El Templo de Quetzalcóatl pasó de “cueva sagrada” a “santuario público”: experto
El Templo de Quetzalcóatl pasó de “cueva sagrada” a “santuario público”: experto
▲ Trabajadores en el túnel descubierto bajo el Templo de la Serpiente Emplumada; ahí se han localizado miles de fragmentos de cerámica y desechos y objetos de concha.Foto cortesía de Sergio Gómez
Ana Mónica Rodríguez
Enviada
Periódico La Jornada
Martes 12 de mayo de 2026, p. 2
Teotihuacan, Méx., Luego de explorar durante años el túnel que se encuentra a más de 15 metros de profundidad bajo el Templo de la Serpiente Emplumada (conocido también como Templo de Quetzalcóatl), en la zona prehispánica de Teotihuacan, las investigaciones lideradas por el arqueólogo Sergio Gómez Chávez revelan que los antiguos pobladores pasaron de hacer rituales selectos en esa “cueva sagrada” a realizar escenificaciones ceremoniales ante más de 100 mil teotihuacanos que asistían a la gran explanada inundada, que era entonces La Ciudadela.
Este “santuario público”, donde los rituales eran “masivamente observados para reactualizar el mito de la creación original”, forma parte de los múltiples resultados del proyecto Tlalocan: Camino bajo la tierra, en Teotihuacan, que Gómez Chávez encabezó luego de ese hallazgo, el 2 de octubre de 2003.
Dicha investigación se encuentra en análisis de gabinete, conservación y en estudios de materiales, porque la exploración arqueológica dentro del túnel de más de mil 800 años de antigüedad ya concluyó.
En entrevista con La Jornada, Gómez comentó que además de comprobar hipótesis hubo otras revelaciones durante la investigación en torno a uno de los hallazgos más relevantes en el país, que ha aportado invaluable y abundante información, con 350 mil extraordinarios objetos, más de 12 pelotas de hule, impresionantes ofrendas y materiales de todo tipo hallados bajo una de las principales pirámides de la Ciudad de los Dioses, una de las urbes más complejas que existieron en el México prehispánico.
Entre la información obtenida, el arqueólogo dijo que “los resultados permiten inferir que el túnel pudo ser construido entre los años 1 y 100, en la fase de Tzacualli; ese conducto subterráneo fue objeto de intrusiones múltiples y continuas, cuyo ingreso periódico presupone la realización de actos rituales de investidura con carácter legitimador”.
Por esta razón, al inicio de la investigación se postuló que en el interior del túnel de casi 103 metros de longitud –con tres grandes cámaras dentro–, usado por 250 o 300 años, “podrían encontrarse los restos de quienes recibían o transmitían los cargos y dones; éste debió ser empleado como depósito funerario de un gobernante poderoso”.
Pero tras años de excavación, “la revelación” fue que en la segunda de tres clausuras que tuvo el túnel, hechas por los mismos teotihuacanos, “podemos afirmar que se extrajo algo muy pesado que se hallaba en la parte final utilizando cuerdas para jalarlo” y, tras sacarlo (los teotihuacanos), tomaron la decisión de cerrar por tercera ocasión y definitiva el pasaje con cientos de toneladas y piedra”; según las dataciones esto ocurrió entre los años 220 y 230.
Las marcas de las cuerdas que quedaron impresas, enfatizó Gómez, fueron evidentes en varias partes del túnel. “Quizá nunca sabremos qué sacaron; sin embargo, nuestra hipótesis se sustenta en el enorme despliegue de recursos depositados como ofrenda, tan importante como la ubicación del túnel, la cual mantiene una correspondencia con los rumbos del cosmos y el axis mundi”.
Con 45 años de trayectoria, Sergio Gómez Chávez, quien prefirió seguir el camino de la arqueología al de la sicología, captó la atención cuando descubrió el túnel bajo el Templo de Quetzalcóatl, hallazgo que implicó años de investigación junto con la doctora Julie Gazzola y un equipo multidisciplinario, además de tecnología de vanguardia, como los robots Tlaloque, escáneres, láseres y digitalizaciones, entre otros equipos y herramientas.
Gómez Chávez, quien ha sido galardonado por la Academia de Ciencias Sociales de China por la investigación del túnel que permaneció oculto e inalterado por más de mil 500 años, subrayó que “la exploración arqueológica a más de 15 metros de profundidad ya concluyó”.
Material recuperado
En un recuento del material recuperado y registrado sobresalen más de 20 mil fragmentos de cerámica de jarras Tláloc que fueron localizadas en el tiro de acceso, además de desechos y objetos de concha, los cuales fueron arrojados ritualmente en el proceso de la última clausura del túnel.
Asimismo, hallaron más de 12 pelotas de hule y miles de fragmentos de aparente uso en el juego de pelota; tan sólo la ofrenda principal, ubicada poco antes de las tres cámaras, contenía “varias docenas de grandes caracoles, así como decenas de discos de pizarra y cilindros de pirita de diferentes tamaños; también se hallaron restos óseos de grandes felinos, así como pelos de animal, por lo que piensan que se trataba de pieles; además, recuperaron miles de cuentas de concha, serpentina, jade y pirita, y se localizaron fragmentos de tablas que podrían corresponder a una caja de madera, en cuyo interior se encontraron principalmente cuentas de concha y élitros de escarabajos”.
También, refirió el investigador, “se recuperó mercurio que había sido colocado intencionalmente para representar el agua sagrada, el agua de las profundidades, el agua de ríos y lagos del inframundo”.
Esta réplica del inframundo, dijo Gómez, es un cosmograma, una representación a escala de paisaje mítico. “Esta manifestación del espacio sagrado se completa al subir la vista y observar la bóveda oscurecida con barro e impregnada con polvo de minerales brillantes, un cielo colmado de estrellas titilantes al paso de las antorchas con que se iluminaban los antiguos teotihuacanos”, describió.
Además fueron localizadas cuatro esculturas antropomorfas de una pareja, así como de una mujer vestida con falda y quechquémitl, y un hombre pequeño desnudo, que se localizaron de pie, ligeramente recostados sobre su espalda.
Otra de las hipótesis de los investigadores es la existencia de un juego de pelota, que podría estar vinculado al túnel milenario. Esta enorme estructura arqueológica –que proponen era una cancha, el llamado teotlachco– se encuentra a escasos centímetros bajo la superficie donde transitan actualmente los turistas.
Otro aspecto a destacar es que los trabajos de la doctora Julie Gazzola “han permitido conocer la secuencia de transformación y uso del espacio donde se ubica La Ciudadela, que ha generado nuevos datos que modifican varias de las ideas expuestas sobre el proceso de ocupación y desarrollo urbano de Teotihuacan”.
Gómez explicó: “ha demostrado cómo, de ser un espacio dedicado a la agricultura, se transformó en santuario, y posteriormente, con la edificación del majestuoso complejo de La Ciudadela, casi como la conocemos en la actualidad”.
Así que, el túnel bajo el Templo de la Serpiente Emplumada “fue contemporáneo de un antiguo basamento denominado por Saburo Sugiyama, el pretemplo de Quetzalcóatl, que fue destruido, así como de un complejo de estructuras cívico-ceremoniales que formaban parte de un primer santuario que existía antes de que se edificara el complejo de La Ciudadela”.
Activista
Sergio Gómez Chávez, no sólo es un arqueólogo que ha develado hallazgos y es artífice del proyecto Tlalocan: Camino bajo la tierra en Teotihuacan, sino que también ha dado batalla a multinacionales como Walmart, así como a los espectáculos de luz y sonido en la mítica zona prehispánica mexiquense, los cuales –aseguró– son “inviables, y seguiremos alzando la voz” contra esos shows nocturnos en pro de la conservación de los monumentos.
Durante la charla con Sergio Gómez es inevitable recordar la perforación a las pirámides del Sol y la Luna para el proyecto Resplandor Teotihuacano, ocurrido en 2008, lo cual generó una polémica de alcances mediáticos y, sobre todo, causó indignación entre investigadores, especialistas y la sociedad. Ante esas iniciativas de productoras de entretenimiento, el arqueólogo aseguró que continuará en la defensa y preservación del patrimonio arqueológico en la Ciudad de los Dioses.
Los resultados de más de una década de investigación bajo el Templo de la Serpiente Emplumada y del milenario túnel se encuentran detallados en el libro El Proyecto Tlalocan: Camino bajo la tierra, en Teotihuacan, editado por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, que será presentado por Julie Gazzola y Sergio Gómez Chávez el 28 de mayo a las 17 horas en el Museo Nacional de Antropología.