“Todo músico es enfermero; este arte cura y te voy a salvar la vida”
▲ El compositor, pianista, guitarrista y cantante Guillermo Briseño durante la presentación del álbum De sirenas y otros monstruos en julio de 2023.Foto Cristina Rodríguez
Elena Poniatowska
Periódico La Jornada
Domingo 10 de mayo de 2026, p. 2
–Vengo de la escuela de rock que suena a todas horas en la avenida de La Paz; se llama Del Rock a la Palabra, y depende de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México –dice Guillermo Briseño acompañado por acordes estruendosos, pero vestido de blanco, como niño de Primera Comunión, ante quien exclamo con voz aguda: “Si no supiera quién eres pensaría que eres un enfermero dispuesto a salvarme la vida…”
–Todo músico es enfermero. La música cura, Elena, y te voy a salvar la vida…
–¿Cuántos pacientes tiene mi doctorcito?
–Deben ser alrededor de 160 chavos. Hay alguno que otro personaje con más de 30 años; cuento con dos o tres alumnos de esa edad. La mayoría de los chavos y chavas son gente de entre 15 y 25 años. No hay límite en la edad hacia arriba ni hacia abajo. La escuela cultiva el respeto a las vocaciones tardías. Todo alumno es respetado al parejo y tratamos de que todos saquen ventaja. En nuestra escuela, sacar ventaja es, ante todo, tocar bien, cantar bien, componer bien.
“La escuela se llama Del Rock a la Palabra porque en la historia del rock, más de 90 por ciento de la música es cantada y te dice algo. Y en esa historia se han creado muchas canciones memorables.”
–¿Cuáles?
–La música de rock existe hace tantos años que hay una enorme cantidad de temas famosos y buenos que pueden oírse en cualquier parte. Por ejemplo, los Beatles tienen Yesterday o Eleanor Rigby, que todavía hoy se oyen porque las trae el viento desde Inglaterra.
Guillermo Briseño es flaco y largo y habla como niño de Primera Comunión. Antes vivía en Chimalistac y yo lo veía atravesar una alfombra de piedra frente al monumento a Álvaro Obregón. Daba pasitos de baile y movía los brazos como quien quiere volar. Siempre de buenas, entraba a mi casa ahí, al ladito, y se sentaba frente a un piano de pared alquilado y tocaba Apaga la luz. Nunca se hacía del rogar. Tocaba durante una o dos horas todo lo que uno podía pedirle. “Otra, otra, otra”. Luego comíamos, bebíamos y reíamos. Todo fácil. Ahora ya ni tocadiscos tengo. Aunque todavía me siento a comer, porque me lo piden mis 94 años. Como poquito porque es bendito.
Siempre me llamó la atención el hecho de que no se creyera nada. Nunca se dio taco, nunca se hizo del rogar, y aún hoy viene caminando por las calles empedradas de Chimalistac como una aparición sonriente y muy cordial. Ninguna pose en Briseño, darse taco le es totalmente ajeno. En El Hábito, de Jesusa y Liliana Felipe, nos sentamos a platicar como si nada, y a estas alturas de nuestra amistad, no creo ya que cambié. Risas, abrazos, buenas palabras cubren su cuerpo y su cabeza, manos generosas se tienden hacia ti, no hay un solo gesto de rechazo, al contrario, Guillermo es un gran abrazo que engloba a quienes van pasando, conocidos, críticos, gordos, flacos, quienes empiezan o quieres ya están por acabarse. Ahí va Briseño envuelto en su generosidad con un tropel de acompañantes.
–En nuestra escuela, Elena, los muchachos se están formando bien; los ex alumnos salen al público y muestran avances importantes, están componiendo su música. La escuela ya tiene más de 20 años. Verónica Ruiz es una gran cantante, por ejemplo.
–¿Aparecen en la tele?
–Ay, Elena, antes, la televisión definía quien tenía derecho a la fama, ahora ya es diferente. Te puedo mencionar a Nayeli Stanfield, Marisol Portilla. Felipe Antonio Souza Sevilla, que es maestro en la escuela, es un guitarrista extraordinario; Javier Reyes, un bajista también extraordinario; Ángel Rodríguez también es otro bajista notable, tanto, que lo invitan a tocar en todas partes.
“El prestigio se gana haciendo muchas presentaciones, muchas labores, apareciendo adonde te invitan, adonde demuestres tu talento, pero claro que alguien tiene que promoverte. Es muy difícil como músicos moverse en el seudo capitalismo mexicano, porque los medios comerciales no son los que te van a hacer caso, no es Salinas Pliego quien te va a contratar, ni Azcárraga, ni nadie. Antes, el prestigio, más que la fama, se tendrá que ganar en el trabajo, andar tocando por donde sea; hoy, si no te llaman, no tocas.”
–¿Cómo cilindrero? Amo a los cilindreros y ya no los encuentro en la calle, y su ausencia es una pérdida horrible…
–El problema de la cultura es grande. El rock es música, pero ha sido tachado de “música advenediza”. Empezó como boogie-woogie, tal vez en 1930, hace poco, en realidad.
–¿El rock siempre ha sido un género que incita a la revolución, Guillermo?
–Una vez me encontré a un colega, Gabriel Arango, tocando con su banda en la avenida Juárez; el rock se apropia de las calles, la plaza pública es su escenario. A otros músicos los invitan a tocar en obras de teatro, en clubes nocturnos. Otros compañeros tocaron en el Monumento a la Revolución: Gabriel, el baterista que tocó en la calle; el bajista Ángel, el guitarrista Nico Maroto o Leonardo Briseño, mi hijo. En ese concierto del Monumento a Revolución hubo cantantes como Flor Delgado y Katia Barrera. Ahora están apoyando a los jóvenes a presentarse en los ensambles para el término de su carrera. La carrera dura cuatro años y tenemos dos turnos.
–Pero dime más de tu escuela de rock…
–Tiene más de 20 años de existir, ha pasado por ahí una multitud de chavos. Hay alrededor de 160 alumnos vigentes, aunque también hay cierta deserción porque a veces se desilusionan.
–¿Son más hombres que mujeres?
–Sí, aunque tenemos muchas alumnas; 30 por ciento de los estudiantes son mujeres. Son muy talentosas las que están ahí. Tocan batería, bajo, son cantantes: Verónica Ruiz, Nayeli Stanfield, Marisol Portilla, Flor Delgado, Katia Barrera, Jarumi Castro…
–Eres un maestro muy orgulloso de sus alumnas.
–No lo digo por lisonja, pero son chicos que cuando abren la boca o muestran su instrumento, me siento a oírlos con mucho gusto, con mucho orgullo. El papel de la escuela es sugerir, recomendar, no respaldar o criticar. El talento es de ellos.
–¿Tocan en fiestas?
–La respuesta sería “tocan donde se puede”. A veces son fiestas, a veces son escuelas o espacios culturales, como las Utopías, que hizo el gobierno de la Ciudad de México. Invitan a los muchachos a tocar en sus espacios; ojalá que hubiera giras por todo el país con garantías de seguridad y con salarios de los que la gente pueda vivir. La creatividad de los jóvenes en la escuela no está en duda. Los veo que van progresando, pero su progreso no tiene recompensa si no sale al aire.
–¿La tele?
–Esto es algo interesante que te debo contar, algo que la misma naturaleza del proceso de los muchachos y su relación con la escuela nos ha permitido. Un porcentaje altísimo, por lo menos la mitad de los maestros en la escuela, son egresados de ahí mismo, pero no creas que terminaron la carrera e inmediatamente la escuela los contrata. “Ay, ya tenemos maestro”; no, han salido a ganar la experiencia que te va dando el temple para hacerte mejor músico; eso se hace tocando en público, no sólo ensayando. Ese carácter lo forjas con la presión de estar ante oyentes, un auditorio que va a juzgarte.
“Por ejemplo, Alberto Cerritos –no quiero olvidar ningún nombre– dirige el laboratorio de lírica, Roberto Palomo da clases de bajo, Eduardo Vázquez y Alejandro Echenique también son maestros egresados de Del Rock a la Palabra. Felipe Antonio Souza también es maestro y muy bueno. Es hijo del galerista Antonio Souza y de Lala Sevilla. Hay un muchacho que da teoría musical, Orlando González que vino de Guanajuato, y también las puede. La escuela está muy viva gracias a su generación de personal preparado.”
–¿Te gusta dar clase?
–Aprende uno muchísimo, más que los alumnos; aprendes a transmitir lo que sabes y lo que ellos te enseñan con sus preguntas. No existe un antecedente de escuelas de rock en México. Como maestro enseñas que todavía los chavos pueden ser mejores de lo que son, les dices la palabra adecuada y se lanzan.
–¿En qué año se fundó la escuela de rock?
–El 15 de mayo de 2006. Desde un año antes estuvimos trabajando, me invitó Raquel Sosa, quien hizo mucho por la cultura hace años cuando fue secretaria de Cultura; pregúntale a Jesusa Rodríguez, y así hemos continuado frente a los árboles del parque de la Bombilla. ¿No nos oyes, Elena, tú que vives en Chimalistac?
–Sí, los oigo con mucho cariño.