Cuando la mentira cuesta vidas: la desinformación, la nueva gran crisis humanitaria – Ahora
- El Informe Mundial de Desastres de 2026 advierte cómo las narrativas falsas amenazan hoy más que nunca la acción humanitaria. Un caso reciente es el de la DANA de Valencia, donde quedó patente que demostrar la verdad es tan urgente como entregar alimentos u ofrecer refugio.
“La información es tan esencial como la comida, el agua y el refugio”. Así de contundente se muestra Jagan Chapagain, secretario general de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) en las primeras páginas del Informe Mundial de Desastres 2026 que el Movimiento ha lanzado este mismo año. El tema que trata en esta ocasión es la desinformación y no es baladí que sea así en el contexto actual, cuando esta se mueve a gran velocidad y con un alcance sin precedentes.
Y es que “la información también puede causar daño”.” Cuando es falsa, engañosa o está manipulada deliberadamente, puede aumentar el miedo, alimentar la discriminación, obstruir el acceso humanitario y cobrar vidas”, alerta Chapagain. Hoy en día, impulsada por las plataformas digitales y la inteligencia artificial, campa a sus anchas con todas las peligrosas consecuencias que conlleva.
Con el objetivo de poner el foco en esta amenaza, Cruz Roja Española ha presentado en Madrid el Informe Mundial sobre Desastres 2026: verdad, confianza y acción humanitaria en la era de la desinformación. En el acto han participado, entre otros perfiles, María del Mar Pageo, presidenta de Cruz Roja Española, y Xavier Castellanos, subsecretario para el Desarrollo y la Coordinación de las Sociedades Nacionales de la FICR. “El daño de las narrativas nocivas es algo extendido y global que, a diario, genera desprotección en personas en necesidad de ayuda y entraña riesgos para el personal humanitario encargado de su asistencia”, ha subrayado Pageo.
La DANA en Valencia: el impacto real de la mentira
No hay que irse muy lejos, tampoco muy atrás en el tiempo, para comprobar los efectos devastadores de esta crisis. Durante las trágicas inundaciones provocadas por la DANA en Valencia a finales de 2024, Cruz Roja Española fue víctima de una campaña de desinformación masiva. En Internet comenzaron a circular rápidamente narrativas falsas que afirmaban que la Organización estaba ausente, que el personal simulaba entregar ayuda para hacerse fotos, que se desviaba la asistencia a la población migrante o que se hacía un uso indebido de los fondos económicos.
Las consecuencias no se quedaron solo en las pantallas: las traspasaron. El voluntariado, que no dudó ni un momento en desplazarse a pie hacia las localidades más afectadas para echar una mano, entre el barro y el caos, sufrió acoso, amenazas e incluso actos de vandalismo. Todo esto minó la confianza pública y complicó mucho las labores de respuesta en un momento crítico en el que la emergencia seguía activa y salvar vidas era la prioridad absoluta.
España no es un caso aislado, sino el reflejo de una tendencia mundial
España no es un caso aislado, sino el reflejo de una tendencia mundial. En Estados Unidos, tras el paso del huracán Helene en 2024, circularon rumores que aseguraban falsamente que la Cruz Roja Americana estaba ausente o gestionaba mal las donaciones; en Líbano, durante la crisis de la COVID-19, se difundió que personas voluntarias propagaban el virus o vendían sangre; o en Sudán del Sur, donde se dijo que las agencias humanitarias distribuían alimentos envenenados, lo que provocó que la población rechazara distribuciones de ayuda y amenazara al personal local.
El precio que paga el sector humanitario por este clima de hostilidad es altísimo. En el año 2024, 32 voluntarios y personal de Cruz Roja y la Media Luna Roja fueron asesinados mientras estaban de servicio; en 2025, se perdieron otras 27 vidas. Un doloroso recordatorio de los inmensos riesgos que asumen quienes ponen la humanidad como prioridad, a menudo operando en las circunstancias más peligrosas del mundo.
La hoja de ruta: recomendaciones para combatir la desinformación
En este panorama tan complejo, el Informe Mundial sobre Desastres 2026 sitúa la confianza, la proximidad, la comunidad y la resiliencia en el centro de su análisis. Como recalca Jagan Chapagain, “mantener la confianza no es opcional: es una necesidad humanitaria”.
Para contrarrestar esta crisis, el informe plantea una hoja de ruta basada en distintos pilares básicos, que incluyen integrar la gestión de riesgos en los sistemas, fomentar una “diplomacia de la información” y promover la alfabetización digital. De forma práctica, el documento lanza recomendaciones clave y urgentes de la siguiente manera:
- Para gobiernos y autoridades políticas. Deben integrar los riesgos de la información dañina en sus planes de gestión de desastres y de preparación ante crisis. En esta línea, es vital establecer marcos legales que protejan la acción humanitaria, apoyar los sistemas de alerta temprana e invertir en verificación para frenar las narrativas nocivas a tiempo.
- Para plataformas tecnológicas y redes sociales. Tienen una responsabilidad ineludible en la moderación rápida y la detección de contenido dañino. Durante las crisis humanitarias, deben adaptar o “enfriar” sus algoritmos para reducir la amplificación de las mentiras, priorizando la seguridad de las personas sobre la optimización del compromiso y los clics.
- Para los actores humanitarios. La información dañina debe tratarse como un riesgo operativo real, no solo como un contratiempo de comunicación. Las organizaciones deben capacitar a su personal en seguridad digital, establecer sistemas de alerta temprana y, sobre todo, cocrear sus mensajes junto a las comunidades afectadas para garantizar transparencia y cercanía.
- Para la ciudadanía y las comunidades locales. Cada persona tiene un papel fundamental. Se recomienda actuar como intermediarios de confianza, verificando y ampliando la información precisa. Fomentar el diálogo, impulsar el pensamiento crítico y evitar la difusión de contenido no contrastado previene también la desinformación.
La clave es no rendirse y el informe recuerda que “la esperanza también debe ser parte de la respuesta”. Frente a la cultura del ruido, apostar por la verdad, proteger la integridad e invertir en alianzas sólidas son pasos imprescindibles para blindar el espacio humanitario.