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Inauguran en Roma muestra en torno a la obra de Diego Rivera y el arte moderno

 Inauguran en Roma muestra en torno a  la obra de Diego Rivera y el arte moderno
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Inauguran en Roma muestra en torno a la obra de Diego Rivera y el arte moderno

by websys 19 de junio de 2026

▲ Armando Colina recibió un reconocimiento del Parlamento italiano por su contribución a la exposición sobre Diego Rivera en los Museos Capitolinos.Foto Jorge Blanco

Alejandra Ortiz Castañares

Especial para La Jornada

Periódico La Jornada
Viernes 19 de junio de 2026, p. 8

Roma. Durante gran parte del siglo XX, el Estado mexicano proyectó la imagen artística del país mediante grandes exposiciones de carácter diplomático: desde las participaciones en las exposiciones universales del porfiriato hasta las monumentales muestras internacionales organizadas por Fernando Gamboa a partir de la década de 1950, culminando con México: Esplendores de treinta siglos (1990) en el Metropolitan Museum de Nueva York. La actual exposición en los Museos Capitolinos de Roma revela, sin embargo, un cambio significativo en la manera de construir la presencia internacional del arte mexicano: el protagonismo ha pasado de los museos públicos a las colecciones privadas respaldadas por alianzas culturales entre México e Italia.

La exposición Diego Rivera y la construcción del arte moderno en México en el siglo XX fue inaugurada en los Museos Capitalinos-Villa Caffarelli, la cual reúne 145 obras que recorren más de un siglo de arte mexicano. El proyecto ha sido impulsado por el Museo Kaluz, en colaboración con la Associazione MetaMorfosi y bajo el aval de la Secretaría de Cultura de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal). La curaduría está a cargo de Miguel Fernández Félix y Alberto González Torres

Entre los principales prestadores figuran, además del propio Kaluz, las colecciones de Andrés Blaisten, Juan Antonio Pérez Simón y Manuel Reyero, así como la Fundación Robert Brady y el Museo de Arte del Estado de Veracruz. Este esquema de cooperación público-privada fue reconocido formalmente al día siguiente de la inauguración, cuando la embajada de México en Italia distinguió a organizadores y prestadores por su labor en la difusión del patrimonio artístico mexicano.

Entre los homenajeados destacó Armando Colina, figura pionera en la promoción del arte mexicano tanto en el país como en el extranjero. Impulsor de innumerables exposiciones internacionales por conducto de la Galería Arvil, participó también en la muestra romana y recibió este reconocimiento a los 91 años, pocas semanas después del homenaje que le fue rendido en Madrid, en lo que constituye una suerte de coronación de una trayectoria dedicada a la proyección internacional del arte mexicano.

Como señaló el embajador Genaro Lozano, el objetivo es fortalecer un puente de diálogo entre dos países que conciben la cultura como un lenguaje universal de paz y encuentro. En ese mismo espíritu, México ha fundado recientemente el Instituto Cultural de México en Italia Tina Modotti, cuya primera directora es Mónica de la Mora.

Más que una narrativa total, ofrece una panorámica

La exposición no posee la escala de las grandes muestras estatales del siglo pasado ni pretende construir una narrativa total de México desde la antigüedad hasta la contemporaneidad. Su apuesta es distinta. Articula una panorámica de más de un siglo de arte mexicano a partir de la figura de Diego Rivera y de un conjunto de obras que privilegia la calidad estética y, sobre todo, el carácter íntimo del descubrimiento. Muchas de las piezas expuestas provienen de colecciones privadas y rara vez han sido vistas públicamente.

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▲ Joven con calabaza, obra de Saturnino Herrán, forma parte de la exposición.Foto Colección Andrés Blaisten

Las obras de Rivera constituyen una cuarta parte de la exposición y se concentran sobre todo en su etapa formativa en Europa. Pinturas, dibujos y litografías dialogan con las célebres fotografías de Tina Modotti que documentan al artista trabajando en murales emblemáticos como La creación y los de la Secretaría de Educación Pública. Asimismo, un registro audiovisual del ciclo mural Corrido de la Revolución (1923-1928) muestra la vida cotidiana del edificio y de sus usuarios, materializando uno de los ideales centrales del muralismo: la integración entre arte y vida.

Si bien explorar las influencias europeas podría parecer hoy una postura anacrónica frente a las lecturas globales y antieurocéntricas hoy dominantes, la muestra resulta paradójicamente original: frente a una historiografía mexicana que ha tendido a construir la modernidad nacional al margen de esa herencia, la exposición reivindica precisamente ese contacto como clave de su formación, si bien con una visión mucho más moderna.

Los ensayos del catálogo, entre ellos los de Angélica Velázquez Guadarrama y Sandra Zetina, proponen una lectura renovada de la experiencia europea de los artistas mexicanos. Subrayan que éstos debieron enfrentar prejuicios y actitudes racistas –como ocurrió con Diego Rivera, cuya capacidad creativa fue cuestionada por el poeta Pierre Reverdy debido a sus orígenes y acento–, al tiempo que participaron activamente en la vida artística internacional. Lejos de ser meros discípulos, asimilaron lenguajes como el cubismo para reinterpretarlos desde sus propios códigos culturales. Rivera, por ejemplo, produjo entre 1913 y 1917 más de un centenar de obras cubistas que lo situaron entre las figuras destacadas de la vanguardia parisina e incluso lo llevaron a rivalizar creativamente con Picasso.

Organizada en cuatro secciones temáticas, la exposición rastrea los orígenes del arte moderno mexicano en la tradición académica del siglo XIX. Formados en Roma, Juan Cordero y José Salomé Pina ilustran dos caminos distintos: mientras el primero aplicó la técnica europea a la representación de personajes mestizos y contemporáneos mexicanos, anticipando una sensibilidad nacional, Pina permaneció más cercano al ideal clasicista de ese continente. Su contraste sugiere que la mexicanidad no surgió por ruptura, sino como una transformación gradual desde el interior del propio academicismo.

La formación europea de Rivera viene propuesta como determinante para el surgimiento del muralismo. Si el cubismo parisino le proporcionó la estructura formal, su viaje por Italia en 1920-1921, que Clara Bargellini describió desde los años 80 como una “segunda academia”, le reveló algo más profundo: la unidad entre arte y vida comunitaria. Esa doble herencia, integrada con las tradiciones indígenas y populares mexicanas, dio origen a un lenguaje artístico universal al servicio de una identidad moderna y revolucionaria

La exposición propone una lectura de la modernidad mexicana no como fenómeno aislado ni afirmación nacionalista, sino como resultado de intercambios y apropiaciones culturales.

 

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