Despunta la acuacultura en Tlaxcala: de jagüeyes con plásticos a estanques tecnificados
Tomás Baños
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Expuso que este repunte encuentra sustento en un factor clave: el agua. El temporal de lluvias de 2025, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua aparece por encima de los promedios históricos, lo que favoreció la recuperación de jagüeyes y cuerpos de almacenamiento que durante años operaron con niveles mínimos.
FACULTAD DE AGROBIOLOGÍA, EJEMPLO EN PRODUCCIÓN DE CARNE DE PESCADO
El equipo de El Sol de Tlaxcala constató que los estanques bajo invernadero, donde la temperatura supera los 40 grados Celsius, la mojarra crece bajo condiciones controladas que optimizan su desarrollo. El sistema incorpora aireadores para garantizar la oxigenación del agua y esquemas de alimentación especializada.
Además, se aplican técnicas como la masculinización temprana de crías mediante alimento hormonado, lo que acelera el crecimiento de los ejemplares y mejora el rendimiento.
Y aclaró que “el modelo no se limita a la productividad se trata de un sistema integral, donde el agua utilizada en los estanques se reutiliza en la agricultura gracias a su contenido de nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio”.
“MIENTRAS TENGA FUERZAS, SEGUIRÉ SIENDO ÚTIL”: EXPRESA ELODIA FLORES
Elodia Flores Mora no se queda quieta. Llega desde Texoloc hasta Ixtacuixtla para ayudar a su hijo en la venta de la cosecha. Su andar es firme, su voz clara y su ánimo intacto.
“Yo tengo 81 años, gracias a Dios… y mire, con mucho brillo, con muchas ganas”, dice mientras acomoda las habas recién cortadas, esas que ella misma sabe preparar desde siempre: “Limpias o con cáscara se hierven con su sal… fritas o en chile de guajillo, quedan buenas. Es comida que da vida”.
Su historia es también la de una familia que ha aprendido a aprovechar todo. Su hijo, Armando Pérez Flores, explica que trabajan bajo un sistema que hoy llaman policultivo: siembran mojarras y cultivan hortalizas.
El agua que usamos viene de los peces, trae materia orgánica, nutrientes, y eso ayuda mucho a la plantaArmando Pérez Flores
Aunque el cultivo fue menor, este año lograron sacar producto: habas verdes que venden a 20 pesos el kilogramo, más baratas que en el mercado.
Pero más allá del precio o la producción, hay algo que no cambia: la voluntad de doña Elodia. “Estamos para servir a todos los que vienen a comprar”, dice con una sonrisa, mientras entrega las bolsas de plástico.
Para su hijo, su presencia es fundamental: “Mi madre me enseña a seguir valorando la vida y seguir trabajando”. Y ella lo resume sin rodeos, con la sabiduría de los años: “Mientras tenga fuerzas, seguiré trabajando”. Porque en el campo —como en la vida— ser útil es también una forma de estar vivo.
CONSTANTINO, 30 AÑOS EN EL TIANGIUS DE PESCADO
Lejos de la costa, pero cerca de la gente, Constantino ha construido su vida entre hieleras, básculas y madrugadas. Desde que entendió que la comercialización de pescado era una oportunidad, no ha dejado el oficio que hoy es el sustento de su hogar.
Padre de tres hijos, comparte con satisfacción que todos lograron concluir sus estudios: Gabriela García, la mayor, en gastronomía; Yailín en ingeniería industrial; y Óscar, el menor, también en ingeniería. “Para todos salió de aquí”, insiste.
A su lado, siempre ha estado su esposa, Lucina Sánchez, con quien ha trabajado hombro a hombro durante todos estos años. “Todo el tiempo trabajando”, resume.
El descanso llega, si acaso, los fines de semana. “Sí deja, pero en serio, echándole ganas”, afirma sobre un oficio que depende de la constancia y del movimiento.
En su puesto ofrece variedad: mojarra, camarón cristal, sierra y la llamada cojinuda (Caranx crysos) una de las opciones más económicas. Aunque reconoce que en la temporada de Semana Santa los precios aumentaron, él mantuvo los mismos precios.
El camarón que vende proviene de Tabasco, lo que le permite garantizar calidad en su producto; sin embargo, admite que actualmente las ventas han disminuido en comparación con semanas anteriores.
Aun así, Constantino no baja el ritmo. Sabe que detrás de cada jornada hay una historia de esfuerzo que lo respalda: años de trabajo continuo, familia unida y la satisfacción de haber cumplido.
Porque, para él, el verdadero valor de su oficio no está en la pesca, sino en la comercialización honesta que, día a día, le ha permitido salir adelante. Un cambio que ya se siente