CUREE, el robot submarino que monitoriza los arrecifes – Forbes España
La exploración científica de los arrecifes coralinos está entrando en una nueva era. Investigadores de la Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) han desarrollado CUREE (Curious Underwater Robot for Ecosystem Exploration), un robot submarino autónomo diseñado para estudiar ecosistemas marinos complejos con un nivel de detalle y autonomía sin precedentes.
El sistema, concebido como una herramienta de apoyo para la investigación oceanográfica y la conservación marina, integra cámaras, hidrófonos e inteligencia artificial para analizar en tiempo real la actividad biológica de los arrecifes. Gracias a esta combinación de sensores visuales y acústicos, CUREE es capaz de identificar zonas de alta biodiversidad, seguir animales marinos y adaptar su comportamiento de exploración de forma autónoma.
Un robot autónomo para comprender ecosistemas complejos
Los arrecifes de coral son uno de los entornos más diversos y frágiles del planeta, pero también uno de los más difíciles de monitorizar. Hasta ahora, gran parte de los estudios dependían de inmersiones humanas, cámaras estáticas o boyas instrumentadas, sistemas limitados tanto en cobertura como en continuidad temporal.
CUREE nace precisamente para superar esas restricciones. El vehículo autónomo puede operar durante horas sin intervención directa, desplazándose a baja altura sobre el arrecife mientras recopila datos acústicos y visuales de alta resolución. Su capacidad para interpretar el entorno en tiempo real le permite tomar decisiones adaptativas durante la misión.
El proyecto está liderado por el científico Yogesh Girdhar y el laboratorio WARP Lab de WHOI, dentro de una iniciativa orientada a desarrollar robots capaces de convertirse en “socios científicos” para la investigación marina.

Inteligencia artificial para localizar “hotspots” de biodiversidad
Uno de los avances más relevantes anunciados recientemente por WHOI es la capacidad de CUREE para detectar automáticamente “hotspots” de biodiversidad en arrecifes coralinos. Estos puntos concentran una elevada actividad biológica y son esenciales para evaluar la salud del ecosistema.
El robot analiza simultáneamente imágenes y paisajes sonoros submarinos mediante algoritmos de inteligencia artificial embarcados. Así puede reconocer patrones asociados a especies, actividad animal o características del hábitat, generando mapas ecológicos de gran precisión.
Según los investigadores, esta aproximación abre nuevas posibilidades para la conservación de arrecifes amenazados por el calentamiento global, la acidificación de los océanos y la presión humana.
“CUREE no pretende sustituir la observación humana, sino ampliar sus capacidades y realizar tareas imposibles para un buceador”, explicó Yogesh Girdhar en la presentación del proyecto.
Capaz de seguir peces y estudiar el comportamiento animal
Más allá de la cartografía ecológica, CUREE también ha demostrado capacidades avanzadas de seguimiento de fauna marina. Durante pruebas realizadas en las Islas Vírgenes estadounidenses, el robot consiguió rastrear barracudas, rayas y otros peces sin necesidad de etiquetas electrónicas.
El sistema utiliza visión artificial para mantener localizados a los animales incluso en entornos complejos y con escasa visibilidad. Esta capacidad resulta especialmente valiosa para estudiar comportamientos naturales sin interferir directamente en el ecosistema.
Además, el diseño modular del vehículo permite incorporar diferentes sensores científicos según la misión, desde sistemas acústicos hasta colectores de muestras de agua. Los investigadores destacan también su portabilidad: CUREE puede transportarse como equipaje convencional y desplegarse por equipos reducidos en zonas remotas.
Robótica submarina para la conservación del océano
La aparición de plataformas como CUREE refleja el creciente papel de la robótica y la inteligencia artificial en la investigación oceanográfica. Frente a la acelerada degradación de ecosistemas marinos, estas tecnologías permiten ampliar la escala y frecuencia de los estudios científicos, generando datos más precisos para la gestión ambiental.
En el caso de los arrecifes coralinos, considerados uno de los ecosistemas más amenazados del planeta, herramientas autónomas como CUREE podrían convertirse en aliados estratégicos para monitorizar su evolución y evaluar programas de restauración.El desarrollo del robot ha contado con financiación de la National Science Foundation estadounidense y forma parte de una línea de investigación que busca crear sistemas autónomos capaces de explorar ecosistemas complejos con un nivel creciente de independencia científica.