Museo de Bellas Artes revisará la faceta muralista de Roberto Montenegro
▲ El pintor Roberto Montenegro (1887-1968) incursionó en el muralismo en 1921.Foto tomada de la página de Facebook del Museo del Palacio de Bellas Artes
Merry Macmasters
Periódico La Jornada
Lunes 25 de mayo de 2026, p. 3
El artista Roberto Montenegro (1887-1968) es conocido por sus facetas de pintor, litógrafo, ilustrador, escenógrafo y autor, y es considerado el primero en sumarse al movimiento muralista, ya que en 1921 pintó la primera obra de ese género del México moderno, El árbol de la vida, en el ábside de lo que fue el templo del antiguo Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, ahora Museo de las Constituciones, en el Centro Histórico.
El Museo del Palacio de Bellas Artes (MPBA) revisará este aspecto tal vez poco recordado y valorado de la amplia producción del jalisciense. La exposición Roberto Montenegro: Muralismo fuera de la norma, que abrirá al público el miércoles, hará una “relectura” de la obra del Premio Nacional de Artes 1967 como “pionero” de esta disciplina en México y artista de vanguardia que integró el simbolismo, el art déco y la estética de las artes populares, otra de sus grandes pasiones. El recinto presentó en 2018 la muestra Roberto Montenegro: Expresiones del arte popular mexicano.
Un centenar de obras, en su mayoría pintura, aunque también algunas acuarelas y litografías, integrarán la muestra curada por Daniel Garza Usabiaga. Por primera vez, tres fragmentos del mural Reconstrucción (1931-1933), de Montenegro, serán exhibidos de manera independiente: Maestra rural, Retrato de Eisenstein y Desarme. Se incluirán los tres paneles que hizo para el Banco de Comercio, que se preservan en el Museo de la Ciudad de Irapuato.
La actual muestra dará cuenta de la amplitud de la obra del artista, evidenciando su interés por el modernismo, la simbología y la arquitectura. Al recorrer las salas, será posible apreciar la transformación de su práctica artística, desde la monumentalidad del mural, pasando por una postura humanista reflejada en imágenes antifascistas, antibelicistas o pacifistas, hasta el impacto que tuvo su trabajo en la construcción de una modernidad mexicana diversa y alejada de los discursos oficiales únicos.
El árbol de la vida no fue su primer mural. Trasladado a España para continuar su formación de pintor, al inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914, fue a refugiarse en el puerto de Pollensa, Mallorca. Allí realizó su primer mural, Alegoría de las Baleares, en el Círculo Mallorquín, en 1919, año en que también regresó a México.
Pronto entró en contacto con José Vasconcelos, entonces rector de la ahora Universidad Nacional Autónoma de México, quien al ser nombrado secretario de Educación Pública en el gobierno de Álvaro Obregón lo comisionó para decorar el interior del templo del ex colegio jesuita de San Pedro y San Pablo, con motivos ornamentales y azulejos en toda la nave. En el ábside pintó al fresco El árbol de la vida, que alude al origen y destino del hombre, ejecutado en el espíritu decorativo del art nouveau que Montenegro había conocido en Europa. No era de tema político.
Un caballero por San Sebastián
Julieta Ortiz Gaitán escribe: “pronto se incorpora a la Secretaría de Educación Pública (SEP), como maestro de dibujo y con el nombramiento de ‘decorador’ de ese órgano. En estrecha colaboración con Vasconcelos realiza lo mejor de su obra mural en los cuatro años de la gestión vasconcelista, de 1921 a 1924”. Para la investigadora Laura González Matute, en 1921 Vasconcelos “aún no tenía muy claro lo que quería más allá de pintar muros”.
Originalmente, Montenegro tomó como figura central del mural El árbol de la vida una imagen de San Sebastián, la cual se mandó borrar a los dos años por instrucciones de Presidencia, indicó Esperanza Balderas, especialista en la obra de Montenegro. Se sustituyó por un hombre en armadura negra. Una de las musas que están al lado del personaje central sostiene un arco con flecha que apunta hacia un San Sebastián que ya no está.
En 1922, Montenegro empezó el mural al fresco La fiesta de la Santa Cruz en el cubo de la escalera de San Pedro y San Pablo, obra que terminó al año siguiente, así como la ejecución de Zodiaco en la bóveda. Invitado a pintar en los despachos del titular de la SEP, ejecutó a la encáustica y al óleo los murales La isla de Occidente y Estudios indostánicos, La familia rural, Alegoría del mundo indígena –desaparecido en 1989– y frisos alegóricos con símbolos masones.
Siguieron más murales: uno pintado al fresco para la Biblioteca Iberoamericana, ubicada en la ex iglesia de la Encarnación (1924); El cuento de Aladino y Personajes de la historia en la biblioteca del Centro Escolar Benito Juárez (1925); El ángel de la paz o Alegoría del viento –posteriormente trasladado al Palacio de Bellas Artes–, y Maquinismo (desaparecido) en el Claustro Oriente del ex colegio de San Pedro y San Pablo (1926); además, realizó los bajorrelieves de los vestidores del teatro al aire libre Coronel Lind-berg, en el Parque México (1927).
En San Pedro y San Pablo, en 1928 ejecutó El nuevo día, mural realizado al fresco con personajes al estilo típico de Tehuantepec, Jalisco y Guerrero. Se desconoce su actual ubicación. Al año siguiente se trasladó a Tepecuacuilco, Guerrero, para pintar en una escuela primaria el mural Busca en la tierra tu alimento. Fue hasta 1931-1933 que concluyó los murales del cubo de la escalera de San Pedro y San Pablo, en los que colaboró Hermilo Jiménez.
También realizó murales para particulares, como demuestra la obra hecha en 1932 para el restaurante bar L’Escargot, de Manolo del Valle. Un año después, en las oficinas de la compañía ferrocarrilera Southern Pacific, realizó tres murales sobre bastidores: Sonora, Sinaloa y Nayarit.
En 1947, Montenegro retomó su actividad muralística al iniciar un proyecto de 20 paneles en el Bar Montenegro “para señoritas”, en el desaparecido Hotel del Prado. El Frido Guillermo Monroy colaboró en su factura. Los terminó en 1948.
Al parecer su último proyecto muralístico pictórico consistió en los murales que pintó sobre bastidores, en 1950, para el Banco de Comercio de la Ciudad de México, con los temas: industria, comercio y trabajo. Actualmente, se encuentran en el Museo de la Ciudad en Irapuato. Para el frontón del Teatro Degollado, en Guadalajara, diseñó la alegoría Apolo y las musas realizada en mosaico de vidrio.