Zacamandú vuelve para revivir sones jarochos de los siglos XVII al XX
▲ Desde la izquierda: Francisco García Ranz, Armando Herrera, Antonio García de León, Pedro García de León, Lucas Hernández, Ernesto Anaya, Wendy Cao Romero, Leopoldo Novoa y Adriana Cao Romero.Foto Gerardo Oliva
Ángel Vargas
Periódico La Jornada
Viernes 22 de mayo de 2026, p. 3
Al igual que el Cid Campeador –aquel mítico caballero y líder militar medieval que, según la leyenda, ganó una batalla después de muerto–, Zacamandú da ahora un nuevo campanazo.
A pesar de haberse disuelto a mediados de la década de 1990, este legendario grupo de sones jarochos y huastecos lanzará hoy un material fonográfico que permaneció inédito durante 32 años: Zacamandú: Antiguos sones jarochos. Volumen 2.
El álbum, grabado en directo entre 1993 y 1994 en la sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario y en el Centro Cultural Ollin Yoliztli, es resultado de un proyecto orientado a preservar y revivir antiguos sones jarochos.
“Más que un rescate, es una recuperación de temas que estaban en desuso y que tuvimos el gran gusto de reconstruir, interpretar y revivir”, explica la arpista Adriana Cao Romero, fundadora de la agrupación, quien, a la par de ejercer su profesión universitaria, se mantiene vigente en ese género musical al frente del grupo Caña Dulce y Caña Brava.
Las nueve piezas que lo conforman abarcan desde el siglo XVII hasta el XX. Su origen se remonta a una rigurosa investigación del reconocido historiador y jaranero Antonio García de León, quien rescató las letras y partituras de archivos y escritos antiguos.
De acuerdo con Leopoldo Novoa, otro de los ex integrantes de Zacamandú, determinar el nacimiento exacto de esos sones es una tarea no sólo compleja, sino en muchos sentidos imposible.
“Toda esta música se fue haciendo y transmitiendo de boca en boca”, explica el compositor y multinstrumentista de origen colombiano, quien menciona que el propio García de León explica en su libro El mar de los deseos que la cultura latinoamericana se gestó en el Caribe, en una constante mixtura.
“Fueron los pequeños comerciantes y viajeros quienes llevaron de puerto en puerto las músicas, letras y versadas. Por eso es posible encontrar los mismos versos en el ‘Martín Fierro’ argentino que en la música llanera de Colombia y Venezuela, que en Cuba, Puerto Rico y México”, señala y añade que tal dinámica se extendió hasta Europa, donde el propio Bach, por ejemplo, tiene una chacona (danza y forma musical barroca de origen novohispano).
Riesgo latente
La grabación, realizada en una sola toma con dos micrófonos por el ingeniero Guillermo Guillo Pous, es un documento de época. Sin software ni edición digital, el balance se lograba moviendo a los músicos en el espacio, recuerda Novoa, quien llegó al país para estudiar composición y se integró a Zacamandú al descubrir el valor y belleza de la música tradicional de nuestro país.
Lo único que se hizo ahora con ese material fue masterizarlo para “darle un ligero sonido envolvente”, detalla, pero la esencia es la misma: cruda, directa y profundamente tradicional.
Entre las piezas incluidas están El durazno, Los negritos, La culebra, La chuchurumaca, La guanábana, Los panaderos y El café, además de una versión íntima e improvisada de El cascabel, interpretada en solitario por Antonio García de León con su jarana.
Para dimensionar la importancia de esta iniciativa hay que tener presente que entre las décadas de 1980 y 1990 el son jarocho enfrentaba un riesgo latente de desaparecer.
“Desde ese momento existió mucha gente que se dio a la tarea no sólo de difundir, sino de enseñar, de ir a las comunidades, de volver a hacer jaranas y fandangos”, resalta Novoa. “Zacamandú fue parte de ese movimiento”.
Lo más importante para el grupo en ese entonces, según Adriana Cao, era reunirse en esa especie de familia musical a tocar las piezas que les proporcionaba García de León y cumplir con la meta de participar cada año en el Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan, Veracruz, con un son nuevo y un cancionero artesanal hecho por Armando Herrera.
Que esta grabación se mantuviera más de tres décadas en silencio se debe a que “estaba extraviada”, además de que “no hubo interés y, aunque sabíamos que existía, cada quien tenía sus proyectos”, precisa la arpista.
Fue la insistencia de Armando Herrera y el apoyo del sello Fonarte Latino, por conducto de Diego Ávila, lo que permitió localizar, masterizar y finalmente editar el material, el cual estará disponible en todas las plataformas digitales (YouTube, Apple Music y Spotify, entre otras) y en el sitio www.leopoldonovoa.org/zacamandu. También habrá una edición especial en disco compacto de 300 ejemplares.
En este proyecto participaron como invitados especiales los músicos Octavio Vega Hernández, Diego López Vergara, Ramón Gutiérrez Hernández, Salvador Negro Ojeda y Darmacio Cobos. A ellos se suman, como colaboradores, el recientemente fallecido historiador Ricardo Pérez Monfort, además de Graciela Ramírez y Felipe Oropeza.
Fundado en 1980, Zacamandú estuvo conformado por Adriana y Wendy Cao Romero, Antonio y Pedro García de León, Ernesto Anaya, Francisco García Ranz, Lucas Hernández Bico, Armando Herrera Silva y Leopoldo Novoa.