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Italia: los Museos Capitolinos invitan a “un viaje por los colores de México”

 Italia: los Museos Capitolinos invitan a “un viaje por los colores de México”
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Italia: los Museos Capitolinos invitan a “un viaje por los colores de México”

by websys 9 de junio de 2026

Italia: los Museos Capitolinos invitan a “un viaje por los colores de México”

▲ El óleo Desnudo de espalda (1919), del pintor y muralista Diego Rivera (1886-1957).Foto ©Banco de México

Alejandra Ortiz Castañares

Especial para La Jornada

Periódico La Jornada
Lunes 8 de junio de 2026, p. 2

Roma. “Un viaje por los colores de México” es la invitación con la que los Museos Capitolinos presentan la exposición Diego Rivera y la construcción del arte moderno en México en el siglo XX, que podrá visitarse a partir de mañana y hasta el 13 de diciembre en Villa Caffarelli, moderno espacio expositivo del recinto público más antiguo del mundo.

No es una retrospectiva de Rivera, sino una exploración de la modernidad artística mexicana por medio de su obra y la de otros protagonistas esenciales del arte nacional.

Organizada por la administración de Roma y la Superintendencia Capitolina de Bienes Culturales, en colaboración con MetaMorfosi y el Museo Kaluz de la Ciudad de México, la exposición cuenta con la curaduría de Miguel Fernández Félix, director general del Museo Kaluz, y Alberto González Torres, del Museo Robert Brady de Cuernavaca.

La fórmula promocional elegida resulta sintomática de una tendencia que ha marcado durante décadas la recepción italiana del arte mexicano, a menudo más interesada en subrayar su exotismo y colorido que en fomentar un verdadero diálogo cultural.

Según Mario Sartor, historiador del arte y una de las principales referencias italianas en el estudio del arte latinoamericano, la recepción de la plástica mexicana estuvo marcada durante gran parte del siglo XX por una mirada predominantemente italocéntrica que redujo la complejidad del continente a unas pocas figuras de referencia, y con frecuencia a lecturas superficiales condicionadas por prejuicios ideológicos.

Para este especialista, Rivera ocupó durante décadas una posición singular en Italia: fue prácticamente el único artista latinoamericano presente en el imaginario de la crítica y del público, aunque a menudo de manera superficial y distorsionada.

Convertido en emblema de todo un continente y en personaje antes que en artista, la crítica prefirió insistir en la imagen pintoresca del revolucionario que “pintaba con la paleta en una mano y la pistola en la otra”, antes que analizar el alcance estético, histórico y político de una obra fundamental para comprender la modernidad mexicana.

Aunque la 25 Bienal de Venecia de 1950 suele considerarse el momento decisivo en el descubrimiento del arte mexicano en Italia, una investigación reciente de Isabella Proia ha demostrado que el interés por Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros se había manifestado ya en los primeros años de la posguerra.

Documentos de 1946 hallados en el Archivo Histórico Diplomático del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano revelan la existencia de un proyecto para que los tres muralistas realizaran una obra conjunta en el Foro Itálico, antiguo Foro Mussolini, vasto complejo deportivo y monumental situado a orillas del Tíber y concebido como uno de los principales escaparates de la ideología fascista.

Concebida por Rivera como una “lírica de la fraternidad latina” y financiada por el gobierno mexicano, la iniciativa naufragó entre dificultades económicas y organizativas, agravadas por la ocupación aliada del recinto y por las reservas que despertaba el activismo comunista de Siqueiros.

Venturi y De Micheli, divulgadores

El verdadero reconocimiento del muralismo mexicano en Italia llegó en la posguerra, cuando intelectuales como Lionello Venturi y, sobre todo, Mario de Micheli comenzaron a situar a Rivera, Orozco y Siqueiros entre los protagonistas de la modernidad internacional.

Para De Micheli, el muralismo representaba “el más alto ejemplo de realismo épico contemporáneo”: una forma de arte moderno, público y profundamente humano, capaz de conciliar innovación formal, compromiso social y una estrecha relación con la historia y las aspiraciones colectivas de su tiempo.

La investigación de Chiara Stella Alberti, basada en el Fondo Ada y Mario de Micheli en Milán –extraordinario archivo que reúne más de 22 mil volúmenes, revistas especializadas, correspondencia, manuscritos, fotografías y catálogos de exposiciones– permite reconstruir la recepción del muralismo mexicano en Italia desde la posguerra hasta los años 80.

Su estudio revela la manera en que De Micheli encontró en el arte surgido de la Revolución Mexicana un modelo capaz de conciliar innovación formal, compromiso social y vocación pública.

Con el propósito de conocer de primera mano aquella experiencia artística, De Micheli viajó a México en 1966. Durante su estancia convivió una semana con Siqueiros en Cuernavaca, visitó sus talleres y recorrió algunos de sus proyectos murales. De ese encuentro surgió la monografía Siqueiros, publicada en 1968 y posteriormente reditada en Estados Unidos y México.

Su labor de difusión continuó con la gran retrospectiva dedicada al artista en Florencia en 1976, donde se reprodujeron a escala real algunos de sus murales, y con la exposición sobre José Clemente Orozco organizada en Siena en 1981. Gracias a estas iniciativas, De Micheli se convirtió en una figura decisiva para la recepción crítica del muralismo mexicano en Italia.

A pesar de este sólido antecedente, el interés nunca llegó a consolidarse de manera plena, y la figura de Rivera terminó desplazada por relatos más fácilmente asimilables por el sistema del arte.

El caso más elocuente fue la construcción mediática de Frida Kahlo como ícono global, popularidad que con el tiempo acabó eclipsando la notoriedad que el muralista había sostenido durante décadas.

Vista desde esta perspectiva, la exposición romana constituye mucho más que una revisión histórica: es una nueva oportunidad para acercar al público italiano a una tradición artística que durante décadas tuvo una recepción limitada y fragmentaria.

No deja de ser significativo que ocupe hoy uno de los espacios expositivos más prestigiosos y visibles de la capital italiana –una centralidad institucional rara vez concedida al arte latinoamericano.

Pero más allá de Rivera y los muralistas, la exposición reúne figuras fundamentales de la modernidad mexicana como Rufino Tamayo, Manuel Rodríguez Lozano, Carlos Mérida, Roberto Montenegro, Juan O’Gorman, María Izquierdo, Leonora Carrington y Rosa Rolanda, por citar algunos, revelando un panorama artístico de extraordinaria riqueza y diversidad. Lejos de aquellos viejos estereotipos, la muestra propone un recorrido por algunas de las expresiones más sofisticadas y originales de la modernidad artística del siglo XX.

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