Desperdicio de alimentos agrava crisis ambiental – El Economista
El desperdicio de alimentos dejó de ser un problema exclusivamente económico o logístico para convertirse en una de las principales amenazas ambientales a nivel global. Además de contribuir al cambio climático, implica un uso ineficiente de recursos naturales como agua, energía y suelo, por lo que especialistas consideran indispensable fortalecer la participación del sector privado y promover una economía circular que permita aprovechar los excedentes alimentarios.
Cristina Vázquez, gerente de Alianzas Estratégicas de 123IAP, explicó que el desperdicio de alimentos genera alrededor del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Asimismo, cada año se desperdician más de 40,000 millones de metros cúbicos de agua utilizados para producir alimentos que nunca llegan a consumirse, además de provocar deforestación, degradación de suelos y pérdida de biodiversidad.
La organización, fundada en 2016 en la Central de Abasto de la Ciudad de México, trabaja en el rescate de frutas y verduras aptas para el consumo que, de otro modo, serían desechadas. Posteriormente las distribuye entre comunidades en situación de vulnerabilidad, al tiempo que impulsa programas de educación nutricional, consumo responsable y bienestar integral.
Respecto a la cadena de suministro, Vázquez indicó que la pérdida y desperdicio de alimentos ocurre en todas sus etapas; sin embargo, el mayor volumen se registra en los hogares. De acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), aproximadamente 61% del desperdicio mundial proviene del consumo doméstico, debido principalmente a compras excesivas, almacenamiento inadecuado y alimentos olvidados en refrigeradores o alacenas. También existen pérdidas importantes en restaurantes, comedores y comercios minoristas, donde con frecuencia se desechan productos por su apariencia o por fechas preferentes de consumo.
En el ámbito empresarial, la especialista reconoció que las grandes compañías muestran avances en la gestión de excedentes, aunque persisten desafíos relacionados con el conocimiento sobre la donación de alimentos. En contraste, las pequeñas y medianas empresas representan una importante área de oportunidad, ya que muchas carecen de infraestructura, capacitación y mecanismos para canalizar alimentos aptos para consumo hacia organizaciones sociales.
Por su parte, Roberto González Badillo, presidente de 123IAP, señaló que el principal obstáculo no son los costos o la regulación, sino la falta de una cultura organizacional orientada al control del desperdicio y al aprovechamiento de excedentes.
Explicó que muchas empresas aún no incorporan la gestión de desperdicios como parte de sus estrategias de eficiencia y sostenibilidad. Añadió que prácticas de economía circular, como el monitoreo oportuno de inventarios, el reciclaje y la trazabilidad de productos, permiten optimizar recursos y reducir pérdidas.
González Badillo consideró que más que desconocer qué hacer con los excedentes, muchas organizaciones carecen de incentivos y de vínculos con instituciones capaces de recibir y redistribuir los alimentos. En ese sentido, llamó a fortalecer la colaboración entre empresas y organizaciones civiles para evitar que productos en buen estado terminen en la basura.
Finalmente, Vázquez subrayó que reducir el desperdicio alimentario requiere incentivos fiscales más atractivos, campañas de sensibilización y políticas públicas que promuevan la donación y sancionen el desperdicio a gran escala. Recordó que, además de sus consecuencias ambientales y sociales, este problema representa un costo equivalente a 2.5% del Producto Interno Bruto del país, por lo que avanzar hacia un mejor aprovechamiento de los alimentos resulta una prioridad tanto para la sostenibilidad como para la seguridad alimentaria.