Especialista U. de Chile destaca la importancia de proteger los pastizales frente a la sequía
Especialista U. de Chile destaca la importancia de proteger los pastizales
En el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía y en el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, Luis Piña, académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, releva el valor de estos ecosistemas para frenar la degradación de suelos, sostener la producción animal y resguardar formas de vida rurales.
Muchas veces entendidos como simples extensiones de pasto o terrenos de bajo valor ecológico, los pastizales cumplen un rol fundamental en el equilibrio de los ecosistemas. A través de su vegetación, raíces, suelos y especies asociadas, estos territorios contribuyen a conservar la biodiversidad, regular el ciclo del agua, reducir la erosión y sostener actividades productivas vinculadas al mundo rural.
Su importancia cobra especial relevancia cada 17 de junio, en el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Este año, la efeméride está dedicada a los pastizales en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. En esa línea, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha llamado a visibilizar el valor de estos ecosistemas para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y el sustento de comunidades rurales.
Sobre la relevancia de estos ecosistemas, el Dr. en Ciencias Agrarias Luis Piña, académico del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Agronómicas, considera que este llamado resulta especialmente pertinente para países como Chile, donde la sequía, la variabilidad climática y la degradación de suelos tensionan cada vez más los sistemas productivos y a las comunidades rurales. “Un ecosistema de pastizal es mucho más que un lugar donde tú vas a encontrar lo que normalmente se denomina pasto, es un ecosistema que sustenta gran parte de los sistemas productivos que se dan en condiciones de pastoreo, pero que a su vez representa el estilo de vida de muchos productores con un arraigo hacia el campo”.
El especialista, con una amplia trayectoria en el área de pastizales, sostiene que estos territorios también conllevan una dimensión histórica y cultural. Entre estas expresiones destacan la figura de los pastores y prácticas como la transhumancia, en la que los productores trasladan a sus animales desde los valles centrales hacia la cordillera en busca de alimento durante los períodos en que los pastizales de la zona central no están disponibles.
Pastizales: ecosistemas clave contra la desertificación
Chile, uno de los países más largos del mundo, cuenta con una amplia diversidad de pastizales y praderas naturales. Según explica el especialista, estos ecosistemas se encuentran desde el altiplano y las zonas áridas del norte, pasando por Atacama, Coquimbo, la zona central y centro-sur, hasta los pastizales de clima templado de La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, y los coironales de la Patagonia.
Esta diversidad sostiene distintos sistemas productivos a lo largo del país: desde la mantención de camélidos en territorios del norte, vinculados a culturas y pueblos indígenas, hasta la producción caprina en Coquimbo, la ovina en la zona central y austral, y la producción de carne y leche en el sur. “Dentro de los países en donde se trabaja con base en pastizales y donde hay una producción animal importante sustentada en el pastoreo directo, somos probablemente uno de los países con una diversidad de pastizales más rica a nivel internacional”, afirma el académico.
El rol de estos ecosistemas también es fundamental frente al avance de la desertificación y la sequía, pues funcionan como una barrera natural que ayuda a evitar el avance de la degradación. La cobertura herbácea protege el suelo, disminuye los procesos erosivos, favorece la retención de agua y contribuye a la captura de carbono. “Gran parte de estos ecosistemas es, de algún modo, la forma que tenemos para que la desertificación no siga avanzando. La existencia de los pastizales como cobertura es vital para frenar procesos nocivos como la desertificación, el avance del desierto, la erosión y la pérdida del suelo”, afirma.
Sin embargo, los pastizales enfrentan múltiples amenazas, entre ellas, las malas prácticas de manejo, como mantener más animales de los que el sistema puede sostener, los efectos del cambio climático, el aumento anual de los incendios y la expansión de los núcleos urbanos e industriales, que reducen la superficie agrícola tradicional.
Prevenir antes que restaurar
Sobre el principal problema, el mal uso de los terrenos, el académico explica que las medidas de recuperación suelen implicar excluir ciertos sectores del pastoreo durante largos períodos, una decisión que puede impactar directamente en la economía de los productores. A esto se suma un escenario de cambio climático marcado por una mayor variabilidad de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas, condiciones que hacen aún más difícil la recuperación de estos ecosistemas. “Se pueden recuperar, sí, pero lo principal debería estar en un buen uso, en un uso racional, sostenible de los recursos y en evitar que los pastizales se degraden”, enfatiza.
Aunque la restauración es posible, advierte que se trata de un proceso complejo y lento. Muchos pastizales naturales dependen de dinámicas de regeneración asociadas a semillas, condiciones climáticas favorables y períodos de descanso del pastoreo, por lo que su recuperación puede tomar varios años. “Degradar un pastizal es muy fácil y puede ser muy rápido. En dos, tres o cuatro años de un mal manejo, acompañado de condiciones climáticas que quizás no son las más adecuadas, un pastizal se puede degradar. Sin embargo, recuperar un pastizal puede tomar muchísimos años”, señala.
En ese contexto, el académico plantea que, si bien existe una mayor conciencia respecto de la conservación de formaciones vegetacionales como el bosque nativo, la conversación sobre preservación y recuperación de pastizales naturales sigue siendo limitada. “Estamos bastante al debe, se conversa muy poco respecto tanto de la preservación como de la recuperación de los pastizales naturales. Hay mucha desinformación todavía entre quienes toman decisiones y quienes están involucrados en procesos de utilización y gestión de los pastizales”, sostiene.
Frente a un escenario marcado por la sequía, la pérdida de suelos fértiles y la presión sobre los territorios rurales, la protección de estos ecosistemas surge como una tarea urgente. Más que simples superficies de pasto, los pastizales conectan suelo, agua, carbono, producción animal y formas de vida que han sostenido históricamente a comunidades del campo chileno. “Hay muchos lugares, zonas y ecosistemas en nuestro país donde el pastizal es el recurso vegetacional principal y más relevante. La Patagonia, por ejemplo, es un caso tradicional y ahí no existe una política definida cuyo enfoque sea la conservación de ese tipo de ecosistemas. Entonces falta; estamos al debe en ese sentido”, concluye.