia de su archivo, que entre otras cosas es una memoria visual de la Ciudad de México, “si no está clasificado, a nadie le va a interesar. Si no está ordenado, no existe. En los últimos 10 años María Luisa se metió en mi archivo y conoce mi trabajo. En los dos o tres años recientes ha sido una inmersión total”.
Afición por los años 70
–¿Cómo definiría su mirada? ¿Qué características tiene?
–Cuando salgo a cualquier estado de la República, trato de llevar una mirada fresca, como la que tenía en los años 70. Me gusta recuperar esa mirada y ese tiempo.
“Ahora uno va en el coche o el Metrobús y dice: ‘qué maravilla. Voy a bajarme para fotografiar esto’. Las mejores fotografías son las que no he podido captar. A veces pienso: ésta es una maravillosa fotografía; sin embargo, no la pude hacer. Voy manejando y veo situaciones, o sea, esto se me sigue escapando. Adonde vaya, siempre salgo con una camarita analógica, una Leica M2 de las antiguas, de los años 50. Es un placer ir encontrando.”
–¿Qué tiene de especial el ojo del fotógrafo? ¿Cómo se adquiere?
–Se cultiva desde las imágenes que encuentras en la literatura. Cuando conocí París, dije: ‘quiero caminar por tal calle que Ernest Hemingway describió en su libro París era una fiesta’. Cuando estás físicamente y ves las calles, creas las imágenes.
“Por otro lado, está mi pasión desde la infancia por el cine. Eso es una educación visual, aparte de una sentimental porque a los 11 años me enamoré de María Antonieta Pons y Rosa Carmina, del cine y, en paralelo, de las artes plásticas, la pintura y las esculturas. Quería ser pintor. Cuando estaba en la Preparatoria 5 iba a San Carlos por las tardes y como pirata me metía a los salones.
“A los 23 años estudié en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. Quería aprender ese lenguaje y seguir siendo fotógrafo. Allí me enfrenté a grandes creadores como François Truffaut y Jean-Luc Godard, y se me abrió el mundo.
“Mi placer por ver también abarca mi pasión por trabajar el retrato con artistas plásticos y darles seguimiento. A lo largo de varias visitas veo el proceso creativo. Sus conversaciones son una cátedra. Esa vivencia obviamente alimenta mi fotografía.”
Rogelio Cuéllar: Cartografía de la memoria se inaugurará el sábado a las 12 horas en la Galería 526 del Seminario de la Cultura Mexicana (avenida Masaryk 526, Polanco). Permanecerá hasta el 24 de mayo.