Presentan en México la versión de El gorila de Alejandro Jodorowsky
Daniel López Aguilar
Periódico La Jornada
Jueves 23 de abril de 2026, p. 4
El frac no domestica al animal: lo contiene. Brontis Jodorowsky ajusta la espalda, mide el impulso de los brazos y deja que la voz avance limpia, casi académica. Ahí se arma El gorila: un cuerpo cargado de memoria animal y una palabra que aprendió disciplina.
“Mi fisicalidad es simiesca, pero la voz es lo más humana posible”, explicó el actor en entrevista con La Jornada. Nacido en la Ciudad de México en 1962, sostiene ese contraste en el cuerpo. El gesto no busca copiar; deja un rastro. El espectador completa.
El monólogo se presenta por primera vez en México, en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández del Centro Cultural del Bosque, después de más de 300 funciones en distintos países y varios idiomas.
Basado en Informe para una academia, de Franz Kafka, un simio capturado aprende a hablar para salir de la jaula; en ese tránsito descubre que la adaptación también implica pérdida. No hay moraleja. Hay un costo.
La historia del montaje viene de lejos. Alejandro Jodorowsky trabajó una primera versión en los años 70 a partir de una propuesta de Narciso Busquets, pero el proyecto no se concretó. Décadas después, encontró en su hijo al intérprete que imaginaba desde entonces.
“Por fin tengo al actor ideal”, recuerda Brontis que le dijo. Dejó de ser un pendiente, se volvió un encuentro de dos artistas sobre una misma obsesión.
Ese cruce no es sólo biográfico, pero pesa. Su padre se reconocía en el personaje: alguien obligado a encajar para ser aceptado. Esa lectura llegó a la escena. El actor lo sintetiza: “un ser que tiene que volverse otra cosa para sobrevivir”.
La idea baja a lo cotidiano: los códigos que se aprenden desde la infancia, las conductas que se ajustan para pertenecer, las versiones de uno mismo que se construyen para ser vistas.
Imaginario compartido
En escena no hay prótesis ni pieles, sino un traje de gala. Esa decisión traza el camino. El intérprete no reproduce al mono, trabaja con un imaginario compartido, con gestos mínimos que activan la percepción.
“No observé gorilas, trabajé con lo que todos creemos que son”, comentó. Lo que aparece no es una figura zoológica: es un cuerpo inestable que conserva impulso salvaje y articula con precisión.
Aparece el conflicto. El personaje adquiere lenguaje, modales y reconocimiento; el precio es la renuncia. La academia no reconoce su conciencia; celebra su capacidad de adaptación. El avance se vuelve ambiguo. Lo que parece conquista empieza a mostrar desgaste. No juzga, aprieta.
▲ Brontis Jodorowsky interpreta la adaptación de su padre al Informe para una academia, de Franz Kafka.Foto cortesía de la producción
El desenlace también cambió. Brontis Jodorowsky propuso modificar el cierre original, que consideraba demasiado oscuro, y de ese intercambio surgió otra salida, orientada hacia la conciencia. No la detalla. Prefiere que ocurra ahí. “Hay una traducción corporal y vocal en ese momento”, adelantó.
Después de 18 años con el personaje, la relación sigue moviéndose. “Siento que él me conoce más que yo a él”, compartió. La imagen es precisa: un baile. El personaje guía, el actor responde. Cada función exige reconstruir esa disposición. “El teatro no es reproducir, es volver a empezar”. La preparación no se relaja: entrenamiento físico, ajuste de ritmo y revisión constante.
La colaboración con su padre responde a la misma lógica. No hay zona de confort. Hay confianza. Uno define el marco; el otro lo habita, lo ajusta y lo expande. El resultado es una pieza sostenida por años de formación corporal y una idea clara: presencia.
El regreso a México abre otra dimensión. Pasó parte de su infancia en la capital y ahora busca reactivar un vínculo con la escena. El año pasado, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura otorgó a su padre la Medalla Bellas Artes por su aporte al teatro mexicano, reconocimiento que vuelve más nítida esa relación con el país.
La temporada no responde a una lógica comercial. “Lo hago de corazón. No vengo aquí a lucirme”, dijo Brontis Jodorowsky. La pieza también es una devolución: traer de vuelta algo que se formó lejos y que encuentra sentido en este territorio.
Al final no hay respuestas. Queda una inquietud: cuánto de lo que somos elegimos y cuánto negociamos para sobrevivir. El simio aprende a hablar, pero algo se rompe en el proceso. No se resuelve. Apenas deja una posibilidad. “Hay una salida. Cada cual tiene que encontrar la suya”.
Con diseño de escenografía y música de Alejandro Jodorowsky, iluminación de Jean-Michel Bauer y vestuario de Elisabeth de Sauverzac, El gorila tendrá funciones jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández del Centro Cultural del Bosque (Reforma y Campo Marte).
La producción corre a cargo de La Structure; en México, la coproducción y la asistencia de dirección corresponden a Alexandro Guerrero. No habrá función el Día del Trabajo. La temporada concluye el 17 de mayo. Los boletos cuestan 150 pesos y está recomendada para mayores de 13 años.