El Guernica africano mira de frente al original de Picasso en el Reina Sofía
▲ Detalle de No conocerías a Dios ni aunque te escupiera en un ojo (1975), de Dumile Feni, Colección Wits Art, Museo de Johannesburgo.Foto ©Estate Dumile Feni and Dumile Feni Family Trust
▲ El Guernica africano (1967), de Dumile Feni, National Heritage and Cultural Studies Centre, Universidad de Fort Hare.Foto ©Estate Dumile Feni and Dumile Feni Family Trust
Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de marzo de 2026, p. 3
Madrid. El artista sudafricano Dumile Feni era un dibujante obsesivo y autodidacta que creció bajo la tiranía segregacionista y fascista del apartheid, de la que se exilió tras haber sido detenido por “delitos morales” y haber mantenido relaciones sexuales con personas de “raza distinta”. Feni murió en Nueva York en 1991 siendo uno de los creadores más importantes de la África negra, aunque por el “racismo estructural de la historia del arte” se le ha relegado y ninguneado.
Una de sus obras más importantes, el Guernica africano (1967), que retrató la violencia soterrada del régimen, se exhibe por primera vez en Madrid, en el Museo Reina Sofía, donde mira de frente al Guernica de Pablo Picasso, en un encuentro de dos obras que se comunican no sólo por la barbarie que denuncian, sino también por su forma de asumir que el arte nunca puede ser una “mera propaganda”.
La obra de Dumile Feni en el museo madrileño –junto a otras cinco piezas del artista africano– abre un ciclo de exposiciones en torno al Guernica de Picasso, que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los símbolos más poderosos y presentes del antibelicismo.
El programa La historia no se repite, pero rima, busca un diálogo entre la obra del artista malagueño y otras piezas con paralelismos históricos y culturales. Es el caso del Guernica africano, que se convirtió en una de las denuncias más descarnadas y contundentes del régimen segregacionista del apartheid, vigente en Sudáfrica hasta 1992, cuando se celebraron las primeras elecciones en las que no sólo votó la minoría blanca.
Feni nunca tuvo una formación artística, debido a que bajo aquel sistema las personas negras que tenían alguna vocación plástica eran obligados a realizar artesanía popular y no podían formar parte de las bellas artes, un privilegio para la minoría blanca que gobernaba el país con mano de hierro. Feni no renunció a su vocación, por lo que tuvo muchos problemas con el sistema, que de inmediato lo señaló y persiguió hasta encarcelarlo por supuestos “delitos morales”.
Zwelidumile Geelboi Mgxaji Mslaba Feni nació en Worcester, Sudáfrica, en 1942. Durante su infancia se trasladó a Johannesburgo para vivir con un tío, donde comenzó a trabajar a los 17 años de aprendiz en una fundición de escultura y cerámica; allí desarrolló sus habilidades tanto en el campo del dibujo como en la escultura tallando madera y esteatita, además de modelar con arcilla. También pintó murales y trabajó con el escultor Ephraim Ngatane. Tras sufrir tuberculosis, Feni frecuentó exposiciones y la Dorkay House, sede de la Unión de Artistas Sudafricanos y punto de reunión de creadores negros, donde actuaban músicos de jazz como Hugh Masekela y Miriam Makeba.
Debido a las restricciones políticas y la censura de su obra, partió al exilio en 1968, primero en Londres y después en Estados Unidos. Durante este periodo su trabajo se diversificó hacia la escultura y el diseño de carteles para el Congreso Nacional Africano, consolidándose como un referente de la resistencia cultural en el exterior. Su fallecimiento se produjo de forma repentina en Nueva York en 1991, poco antes de su esperado retorno a Sudáfrica tras la liberación de Nelson Mandela.
Más alla de la narrativa eurocéntrica
La curadora de la exposición en el Museo Reina Sofía es una de las máximas expertas en su obra, la catedrática Tamar Garb, quien destacó en la presentación que “aunque African Guernica se ha expuesto en numerosas ocasiones en Sudáfrica, nunca había viajado al extranjero. Y esta primera vez lo hace para entablar un diálogo con el Guernica, que si bien es un tema que ha generado durante años una bibliografía considerable en la historia del arte sudafricana, ha sido apenas contemplado por las historias del arte y narrativas eurocéntricas. De este modo, el icónico Guernica, pintado en 1937 como un alegato antifascista y antibelicista, se enfrenta, literalmente, a un dibujo sudafricano hecho 30 años después en el contexto del apartheid”.
La pieza de Feni es un dibujo monumental de casi 3 metros cuadrados, ejecutado con carboncillo y lápiz sobre dos pliegos de papel de periódico iguales, pegados en disposición horizontal. Realizado entre 1966 y 1967, fue mostrado por primera vez en la Gallery 101 de Johannesburgo en 1967, uno de los pocos espacios de la ciudad sudafricana en la que podían exponer artistas negros. Por su escala y ambición, la obra supuso una transgresión que desafió la expectativa, entonces generalizada, de que los artistas negros debían limitarse a producir artesanía o “arte nativo” destinado al mercado turístico.
Manuel Segade, director de la pinacoteca madrileña, agregó que este ciclo de exposiciones pretende cuestionar “la propia historia del arte, que se ha construido bajo parámetros racistas”, pero también es una forma de explicar que “la vanguardia europea necesitó para nacer de la inventiva africana” y, más aún, “que el Guernica de Picasso no se entendería sin la escultura africana”, ya que una de las fuentes de inspiración del maestro español fue precisamente esa tradición artística.
La exposición permanecerá hasta el 22 de septiembre.