Hallan triptófano en el asteroide Bennu y crece la hipótesis de un origen cósmico
La misión OSIRIS-REx confirmó la presencia de uno de los aminoácidos más complejos jamás detectados fuera de la Tierra. El hallazgo refuerza la idea de que las piezas fundamentales de la biología podrían haberse formado en el espacio antes de llegar a nuestro planeta.
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La ciencia sumó una evidencia clave que reaviva el debate sobre el origen cósmico de los componentes esenciales de la vida. Investigadores que analizan las muestras del asteroide Bennu revelaron la posible presencia de triptófano, un aminoácido fundamental para la construcción de proteínas y asociado a la producción de serotonina. El dato, surgido a partir de exámenes realizados sobre los 121,6 gramos de material devuelto por la misión OSIRIS-REx de la NASA, marca un hito: hasta ahora, esta molécula nunca había sido detectada en meteoritos ni en muestras espaciales.
El trabajo, liderado por el científico Ángel Mojarro y publicado en la revista PNAS, utiliza una combinación de pirólisis de destello y química húmeda para identificar compuestos frágiles que suelen perderse al ingresar a la atmósfera. Según detallaron los especialistas, la señal del triptófano se repitió en diversos análisis y mostró valores incompatibles con contaminación terrestre. “Son como piezas de un rompecabezas que aún no están ensambladas”, expresó Mojarro al explicar la diversidad química encontrada en Bennu.
El asteroide, formado hace unos 4500 millones de años, funciona como una cápsula del tiempo del Sistema Solar temprano. Sus rocas conservan indicios de agua líquida, sales, minerales típicos de las condritas carbonáceas y una amplia variedad de orgánicos solubles e insolubles. Esa heterogeneidad, según los investigadores, sugiere que el cuerpo progenitor de Bennu atravesó múltiples microambientes químicos capaces de producir moléculas cada vez más complejas.
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El descubrimiento de triptófano amplía un catálogo que ya incluía 14 aminoácidos utilizados por la vida terrestre y las cinco nucleobases del ADN y el ARN. Para muchos especialistas, esta suma de señales refuerza la hipótesis de la “entrega cósmica”: la idea de que asteroides y cometas aportaron a la Tierra primitiva los insumos necesarios para desencadenar reacciones biológicas. “Los asteroides fueron el servicio de entrega de comestibles del mundo prebiótico”, señaló la investigadora Kate Freeman en referencia a este proceso.
El hallazgo también dialoga con estudios desarrollados en otros entornos. La astroquímica Susana Iglesias-Groth había detectado emisiones de triptófano en la región IC348 del complejo molecular de Perseo, una nube donde nacen estrellas y planetas. La coincidencia en escenarios tan disímiles —desde un asteroide pequeño hasta regiones de formación estelar— fortalece la idea de que los ingredientes para la vida podrían estar distribuidos ampliamente en el cosmos.
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Los próximos pasos incluyen análisis independientes para confirmar el hallazgo y estudios más detallados sobre la química interna de Bennu. Para la astrobiología, el valor del material es inmenso: conserva sistemas químicos que anteceden en millones de años a la aparición de la vida en la Tierra. Cada grano remite a un universo donde las moléculas esenciales surgían naturalmente, mucho antes de que existieran océanos o atmósferas.
El posible hallazgo de triptófano en Bennu no resuelve el misterio del origen de la vida, pero sí envía un mensaje contundente: el cosmos fabricó los ingredientes antes de que nuestro planeta los necesitara. Y eso obliga a replantear cómo comenzó realmente la historia biológica terrestre.
Fuente y foto: Infobae