El gran sueño de la minería latinoamericana | EL PAÍS Chile
Existe una paradoja que define a nuestra región. América Latina alberga algunos de los depósitos minerales más valiosos del planeta, entre ellos, cobre, oro, plata, litio, níquel, cobalto, etc. Sin embargo, millones de latinoamericanos viven en condiciones de pobreza, algo que la riqueza generada por esta industria debería haber solucionado hace décadas.
La extracción ilegal de minerales avanza en muchas ciudades, sin leyes, instituciones ni conciencia. La extracción de los recursos y la riqueza de los pueblos es tanto un problema económico como una tragedia humanitaria.
En este contexto Chile es un país que vive, con todas sus imperfecciones, en lo que podría llamarse un paraíso minero. Tenemos instituciones, trazabilidad de metales, regulación, y décadas de experiencia construyendo una industria que, aunque perfectible, funciona dentro de un Estado de derecho. Nuestra Comisión Chilena del Cobre, Cochilco, es un ejemplo de cómo el conocimiento técnico puede transformarse en una política pública seria. Esta experiencia puede y debe exportarse entre vecinos de nuestra región.
Desde esa convicción nace la Alianza Minera de América Latina, ALMA. Una plataforma continental que no representa los intereses de ninguna empresa ni actúa como cámara gremial. ALMA es más bien el intento de construir, por primera vez, una voz regional común sobre el futuro de nuestra minería. Una voz que hable de educación, inversión responsable, combate a la extracción ilegal de minerales, transición energética justa y gobernanza con comunidades reales.
Somos representantes de 14 países que comenzamos este camino, con la mirada puesta en todos los países que componen Latinoamérica y el Caribe. Nos presentamos al mundo en Toronto, en la Asociación de Prospección y Desarrollo de Canadá (PDAC) de febrero pasado. Y el nombre, ALMA, no fue accidental. Es una apuesta por darle espíritu a una industria que, durante demasiado tiempo, fue retratada únicamente en términos de toneladas, precios y conflictos.
El mundo necesita los minerales de América Latina para su transición energética y tecnológica. Los vehículos eléctricos, los paneles solares, las baterías que alimentarán la economía del siglo XXI, todos dependen de lo que está bajo nuestros pies. Pero nosotros necesitamos algo a cambio, que esa riqueza permanezca en la región a través de empleos dignos, infraestructura, educación, y que financie el futuro de los pueblos que la sostienen.
El gran sueño de la minería no es únicamente vender más minerales. Es que una madre en una comunidad minera de Ecuador sepa que su hijo tendrá una escuela, una oportunidad y un futuro. Es que un joven en Bolivia pueda estudiar ingeniería en su propio país y trabajar en su propia tierra. Es que una autoridad de Perú pueda tomar decisiones sobre su territorio sin que una red criminal se lo impida o lo amedrente.
Ese sueño es posible. Pero requiere políticas públicas que combatan con fuerza la extracción ilegal, inversiones que cumplan con estándares ambientales y sociales reales, y una narrativa regional que deje de disculparse por tener minerales y empiece a exigir que esos recursos naturales construyan futuro.
Eso es lo que venimos a hacer con ALMA, porque creemos que el sueño de la minería debe ser algo tangible para los cerca de 671 millones de habitantes que componen Latinoamérica y el Caribe.