Montaje reverbera el pensamiento del filósofo Byung-Chul Han
▲ El unipersonal de Andrea Garay ofrecerá funciones hoy y mañana en el Teatro Benito Juárez en el contexto del Día Internacional de la Danza.Foto cortesía de Ernesto Mendoza
Daniel López Aguilar
Periódico La Jornada
Miércoles 29 de abril de 2026, p. 4
Casi 40 kilos de piedras encima y, debajo, lo que no ocurrió: metas truncas, expectativas acumuladas, proyectos que no tomaron forma. El cuerpo no avanzó. Se quedó ahí, cargando lo que no se veía.
Ahí comienza El aplastante peso de la ausencia, unipersonal de Andrea Garay, que ofrecerá funciones hoy y mañana en el Teatro Benito Juárez en el contexto del Día Internacional de la Danza. El montaje forma parte de Ciudad Escena 2026 del Sistema de Teatros de la Ciudad de México, una iniciativa que busca acercar la cultura a nuevos públicos y descentralizar la oferta artística.
Lo que aparece en escena no parte de una idea, sino de una sensación física reconocible. “Me sentía muy abrumada y ausente de mi entorno”, afirmó la creadora en entrevista con La Jornada.
Había una opresión concreta, un peso que no la dejaba moverse con libertad entre los días. Al mirar de frente esa sensación, ubicó el desgaste: la sobrestimulación mediática, el cansancio mental, la acumulación de pendientes. “Los vacíos me estaban pesando demasiado, al punto de ya no poderlos aguantar”, añadió.
A partir de ahí, dejó de ser sólo vehículo y se volvió terreno de trabajo. La pieza se armó al poner esas sensaciones en movimiento, al darles forma sin cerrarlas. No sigue una historia: encadena estados que cambian conforme la presencia entra en relación con lo que aparece.
En ese proceso, explicó Garay (Ciudad de México, 1989), “el movimiento responde a las materialidades que se encuentran en el espacio”. Cada elemento modifica la acción.
La improvisación sostiene esa lógica. Hay momentos fijados y otros abiertos, donde el riesgo no se evita. Las piedras, las esferas, la madera, una silla y la luz entran como fuerzas que condicionan la acción. Tienen peso, ritmo y carácter. La presencia responde sin saber del todo qué va a pasar y, en ese margen, cada función se resuelve de manera distinta.
El eco del pensamiento del filósofo sudcoreano Byung-Chul Han aparece sin volverse consigna. El exceso de información se traduce en cansancio, en una desconexión que toma forma en una imagen precisa: el detenimiento, la mirada fija, sostenida en el tiempo.
“No pasa nada y al mismo tiempo pasa todo”, puntualizó Garay sobre ese momento en que la acción se sostiene y la mente se ausenta.
A lo largo del trayecto, la materia cambia. El peso inicial se desplaza, la dureza cede, los materiales se transforman hasta llegar a la luz. No hay acumulación, hay tránsito. La ausencia deja de ser carga y abre un margen donde se encuentra otra forma de estar, en un desplazamiento que va de lo sólido a lo efímero.
El diseño sonoro de Sebastián Lechuga y la iluminación de Laura Abad se integran a esa misma lógica. No acompañan: intervienen. Se afectan entre sí y con lo que sucede en escena. El sentido no está dado de antemano.
El proceso, construido desde la improvisación, articula ese cruce entre materia, percepción y entorno como un espacio de tensión y escucha. “La búsqueda es encontrar en la escucha y la calma un sentido más sólido”, concluyó Andrea Garay.
Las presentaciones de El aplastante peso de la ausencia serán hoy y mañana a las 20 horas en el Teatro Benito Juárez, ubicado en Villalongín número 15, colonia Cuauhtémoc, alcaldía Cuauhtémoc. Los boletos tienen un costo de 212 pesos con descuentos habituales en taquilla. La segunda fecha será de entrada gratuita.