Sierra de Santa Marta: entre volcanes y petróleo – Animal Político
En la región de la Sierra de Santa Marta, al sur de Veracruz, habitan comunidades nahuas y nuntajiiyi. Ahí, la pesca artesanal es una de las actividades ancestrales que dan identidad a la población; esta se realiza en el mar y en las aguas interiores de la Laguna del Ostión.
Geográficamente, la Sierra de Santa Marta se encuentra en la zona sur de la Reserva de la Biosfera de los Tuxtlas. Cuatro son los municipios que la integran: Soteapan, Mecayapan, Tatahuicapan de Juárez y Pajapan. Las y los pobladores se han organizado en torno al Movimiento Regional Indígena en Defensa y Respeto por la Vida y el Proceso de Articulación de la Sierra de Santa Marta. Sus demandas son simples: evitar la expansión de la industria de hidrocarburos, defender y cuidar la vida y exigir el reconocimiento de sus actividades tradicionales, particularmente el de personas pescadoras del mar, la laguna y vendedoras de pescados y mariscos tradicionales.
La región es una tierra exuberante que inicia en lo profundo del mar y se eleva precipitadamente hasta la cima de sus majestuosos volcanes, que tienen un carácter sagrado para las comunidades: volcán Santa Marta (1,500 msnm) y volcán San Martín Pajapan (1,100 msnm). Debido a la dramática variación de altitud, es una zona de gran diversidad y en cuyas selvas habitan numerosas especies en peligro de extinción. Las comunidades han logrado el reconocimiento a la posesión ancestral de sus territorios; sin embargo, el mar y la laguna quedaron bajo la jurisdicción federal. Esto ha generado la exclusión de las personas pescadoras tradicionales y vendedoras de pescado y de mariscos de la toma de decisiones y de la posibilidad de construir estrategias para el cuidado y la restauración de sus ecosistemas.
Desde finales del siglo XX, las empresas petroleras empezaron a hacer exploraciones en la región. Dado que encontraron importantes yacimientos de petróleo y gas natural, se volvió una zona prioritaria para el desarrollo de esta actividad en el país. El paisaje comenzó a transformarse. Grandes pozos petroleros pueden verse en el mar, se construyeron refinerías y grandes tubos comenzaron a atravesar sus territorios. La lluvia se volvió ácida, el aire cambió su aroma y frecuentemente se empezaron a observar derrames de petróleo sobre la superficie del mar y la laguna.
Las y los pobladores locales fortalecieron su organización para cuidar su territorio y se mantienen firmes en seguir viviendo conforme a sus propias formas de vida. La pesca tradicional sigue siendo el sustento para muchas de las personas ahí, pero, ante la falta de permisos, han sido criminalizados por desarrollar sus actividades tradicionales. Además, por la falta de reconocimiento, se les ha negado la posibilidad de diseñar estrategias que garanticen la sustentabilidad de sus pesquerías.
El derrame que confirmó el temor
En febrero de 2026, se escuchó el rumor de un derrame de petróleo. Las personas pescadoras y las organizaciones de la sociedad civil empezaron a pedir auxilio. Las autoridades lo negaron, pero un mes después, en marzo, las playas de esta región de Veracruz y las orillas del sistema lagunar amanecieron cubiertas de chapopote. Las personas pescadoras tradicionales y las vendedoras de pescados y mariscos tuvieron que dejar de trabajar; la actividad económica se detuvo. Pescadores del mar y laguneros tradicionales y vendedoras de mariscos salieron a las calles para exigir acciones de indemnización y restauración ambiental. Denunciaron que su actividad no ha sido reconocida por el Estado e históricamente han sido excluidos de los espacios de toma de decisiones y criminalizados por realizar sus actividades tradicionales.
Por ello, entregaron una carta a la presidenta haciendo referencia a su derecho a la autonomía, la libre determinación y a ejercer de manera libre sus actividades tradicionales como es la pesca. Demandaron que el reconocimiento implica ser parte del padrón oficial y con ello poder acceder a programas de gobierno, así como ser indemnizados ante los desastres ambientales generados por PEMEX. En esta carta, pedían también que se les integre en el diseño de estrategias para la restauración y cuidado de los ecosistemas marinos y lagunares de los que dependen.
Hasta el día de hoy, no han tenido respuesta. Es fundamental que las propuestas y preocupaciones de las comunidades originarias que habitan el Golfo de México sean escuchadas y que se diseñen políticas públicas que fortalezcan la identidad de los pueblos al mismo tiempo que se garantiza el cuidado y la restauración de los ecosistemas. El Golfo de México tiene un potencial económico enorme que va mucho más allá del petróleo.
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* León Pérez es Coordinador de los trabajos en campo de Oceana en México.
Oceana es la organización internacional más grande dedicada exclusivamente a la conservación de los océanos. Su misión es recuperar océanos abundantes y biodiversos mediante políticas basadas en la ciencia que protejan hábitats y especies marinas, reduzcan la contaminación y fortalezcan la transparencia en el manejo de los recursos marinos. Redes: @OceanaMexico