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Coreografía fusiona la técnica académica y la experimentación contemporánea

 Coreografía fusiona la técnica académica y la experimentación contemporánea
cultura

Coreografía fusiona la técnica académica y la experimentación contemporánea

by websys 6 de mayo de 2026

Daniel López Aguilar

 

Periódico La Jornada
Miércoles 6 de mayo de 2026, p. 2

Con Las olas del rey, la Compañía Nacional de Danza (CND) y Danza Visual colocan frente a frente la técnica académica y la experimentación contemporánea.

La línea vertical del ballet comienza a doblarse: aparecen torsiones, cuerpos que abandonan la pureza clásica y entran en otra zona articulada por la imaginación fantástica y la potencia de los mitos. De esa fricción surge la pieza inspirada en El último unicornio, de Peter S. Beagle, que se estrena mañana en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo del Centro Cultural del Bosque.

“Optamos por alejarnos de una narración lineal y trabajar desde los símbolos y los estados emocionales”, explicó en entrevista la directora y coreógrafa Patricia Marín Escutia, quien codirige junto con Leonardo Beltrán y Rogelio Marín.

La obra evita trasladar literalmente la novela al escenario y concentra su fuerza en imágenes y atmósferas. Amanthea, la última unicornio, deja de ser un personaje literario y adquiere otra condición: una figura suspendida entre lo etéreo y lo humano.

Amanthea es interpretada por Stephania Fierro, Valeria García y Zara Zavala; el Príncipe Lir, por William Woodward y Fausto Serrano; Schmendrick, por Alexander Mitiaev y Julián García, y Molly Grue, por Alexis Escamilla, Jesse Vega y Valeria Méndez. El resto de los personajes del universo fantástico se reparte entre distintos intérpretes durante la temporada.

El diálogo entre ambas agrupaciones marca la dinámica. La CND aporta rigor técnico, excelencia y estructura clásica; Danza Visual suma una metodología interdisciplinaria que cruza movimiento, teatralidad y artes visuales.

Odisea sobre la imaginación

“No es una sucesión de pasos, sino una odisea sobre la imaginación”, afirmó Marín. El movimiento deja de funcionar como vitrina de virtuosismo y carga de emoción el cuerpo antes que exhibirlo.

El Toro Rojo irrumpe como una presencia que desestabiliza todo: criatura que custodia al rey Haggard y encarna el miedo y el encierro. Los cuerpos se comprimen, se inclinan, como si respondieran a una amenaza invisible.

Más que antagonista, es una presión constante que empuja y contiene. “La coreografía abraza los sentimientos de personajes como Amanthea y el Toro Rojo más que los hechos del libro”, señaló la directora. Del otro lado, Schmendrick y Molly Grue introducen cercanía y humor en un paisaje dominado por símbolos.

▲ En la obra que se estrena mañana en el Centro Cultural del Bosque, la Compañía Nacional de Danza aporta rigor técnico, excelencia y estructura clásica, mientras Danza Visual suma una metodología interdisciplinaria que cruza movimiento, teatralidad y artes visuales.Foto García Jáuregui

La construcción visual sostiene ese universo sin recurrir a grandes artificios. La iluminación de Gabriel Torres trabaja con penumbras y apariciones fugaces; el vestuario de Sara Salomón desarrolla una estética de fantasía oscura con rasgos retrofuturistas.

“El vestuario no define a los personajes; también construye el universo, donde lo clásico y lo contemporáneo se encuentran”, añadió Marín.

La música original de Rogelio Marín y Rodo Hernández desplaza la creación escénica hacia otro registro. Resonancias electrónicas, ecos ancestrales y una voz en off inspirada en la atmósfera existencialista de Ghost in the Shell construyen un paisaje sonoro suspendido entre lo orgánico y lo sintético.

Para la directora, esa mezcla permite “evocar lo ancestral y lo contemporáneo a fin de explorar la belleza de la mitología” y “transformar el asombro en una fuerza viva que alcance a distintas generaciones”.

Aunque dialoga con las infancias, evita simplificar emociones o convertir la experiencia en una lección evidente. La imaginación aparece aquí como herramienta para relacionarse con la pérdida, el miedo y el deseo sin renunciar a la complejidad. La intención pasa por asumir la fantasía como “un territorio real de experiencia humana” y recuperar “la capacidad de imaginar el mundo más allá de lo racional”.

La inclusión también forma parte del proyecto desde su origen. La temporada incorpora una función relajada dirigida a personas neurodivergentes y la participación de intérpretes de lengua de señas mexicana integradas al diseño escénico.

“La inclusión no es un añadido, sino parte de la vocación de la temporada”, subrayó Patricia Marín Escutia. Luces, niveles sonoros y dinámicas fueron concebidos para ampliar el acceso y construir “un espacio sensible”.

Tras 15 años de trabajo de Danza Visual con proyectos dirigidos al público infantil, Las olas del rey insiste en una idea concreta: lo fantástico todavía puede ocupar un lugar en la experiencia adulta. “Lo mágico no desaparece, se vuelve invisible para quien olvida cómo mirar”, concluyó Patricia Marín.

Las funciones se realizarán desde mañana y hasta el 24 de mayo en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo del Centro Cultural del Bosque (Reforma y Campo Marte), jueves y viernes a las 20 horas; sábados a las 13 y 19 horas, y domingos a las 13 y 18 horas. El boleto cuesta 80 pesos.

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Tags: Cultura
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