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EEUU asegura que dos objetos cerca de Urano y Neptuno causaron estragos en varias lunas y luego desaparecieron

 EEUU asegura que dos objetos cerca de Urano y Neptuno causaron estragos en varias lunas y luego desaparecieron
Ciencia

EEUU asegura que dos objetos cerca de Urano y Neptuno causaron estragos en varias lunas y luego desaparecieron

by websys 11 de junio de 2026

La historia primitiva de nuestro vecindario cósmico acaba de dar un giro inesperado gracias a una investigación de la Universidad Johns Hopkins. Los astrónomos han descubierto indicios de que dos planetas gigantes adicionales orbitaron en las proximidades de Urano y Neptuno. Estos mundos desaparecidos alteraron de forma severa la trayectoria de los satélites circundantes antes de ser expulsados de manera definitiva hacia el espacio interestelar.

Este hallazgo científico, publicado recientemente en la prestigiosa revista especializada Icarus, aporta una perspectiva completamente nueva sobre la evolución astronómica. El equipo liderado por el científico Matthew Clement analizó las variaciones orbitales del sistema solar exterior utilizando sofisticados modelos informáticos. Los resultados demuestran que la arquitectura celeste primitiva era mucho más caótica y masiva de lo que se consideraba hasta la fecha.

Consecuencias geológicas en las lunas

El estudio empleó simulaciones numéricas avanzadas para reproducir las interacciones de los cuerpos celestes durante un tramo temporal de 20 millones de años. Las ecuaciones demostraron que las órbitas actuales de los satélites de Júpiter y Urano guardan las huellas geológicas de estos intrusos. Al integrar los satélites en el modelo dinámico, los expertos observaron efectos muy diferenciados entre los diferentes sistemas planetarios.

Los satélites principales de Júpiter presentan hoy en día una sincronía matemática perfecta que delata su pasado intacto. Las lunas Ío, Europa y Ganímedes operan bajo una estricta resonancia orbital que solo pudo conservarse si existieron dos supertierras adicionales. Estos objetos helados contaban con una masa intermedia situada entre la escala de la Tierra y el tamaño de Neptuno.

En el entorno de Urano el panorama resultante fue totalmente destructivo debido al paso de un único planeta masivo sobrante. Este objeto desató tal inestabilidad gravitatoria que forzó colisiones masivas y sucesivas entre los cuerpos que orbitaban al gigante helado. Dichos impactos justifican las anomalías físicas observadas hoy en la composición de algunas superficies del sistema exterior.

El destino de los mundos fugitivos

Respecto a los efectos de estos choques, el científico Nathan Kaib, coautor del artículo e investigador del Planetary Science Institute, explica las consecuencias físicas. «Mientras brincaban entre los gigantes gaseosos y Urano, estos planetas suplementarios probablemente desestabilizaron las lunas de Urano, causando que colisionaran. Tales colisiones habrían fragmentado al menos parcialmente las lunas y vaporizado materiales volátiles como el hielo, que más tarde se acumularon en los restos, posiblemente explicando por qué la luna de Urano, Miranda, tiene un 50% más de hielo que las otras lunas del planeta«, afirmó el experto.

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El desenlace final para estos dos astros desterrados fue el exilio absoluto de la influencia del Sol debido a un violento efecto de rebote gravitatorio mutuo. Este juego de fuerzas expulsó de forma irreversible a las supertierras hacia los confines del plano galáctico profundo. Aunque precisar sus rasgos geológicos resulta imposible, sus propiedades físicas debieron ser similares a las de Neptuno.

La línea de investigación de la Universidad Johns Hopkins se centrará ahora en examinar con mayor detalle las anomalías superficiales de las lunas uranianas. El objetivo principal es ratificar las secuelas directas de estas inestabilidades orbitales del pasado remoto. Quizá el análisis minucioso de estos fragmentos congelados permita desvelar por completo el mecanismo de formación de nuestro entorno planetario.

La historia primitiva de nuestro vecindario cósmico acaba de dar un giro inesperado gracias a una investigación de la Universidad Johns Hopkins. Los astrónomos han descubierto indicios de que dos planetas gigantes adicionales orbitaron en las proximidades de Urano y Neptuno. Estos mundos desaparecidos alteraron de forma severa la trayectoria de los satélites circundantes antes de ser expulsados de manera definitiva hacia el espacio interestelar.

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